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viernes, 7 de febrero de 2014

SE COMIENZA EN CASA

El pasado 1 de enero, el Papa Francisco dirigió unas palabras antes del rezo del Angelus. Éstas fueron dirigidas al mundo entero con especial énfasis en el tema de la paz.
Viendo que en mi pais y en algunos otros, estamos pasando por momentos muy dificiles con la inseguridad y enfrentamientos armados, me dio por buscar el texto y leer -y compartir- lo que éste dice en su totalidad.


“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y buen año!

Al inicio del nuevo año dirijo a todos ustedes las felicitaciones de paz y de todo bien. Mi deseo es el de la Iglesia, ¡es el deseo cristiano! No está ligado al sentido un poco mágico y un poco fatalista de un nuevo ciclo que inicia. Nosotros sabemos que la historia tiene un centro: Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado, que está vivo entre nosotros; y tiene un fin: el Reino de Dios, Reino de paz, de justicia, de libertad en el amor; y tiene una fuerza que la mueve hacia aquel fin, y la fuerza es el Espíritu Santo.

Todos nosotros tenemos al Espíritu Santo que hemos recibido en el Bautismo. Y Él nos impulsa a ir hacia adelante en el camino de la vida cristiana, en el camino de la historia, hacia el Reino de Dios.

Este Espíritu es el poder del amor que ha fecundado el seno de la Virgen María; y es el mismo que anima los proyectos y las obras de todos los artífices de la paz.

Donde hay un hombre o una mujer constructores de paz allí está precisamente el Espíritu Santo que los ayuda, los impulsa a construir la paz.

Dos caminos que se cruzan hoy, fiesta de María Santísima Madre de Dios y Jornada Mundial de la Paz. Hace ocho días resonó el anuncio angélico: ‘Gloria a Dios y paz a los hombres’; hoy lo acogemos nuevamente de la Madre de Jesús, que ‘conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón’, para hacer de él nuestro empeño en el curso del año que se abre.

El tema de esta Jornada Mundial de la Paz es ‘Fraternidad, fundamento y camino para la paz’. Fraternidad. Siguiendo las huellas de mis Predecesores, a partir de Pablo VI, he desarrollado el tema en un Mensaje, ya difundido y que hoy entrego a todos idealmente.

En la base está la convicción de que somos todos hijos del único Padre celestial, formamos parte de la misma familia humana y compartimos un destino común. De aquí deriva para cada uno la responsabilidad de trabajar a fin de que el mundo se convierta en una comunidad de hermanos que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan recíprocamente.

También estamos llamados a darnos cuenta de las violencias y de las injusticias presentes en tantas partes del mundo y que no pueden dejarnos indiferentes e inmóviles: se necesita el empeño de todos para construir una sociedad verdaderamente más justa y solidaria.

Ayer recibí una carta de un señor, quizás de uno de ustedes, que contándome una tragedia familiar, sucesivamente listaba tantas tragedias y guerras hoy en el mundo. Y me preguntaba: ¿Qué sucede hoy en el mundo, que está llevando a hacer todo? Y decía, en fin, es hora de detenerse. También yo creo que nos hará bien detenernos en este camino de violencia y buscar la paz.

Hermanos y hermanas, hago mías las palabras de este hombre: ¿Qué sucede en el corazón de los hombres? ¿Qué sucede en el corazón de la humanidad? ¡Es hora detenerse!

Desde cada rincón de la tierra, hoy los creyentes elevan su oración para pedir al Señor el don de la paz y la capacidad de llevarla a cada ambiente. Que en este primer día del año, el Señor nos ayude a encaminarnos todos con más decisión por los caminos de la justicia y de la paz. Comenzamos en casa ¡eh! Justicia y paz en casa.

Entre nosotros ¡eh! Se comienza en casa y después se va adelante, a toda la humanidad, pero debemos comenzar en casa.

Que el Espíritu Santo obre en los corazones, disuelva las cerrazones y las durezas y nos conceda que nos enternezcamos ante la debilidad del Niño Jesús. La paz, en efecto, requiere la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y del amor.

