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sábado, 3 de mayo de 2014

¿QUÉ ES EL PECADO?


En este breve video podremos comprender la diferencia entre pecado mortal y pecado venial -al fin pecados- y cómo nos hacen daño espiritualmente. Y también cómo, por medio del Sacramento de la Confesión, podemos alcanzar a curarnos el alma de la enfermedad que nos trae el pecado.


3MC

sábado, 1 de junio de 2013

EL EXAMEN DE PREVISIÓN

Cada mañana, durante algunos minutos debemos hacer el examen de previsión, el cual consiste en prever o ver con anticipación cuáles son los enemigos que en el presente día nos van a atacar. Cuál es el vicio o mala costumbre que este día deseamos dominar y evitar. Cuál es la pasión dominante o mala inclinación que debemos rechazar y refrenar; qué peligros se van a presentar hoy contra nuestra virtud. Qué ocasiones podrá llegarnos y ponernos en riesgo de perder o disminuir la amistad con Dios. Imaginémonos enseguida que en esta jornada estaremos acompañados de un Gran Capitán, que es Jesucristo el Amigo que nunca falla, y de unos compañeros que nos ayudarán a luchar, como son el ángel de la guarda y los santos de nuestra devoción a los cuales frecuentemente imploramos y que nunca dejan de interceder en nuestro favor. Si tenemos temor de ser atacados por el demonio que es nuestro más feroz enemigo, invoquemos al glorioso Arcángel San Miguel, que fue el que venció a Lucifer en la batalla que hubo en el cielo (Ap 12).
No olvidemos que "somos templos del Espíritu Santo" (1Co 3, 16) y que el Divino Espíritu nos conceda valor y poder para lograr salir vencedores en los combates espirituales si lo llamamos en nuestro socorro. El grito de combate deberán ser las palabras del Salmo 69 que tanto repetían los antiguos monjes del desierto: "Dios mío ven en mi auxilio. Señor: date prisa en socorrerme".
Cuantas más veces las repitamos, más ayudas del cielo nos llegarán.
Cada mañana deberíamos escuchar como dichas para cada uno de nosotros las palabras del Salmo 94: "Ojalá escuches hoy la voz de Dios que te dice: "No endurezcas tu corazón como los antiguos rebeldes en el desierto, los cuales me repugnaron y no los dejé entrar en mi descanso".
Empecemos la jornada invocando a la Sagrada Familia: "Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía", y a nuestro ángel custodio: "Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día".
Cada mañana es necesario recordar: "¿Cuál es mi defecto dominante?". ¿Cuál es aquel defecto que más faltas me hace cometer y más derrotas espirituales me proporciona? Cada persona tiene un defecto dominante. Casi siempre es uno de los
siete pecados capitales: orgullo, avaricia, ira, envidia, impureza, gula o pereza.
¿Cuál es el defecto que en este año me propongo combatir? ¿Cómo lo voy a enfrentar hoy? Si lo venzo obtendré grandes premios de Dios, pero si me derrota me llenará de tristeza y amargura. Tengo que recordar los maravillosos premios que
Jesucristo ha prometido a los vencedores. Él dice en el Apocalipsis: "Vengo y traigo conmigo mi salario y a cada cuál le daré según sus obras. A los
vencedores los haré herederos de mi Reino" (Ap 22). Pero es necesario que yo recuerde también que si me dejo dominar por mi defecto dominante me llegará el terrible desgarramiento interior que produce el pecado, y la humillante sensación de
derrota y la amargura sin fin que acarrea toda derrota espiritual y ese querer volver atrás el reloj de la vida para que lo malo que he pensado, dicho o hecho, no lo hubiera jamás dicho, pensado o hecho. Este amargo recuerdo lleva a evitar nuevas
caídas.
A LOS VENCEDORES SE LES DARÁ LA CORONA DE GLORIA QUE NUNCA SE MARCHITA 

El Combate Espiritual 
Lorenzo Scupoli

miércoles, 16 de marzo de 2011

8. ¿CUÁL PECADO?


Aunque parezca que domine el odio, el Señor no permite que falte nunca el testimonio luminoso de su amor. A María, «fuente viva de esperanza», le encomiendo nuestro camino cuaresmal, para que nos lleve a su Hijo.
Benedicto XVI

El tiempo de Cuaresma es un tiempo ideal para orar y para reflexionar. Para hacer una introspección y evaluar el estado de nuestra alma. Hace unas semanas el párroco nos comentaba acerca de una persona que en determinado momento le había expresado que no sentía que tuviera pecados graves en su vida, que las cosas que hacía o dejaba de hacer eran cosas normales y naturales y que no sentía que con ello ofendiera a Dios. 
En estos dias precisamente he estado leyendo un poco acerca de esto y encontré una frase  de Juan Pablo II y una plática de un sacerdote llamado Gustavo Lombardo, bsada en los ejercicios espirituales de San Ignacio de loyola, que nos hace reflexionar acerca de este tema. Les pego el fragmento del escrito.

