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viernes, 25 de marzo de 2011

16. LA ANUNCIACIÓN


Que María, Madre y Esclava fiel del Señor, ayude a los creyentes a proseguir la “batalla espiritual” de la Cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica de la limosna.
Benedicto XVI

Reflexión extraída de los 
Ejercicios Espirituales de 
San Ignacio de Loyola

En el momento de la Encarnación, se da un desposorio entre la humanidad y Dios. Y en ese desposorio la Virgen es la que da el consentimiento de parte de toda la humanidad. Y en un desposorio, para que sea válido, las dos personas tienen que aceptar el contrato matrimonial tal cual es, conociendo a la otra persona, conociendo lo que implica el matrimonio. Si falta conocimiento de alguna cosa importante del matrimonio, se pude quedar nulo.
Por eso la Virgen cuando dijo “Fiat”, no solamente dijo “Fiat” a la Encarnación, sino que dijo también “Fiat” a la cruz.
Y nosotros podríamos preguntarnos: ¿Cómo Dios le va a hacer aceptar algo que ella no sabía? Su entendimiento, su fe era grandísima. La Virgen aceptó en la Encarnación la cruz, la muerte en Cruz de su hijo. Incluso la Virgen había aprendido cuando leía en el Antiguo Testamento que Dios iba a ser hombre. Entonces la Virgen sabía, no sabía que Ella iba a ser, por eso todas las preguntas, pero tenía fe de que Dios iba a hacerse presente en la historia, de ese modo, encarnándose. San Agustín dice que la Virgen primero recibió al Verbo en su inteligencia por la fe, y después en su seno por la Encarnación.
A ella también Dios le pidió algo para encarnarse, no solamente su consentimiento, sino también su fe, que creyera que ella era la elegida.
Y comenzamos a contemplar a Cristo con la Virgen desde este momento: en el momento en que María pronuncio la palabra “Fiat” o “Hágase”, sucedió algo más grande, dice Fulton Sheen, que el “Fiat lux”, el “Hágase la luz” del Antiguo Testamento, de la creación, ya que la luz que ahora estaba haciéndose no era el sol sino el hijo de Dios en la carne.
Lo que llamamos Anunciación, fue en realidad la petición que Dios hizo a una creatura para que le diera su libre consentimiento de ayudarle a incorporarse a la humanidad. Meditar reflexionar el misterio de la libertad humana, ¡Qué grande es la libertad humana! Nada más grande ha creado Dios, decía San Alberto Hurtado: ¿Como puede ser que Dios respete la libertad del hombre, en esto tan importante, de la Encarnación de la redención? De la misma manera así  respeta nuestra libertad. Si yo le digo que no a Dios, es un “No” y listo. Y Dios es omnipotente y podría hacer lo que quisiera, y respeta nuestro “No”, y ese puede ser nuestro peor desenlace, porque que respete nuestro “No” significa que nos alejamos de Él. Entonces ver qué cosa grande que tenemos en nuestras manos, que es el decir “Sí” a Dios o el decir “No” a Dios. Ver también como de ese “Sí” ó de ése “No” que dijo la Virgen dependía tanto bien para toda la humanidad, y como cambiando lo que haya que cambiar por supuesto, de mi “Sí” o de mi “No” depende el bien de mucha gente, de muchas almas.
Este ejemplo de la Virgen debe servirnos para reflexionar profundamente sobre nosotros mismos.
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