En las manos de María, Madre del Redentor, ponemos con confianza filial nuestras esperanzas. A ella, que extiende su maternidad a todos los hombres, encomendamos el grito de paz de las poblaciones oprimidas por la guerra y por la violencia, para que el coraje del diálogo y de la reconciliación prevalezca sobre las tentaciones de venganza, de prepotencia, de corrupción.

A Ella le pedimos que el Evangelio de la fraternidad, anunciado y testimoniado por la Iglesia, hable a cada conciencia y derrumbe los muros que impiden a los enemigos reconocerse hermanos”.




Fuente:  http://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-encomendamos-el-grito-de-paz-del-mundo-a-la-virgen-maria-74967/#.UtqopVO_KvE

miércoles, 5 de febrero de 2014

♫ ¿CÓMO NO AMARTE? ♪

¿Cómo no amarte?
Si Dios se fijó en ti, en tu humildad, en tu sencillez, en tu fortaleza. Si Dios te amó hasta el punto de elegirte para ser la madre de Jesús, ¿quién soy yo para no amarte también y agradecerte eternamente tu bendito "SÍ"

Canción: Cómo no amarte
Intérprete: Alfareros.



lunes, 8 de abril de 2013

HUMILDES Y SABIOS


San Lucas 2, 8-20
San Mateo 2, 1-12

Tres cosas me hacen reflexionar con esta lectura: la adoración de los pastores, el viaje y adoración de los sabios de Oriente y la discreción de María.


La sencillez de unos pastores cuidando de su rebaño no fue impedimento para que Dios enviara a sus ángeles a comunicarles la buena nueva del nacimiento de nuestro salvador. A veces me ha parecido que debo estudiar mucho, aprender mucho, hablar con palabras espectaculares para poder dar testimonio de Aquel que ha hecho cosas buenas por mí. Y pasajes como éste, me demuestran que Dios escoge a los sencillos precisamente porque puede llenar sus corazones solamente de Su esencia.

Por otro lado, de Oriente vienen unos sabios.
Obviamente no son judíos, y vienen desde lejos para conocer a Aquel que ellos han sabido que sería importante en la historia. A mí me llama la atención que desde los más humildes hasta los más sabios acuden a la presencia de Jesús, esto me enseña que nadie está exento de conocerlo que, Jesús no es exclusivo de nadie, que Él vino a salvar a todos los hombres sin importar sus creencias, su extracción social, su procedencia.
Es muy común que regularmente caigamos en el error de menospreciar a los pobres, a los sencillos y humildes; pero hay también quien menosprecia a los ricos, a los poderosos, a los que tienen todo lo que yo no tengo. Pero Jesús me enseña que todo el que lo busca es digno de estar en Su presencia.
María escuchaba, observaba y aunque seguramente no tenía una explicación satisfactoria desde su punto de vista, no preguntaba, no se exaltaba, no presumía o se asustaba. Guardaba todas esas cosas en su corazón.

Ojalá pudiera ser un poquito como María y dejar de estar cuestionando a cada rato las cosas que me pasan y las que no me pasan. Agradecer lo que tengo y lo que Tú me das y guardar lo demás en mi corazón.
Ruego porque el Espíritu Santo me dé la sencillez, la fe y la obediencia de los pastores y la mansedumbre, humildad y discreción de María.

lunes, 1 de abril de 2013

LA CASA DEL PAN



Evangelio de San Lucas 2, 1-7

Recién me entero que Belén quiere decir “casa del pan”, ¿y qué mejor “pan”, que aquel que ha bajado del cielo para nosotros?
Cada vez que leo o escucho la historia de José y María en Belén, me entra una angustia tan grande de imaginarme lo que debieron haber pasado pidiendo posada en tantas casas, albergues, etc.
La sencillez y humildad con que ha llegado Jesús a esta tierra, me deja muchas enseñanzas, lecciones de vida que debo asimilar y practicar.
Y también me enseña la obediencia de José y María. Yo soy muy desobediente y me rebelo con frecuencia sobre todo a los mandatos del gobierno y ciertas autoridades. Sin embargo, cuando pienso en ellos y en todo lo que tuvieron que caminar, sufrir, buscar . . . .
Y nada de utilizar sus influencias como solemos hacer nosotros. 
Hoy en dia, ya me imagino a alguno de nuestros politiquillos preferidos "¡Oigame no! ¿Acaso no sabe quién soy yo? Ni mas ni menos que el padre -o la madre- del Mesías. Así que rapidito me consigue usted la mejor suite de la ciudad y me atiende como debe de ser, porque de lo contrario ya verá usted cómo le irá cuando mi hijo sea rey"