Juan Pablo II profundizaba en esa idea: “el hombre contemporáneo experimenta la amenaza de una impasibilidad espiritual y hasta la muerte de la conciencia y esta muerte es algo más profundo que el pecado: es la pérdida del sentido del pecado. Esto es lo que Cristo ha llamado pecado contra el Espíritu Santo”.

Dice San Juan (Jn, 1,8) Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros (1 Jn 1, 10.) 
No solamente nos engañamos a nosotros mismos, sino que lo hacemos mentiroso a nuestro Señor Jesucristo, y lo hacemos mentiroso por así decirlo, incluso en su mismo nombre. Nosotros sabemos que en el Antiguo Testamento algunos nombres eran puestos para designar una misión determinada, que esa persona iba a tener en el mundo. Y se le aparece el ángel a San José: “lo llamarás Jesús por que salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21) (En hebreo Jesús es Yehosua y significa “Yahveh salva”). En castellano o en otra lengua que no sea el hebreo no se llega a entender bien la primera parte de la oración con la segunda, pero si uno supiera un poco de hebreo podría decir así, lo llamarás Yehosua o sea “Yahveh salva”, porque salvará al pueblo de sus pecados. Es decir que Cristo viene a salvarnos de los pecados. Si yo digo entonces que no tengo pecado, estoy diciendo que Cristo se encarnó en vano, en definitiva estoy diciendo que nuestro Señor es un mentiroso, porque vino a hacer algo que no hacia falta, vino a redimirnos de una realidad que no existía.

Uno podría objetar que ya sabemos que somos pecadores y que no hace falta que nos lo digan… pero sucede que mientras más uno se reconoce como tal, más recibe la acción de la gracia de Dios, la acción de la redención de Cristo. Dice Santo Tomás de Aquino que la medida de Gracia que uno recibe coincide con el grado de arrepentimiento. Es como un resorte al cual mientras más se lo presiona, más surge hacia arriba.

“Non Serviam” En cada pecado hay un eco del “Non Serviam”, no serviré, satánico, hay algo de ese orgullo de Luzbel en rechazar a Dios, al Creador. En cada pecado también hay un resabio de aquel pecado de Adán y Eva, de aquel rechazo también de la voluntad de Dios, de aquel rechazo del mandato del Creador. En cada pecado se escucha el eco de aquel, "no queremos que este reine sobre nosotros". «A los ojos de la fe, ningún mal es más grave que el pecado y nada tiene peores consecuencias para los pecadores mismos, para la Iglesia y para el mundo entero» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1488). El único mal es el pecado. Tendríamos que poner una escala de nuestros valores en nuestra cabeza, inteligencia y decir bueno ¿qué es el mal para mí?, ¿una enfermedad?, ¿un problema familiar?, ¿perder el trabajo?, ¿una discusión con un ser querido? Todo eso tendría que estar abajo, pero muy abajo del único mal, el pecado. ¿Qué otra cosa puede compararse a esta realidad? y esto es lo que tenemos que considerar, que aprender, hacer nuestro en esta meditación, poder llegar a pensar como pensaban los santos.

Si vemos que un hijo tan querido por sus padres se revela contra ellos ¡que indignación nos produce!, cuánto se estremece nuestro corazón al ver eso. Quizás uno conozca o haya tenido oportunidad en su vida de ver esta realidad, bueno muchísimo mas es esto que estamos diciendo. La creatura revelarse contra el bien infinito que incluso no solo la creó, sino que la redimió. Contra un Dios clavado en la cruz por su amor. Aquellas dos cosas que se dan en el pecado, la aversión a Dios, darle la espalda a Dios y la conversión a las creaturas, cambiar a Dios por una creatura. Y eso somos nosotros. Y eso hemos hecho nosotros en nuestra vida. ¿Quiénes somos nosotros para hacer algo así? Y un poco mas todavía, ahora consideremos quien es Dios, mas importante todavía para entenderlo. Porque mientras mayor es la dignidad de aquel a quien ofendemos mas grave es el pecado, sin lugar a dudas.

Entonces, retomando lo que nos contaba el sacerdote la otra vez: no es que aquel señor se creyera santo, simplemente que es uno mas de los miles y miles de cristianos que hemos caído en una indiferencia hacia el pecado, que vemos tantas cosas tan horripilantes en el mundo, que tal vez creemos que lo nuestro es nada a comparación de aquello. Pero como bien hemos leído en estos RECORTITOS que les he compartido, debemos revalorar el concepto de pecado y ver que, hacer cualquier cosa que esté lejos de la ley de Dios, nos aleja a nosotros también. Como dice B16, roguemos a María que nos acompañe y nos ayude en este camino curesmal, a reconocer en nosotros el pecado que nos aleja de Dios.

sábado, 10 de julio de 2010

LO VIO. . . Y PASO DE LARGO.


