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miércoles, 16 de marzo de 2011

8. ¿CUÁL PECADO?


Aunque parezca que domine el odio, el Señor no permite que falte nunca el testimonio luminoso de su amor. A María, «fuente viva de esperanza», le encomiendo nuestro camino cuaresmal, para que nos lleve a su Hijo.
Benedicto XVI

El tiempo de Cuaresma es un tiempo ideal para orar y para reflexionar. Para hacer una introspección y evaluar el estado de nuestra alma. Hace unas semanas el párroco nos comentaba acerca de una persona que en determinado momento le había expresado que no sentía que tuviera pecados graves en su vida, que las cosas que hacía o dejaba de hacer eran cosas normales y naturales y que no sentía que con ello ofendiera a Dios. 
En estos dias precisamente he estado leyendo un poco acerca de esto y encontré una frase  de Juan Pablo II y una plática de un sacerdote llamado Gustavo Lombardo, bsada en los ejercicios espirituales de San Ignacio de loyola, que nos hace reflexionar acerca de este tema. Les pego el fragmento del escrito.

Juan Pablo II profundizaba en esa idea: “el hombre contemporáneo experimenta la amenaza de una impasibilidad espiritual y hasta la muerte de la conciencia y esta muerte es algo más profundo que el pecado: es la pérdida del sentido del pecado. Esto es lo que Cristo ha llamado pecado contra el Espíritu Santo”.

Dice San Juan (Jn, 1,8) Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros (1 Jn 1, 10.) 
No solamente nos engañamos a nosotros mismos, sino que lo hacemos mentiroso a nuestro Señor Jesucristo, y lo hacemos mentiroso por así decirlo, incluso en su mismo nombre. Nosotros sabemos que en el Antiguo Testamento algunos nombres eran puestos para designar una misión determinada, que esa persona iba a tener en el mundo. Y se le aparece el ángel a San José: “lo llamarás Jesús por que salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21) (En hebreo Jesús es Yehosua y significa “Yahveh salva”). En castellano o en otra lengua que no sea el hebreo no se llega a entender bien la primera parte de la oración con la segunda, pero si uno supiera un poco de hebreo podría decir así, lo llamarás Yehosua o sea “Yahveh salva”, porque salvará al pueblo de sus pecados. Es decir que Cristo viene a salvarnos de los pecados. Si yo digo entonces que no tengo pecado, estoy diciendo que Cristo se encarnó en vano, en definitiva estoy diciendo que nuestro Señor es un mentiroso, porque vino a hacer algo que no hacia falta, vino a redimirnos de una realidad que no existía.

Uno podría objetar que ya sabemos que somos pecadores y que no hace falta que nos lo digan… pero sucede que mientras más uno se reconoce como tal, más recibe la acción de la gracia de Dios, la acción de la redención de Cristo. Dice Santo Tomás de Aquino que la medida de Gracia que uno recibe coincide con el grado de arrepentimiento. Es como un resorte al cual mientras más se lo presiona, más surge hacia arriba.

“Non Serviam” En cada pecado hay un eco del “Non Serviam”, no serviré, satánico, hay algo de ese orgullo de Luzbel en rechazar a Dios, al Creador. En cada pecado también hay un resabio de aquel pecado de Adán y Eva, de aquel rechazo también de la voluntad de Dios, de aquel rechazo del mandato del Creador. En cada pecado se escucha el eco de aquel, "no queremos que este reine sobre nosotros". «A los ojos de la fe, ningún mal es más grave que el pecado y nada tiene peores consecuencias para los pecadores mismos, para la Iglesia y para el mundo entero» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1488). El único mal es el pecado. Tendríamos que poner una escala de nuestros valores en nuestra cabeza, inteligencia y decir bueno ¿qué es el mal para mí?, ¿una enfermedad?, ¿un problema familiar?, ¿perder el trabajo?, ¿una discusión con un ser querido? Todo eso tendría que estar abajo, pero muy abajo del único mal, el pecado. ¿Qué otra cosa puede compararse a esta realidad? y esto es lo que tenemos que considerar, que aprender, hacer nuestro en esta meditación, poder llegar a pensar como pensaban los santos.

Si vemos que un hijo tan querido por sus padres se revela contra ellos ¡que indignación nos produce!, cuánto se estremece nuestro corazón al ver eso. Quizás uno conozca o haya tenido oportunidad en su vida de ver esta realidad, bueno muchísimo mas es esto que estamos diciendo. La creatura revelarse contra el bien infinito que incluso no solo la creó, sino que la redimió. Contra un Dios clavado en la cruz por su amor. Aquellas dos cosas que se dan en el pecado, la aversión a Dios, darle la espalda a Dios y la conversión a las creaturas, cambiar a Dios por una creatura. Y eso somos nosotros. Y eso hemos hecho nosotros en nuestra vida. ¿Quiénes somos nosotros para hacer algo así? Y un poco mas todavía, ahora consideremos quien es Dios, mas importante todavía para entenderlo. Porque mientras mayor es la dignidad de aquel a quien ofendemos mas grave es el pecado, sin lugar a dudas.

Entonces, retomando lo que nos contaba el sacerdote la otra vez: no es que aquel señor se creyera santo, simplemente que es uno mas de los miles y miles de cristianos que hemos caído en una indiferencia hacia el pecado, que vemos tantas cosas tan horripilantes en el mundo, que tal vez creemos que lo nuestro es nada a comparación de aquello. Pero como bien hemos leído en estos RECORTITOS que les he compartido, debemos revalorar el concepto de pecado y ver que, hacer cualquier cosa que esté lejos de la ley de Dios, nos aleja a nosotros también. Como dice B16, roguemos a María que nos acompañe y nos ayude en este camino curesmal, a reconocer en nosotros el pecado que nos aleja de Dios.
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