Sí los hay ¿eh? Claro que los hay.

lunes, 18 de marzo de 2013

MAGNIFICAT



(Lc. 1, 39-56)
Y siguiendo con mi lectura cronológica de los Evangelios, llego a la visita de María a su prima Isabel y al Magnificat.
Siempre me ha llamado la atención la gran humildad que se despliega en este pasaje bíblico. Primero María, que no se envanece al saber que será la madre del Salvador y rauda y veloz toma camino hacia las montañas, en donde vive su prima para ayudarla. Lejos de asustarse, lejos de engrandecerse, o de guardarse por temor a la opinión de los demás, ella va hacia donde se le necesita, aún antes de ser llamada, aún antes de que Isabel pensara siquiera que podía necesitar de ella. Para mí, una gran lección que me enseña ahora cómo es mi mamá del cielo.
Y por otro lado Isabel, que siendo ya mayor, con humildad reconoce porque Juan “se lo avisó” desde el vientre y fue llena del Espíritu Santo, que el hijo de María es la madre de su Señor, nuestro Señor.
Lo que hoy conozco como El Magnificat, es una de las oraciones más bellas que he podido escuchar hacia Dios, y es en boca de María, porque además fue inspirada por el Espíritu Santo.

viernes, 15 de marzo de 2013

ENCONTRADO EN LA BLOGÓSFERA

No sé cómo hacerlo de otra manera, así que, les comparto ésto de la única manera que sé hacerlo.
Éste es un nuevo blog que me acabo de encontrar en la red, el post me gustó mucho.


ES EL AMOR QUIEN SE QUEDA

lunes, 11 de marzo de 2013

AMOR A JESÚS, AMOR A MARÍA


La Anunciación (Lucas 1, 26-38)

No lo sé, no lo sé. A todos los cristianos nos une el profundo amor por Jesús y la firme convicción de que Él es Dios mismo en su forma humana. Eso siempre me llena de gozo; aunque no me deja de dar cierta tristeza que la persona de María nos cause tanta desunión. Hay tantas cosas que yo no comprendo; tal vez he estado encerada en una burbuja, viviendo en un mundo de fantasía o tal vez he sido privilegiada por tener unos maestros especiales. Pero yo, lo único que he aprendido –que me han enseñado- en mi vida como católica es a AMAR a María. Jamás he escuchado de mis maestros que hay que adorarla, jamás he aprendido que es igual que Dios; nunca me han dicho ni instruido en que debo arrodillarme ante ella; en ninguna ocasión he escuchado que me digan que es ella la que concede los milagros. Lo único, lo ÚNICO que he aprendido es a AMARLA. Y si su ejemplo no fuera suficiente, si su ternura, su fuerza, su valentía, su amor, su sufrimiento, su silencio, su entrega, su fe, no fueran suficientes, habría algo que nadie debería atreverse a contradecir: EL AMOR DEL PADRE. 



Si Dios consideró que esa mujer era suficientemente buena, limpia, merecedora de llevar en su vientre a Su Hijo; si le tuvo el respeto suficiente como para enviar a su Ángel a anunciarle lo que tenía planeado para ella, ¿quién soy yo? ¿Quién soy yo para no respetarla, amarla, venerarla por el simple y sencillo hecho de que Dios Padre lo hizo antes que yo?

¿O tendremos que asumir que Dios utilizó a María como un envase desechable en donde albergó a Jesús durante nueve meses y después se olvidó de ella para dejarla vivir en el olvido y sin que su participación en ese misterio de la Encarnación tuviera mayor relevancia? No sé, me cuesta pensar en un Padre “utilizador” y “desechador”.