El gran pecado de OMISION del que nos confesamos al comenzar la misa, sobre el que reflexionamos tan poco y del que, por consiguiente, nunca nos acabamos de corregir.
Por ejemplo:
- ver en apuros a nuestros hermanos… y “fingir demencia”.
- mirar a la madre o a la esposa abrumada de trabajo en la casa…. Y seguir leyendo el periódico o viendo la televisión.
- pasar junto a aquella persona a la que se la ha descompuesto el auto y “seguirnos de largo”, sin preguntar siquiera qué se le ofrece.
- contemplar a la gente haciendo “colas” (y corajes) interminables frente a nuestra ventanilla o mostrador… y seguir charlando con el “cuate” o la “cuata” de la oficina.
- presenciar cómo se calumnia o se difama a un ausente… y no decir “ni pio”.
- saber que algún familiar o amigo o compañero de trabajo se encuentra en algún problema económico o legal… y “hacerse el loco”.
- abstenerse de participar activamente en las elecciones, por ejemplo, en las que se juega el destino de todos.
- ante cualquier dificultad, en la que otro se encuentra, y que quizá nosotros podríamos ayudar a resolver, y exclamar filosóficamente: “ese no es mi problema” o aclarar teológicamente (lo que es peor): “Yo no soy la Divina Providencia”, porque si es verdad que no lo somos, sí somos los instrumentos de los cuales se vale Dios para mostrarse.

Tomado del Misal Anual 2010

lunes, 23 de noviembre de 2009

MIRANDO LO NEGRO


-Mira abuela qué bonitos zapatos trae Luisa.
-Ah, qué bonitos van a estar, si ni siquiera se da tiempo para limpiarlos.
-Ay Abuela, pero si son nuevos.
-Mmmm.

-¿Ya supiste que Genaro se tituló de médico?
-Mmmh para lo que le va a servir, si ni le gusta su profesión. Él andaba siempre en las cantinas cuando era jovencito. ¡Ya parece que voy a dejar que éste me opere algún día!

-Abuela, me enteré que Carlota se va a casar con un excelente muchacho de la capital.
-¡qué va! Mija, ese muchacho dicen que le gusta la droga y que trata bien mal a Carlota.
-No abuela, yo lo conocí y es bien amable y simpático.
-Caras vemos....


A veces vamos por la vida como esta abuelita, buscando solamente lo malo en los demás, a pesar de que sus virtudes salgan a flote o sean evidentes. ¿No deberíamos de ir al revés? ¿No deberíamos de tratar de encontrar las cosas positivas aún en aquellas personas que se encargan por sí solas de mostrar solo sus defectos?


sábado, 31 de octubre de 2009

EL LUNAR




 Había una vez una señora que se manchó una parte del brazo con un poco de tinta. Estaba tan recóndita la mancha y le dio tan poca importancia al asunto, que cuando hubo oportunidad de lavarse y la mancha no salió, no le preocupó en absoluto.
Al cabo de poco tiempo, la mancha pasó a ser parte de su cuerpo. Se lavaba, sí. Pero no suficientemente fuerte como para que saliera de una vez la simple mancha. La comenzó a sentir tan parte de sí misma que asumió que era un lunar nuevo que le había salido. Todos conocían su lunar y lo aceptaban como tal.
Hasta que un día, uno de sus sobrinos pequeños, con su particular inocencia, se acercó a ella y de manera curiosa y despreocupada comenzó a “rascar” su lunar. ¿Cuál no sería su sorpresa que al cabo de poco tiempo, el lunar comenzó a desaparecer paulatinamente? El niño, asombrado gritó “¡mira tía, tu lunar ha desaparecido!”
¡Cuántas veces nos encontramos en una situación así! Estamos tan acostumbrados al nuevo ritmo de vida tan despreocupado, que ya no sentimos más ese dolor por “las manchas” que nos hacemos en el diario vivir. La vida, los medios, la sociedad se ha vuelto tan cínica y envolvente, que nos enseña y enseña a nuestros jóvenes a no sentir pena ni vergüenza por las “manchas” que se puedan hacer en su vida. De tal manera que, si robaste dinero, si obligaste a otro a tener sexo contigo, si tus mentiras sirvieron para hundir a alguien, si cometiste una infidelidad a tu esposa, si eres un jefe injusto con tus trabajadores, lo vemos simplemente como una pequeña mancha. Una mancha que al principio ni estorba, y cuando pasa el tiempo, menos. Comenzamos a sentirla como si fuera parte inherente de nuestro cuerpo, de nuestro ser y lo vemos tan normal como un lunar. Al fin y al cabo, “todo el mundo tiene lunares ¿no?”