No lo sé, no lo sé. Supongo que en parte es “culpa” de todos aquellos que se dejan arrebatar por el amor al grado de hacer cosas “raras” que no están dentro de las enseñanzas de la Iglesia. Pero me da tristeza, porque ha nublado la mente, el entendimiento, la caridad, el amor y la comprensión de muchos que nos juzgan y hasta nos condenan a todos por igual.

Yo no puedo concebir el ser cristiana, sin amar a María. A nadie le gusta que le insulten a su madre, ¿le gustará a Jesús?

"...porque ninguna cosa es imposible para Dios" (Lc. 1, 37)

 Imagen tomada de:
 http://odresnuevos.wordpress.com/2012/03/26/la-anunciacion/

viernes, 25 de marzo de 2011

16. LA ANUNCIACIÓN


Que María, Madre y Esclava fiel del Señor, ayude a los creyentes a proseguir la “batalla espiritual” de la Cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica de la limosna.
Benedicto XVI

Reflexión extraída de los 
Ejercicios Espirituales de 
San Ignacio de Loyola

En el momento de la Encarnación, se da un desposorio entre la humanidad y Dios. Y en ese desposorio la Virgen es la que da el consentimiento de parte de toda la humanidad. Y en un desposorio, para que sea válido, las dos personas tienen que aceptar el contrato matrimonial tal cual es, conociendo a la otra persona, conociendo lo que implica el matrimonio. Si falta conocimiento de alguna cosa importante del matrimonio, se pude quedar nulo.
Por eso la Virgen cuando dijo “Fiat”, no solamente dijo “Fiat” a la Encarnación, sino que dijo también “Fiat” a la cruz.
Y nosotros podríamos preguntarnos: ¿Cómo Dios le va a hacer aceptar algo que ella no sabía? Su entendimiento, su fe era grandísima. La Virgen aceptó en la Encarnación la cruz, la muerte en Cruz de su hijo. Incluso la Virgen había aprendido cuando leía en el Antiguo Testamento que Dios iba a ser hombre. Entonces la Virgen sabía, no sabía que Ella iba a ser, por eso todas las preguntas, pero tenía fe de que Dios iba a hacerse presente en la historia, de ese modo, encarnándose. San Agustín dice que la Virgen primero recibió al Verbo en su inteligencia por la fe, y después en su seno por la Encarnación.
A ella también Dios le pidió algo para encarnarse, no solamente su consentimiento, sino también su fe, que creyera que ella era la elegida.
Y comenzamos a contemplar a Cristo con la Virgen desde este momento: en el momento en que María pronuncio la palabra “Fiat” o “Hágase”, sucedió algo más grande, dice Fulton Sheen, que el “Fiat lux”, el “Hágase la luz” del Antiguo Testamento, de la creación, ya que la luz que ahora estaba haciéndose no era el sol sino el hijo de Dios en la carne.
Lo que llamamos Anunciación, fue en realidad la petición que Dios hizo a una creatura para que le diera su libre consentimiento de ayudarle a incorporarse a la humanidad. Meditar reflexionar el misterio de la libertad humana, ¡Qué grande es la libertad humana! Nada más grande ha creado Dios, decía San Alberto Hurtado: ¿Como puede ser que Dios respete la libertad del hombre, en esto tan importante, de la Encarnación de la redención? De la misma manera así  respeta nuestra libertad. Si yo le digo que no a Dios, es un “No” y listo. Y Dios es omnipotente y podría hacer lo que quisiera, y respeta nuestro “No”, y ese puede ser nuestro peor desenlace, porque que respete nuestro “No” significa que nos alejamos de Él. Entonces ver qué cosa grande que tenemos en nuestras manos, que es el decir “Sí” a Dios o el decir “No” a Dios. Ver también como de ese “Sí” ó de ése “No” que dijo la Virgen dependía tanto bien para toda la humanidad, y como cambiando lo que haya que cambiar por supuesto, de mi “Sí” o de mi “No” depende el bien de mucha gente, de muchas almas.
Este ejemplo de la Virgen debe servirnos para reflexionar profundamente sobre nosotros mismos.