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lunes, 29 de marzo de 2010

¿NO PUDIERON VELAR CONMIGO NI SIQUIERA UNA HORA?


Esto  dijo Cristo a sus apóstoles aquella negra noche en el Huerto de los Olivos cuando, luego de haberse separado de ellos para orar, regresó y los encontró dormidos.
Ojalá que al terminar la semana que ayer apenas empezó, luego de haberlo acompañado en su entrada triunfal en Jerusalén, Cristo no tenga que hacernos ninguna de estas molestas preguntas:
Durante sus vacaciones de Semana Santa –quizá en alguna playa o en algún lugar de provincia- ¿no tuvieron ustedes un rato para asistir el Jueves Santo a los oficios en que se conmemora el día en que instituí la Eucaristía y les di el mandamiento de amarse los unos a los otros como yo los amo?
¿No pudieron, el Viernes Santo, darse un tiempecito para recorrer conmigo el penoso camino del Vía Crucis y acompañarme en la hora de mi crucifixión y de mi muerte?
¿No pudieron desvelarse un poquito –bastante menos de lo que lo hacen en una discoteca o frente a la T.V.- la noche del Sábado Santo para que celebráramos juntos mi Resurrección y la de ustedes?
¿No pudieron durante esos días santos, dejar de hacer algunas de esas cosas que suelen hacer en vacaciones y por las cuales yo morí en la cruz?
¿No pudieron, a ejemplo mío, que entregué mi vida por la salvación de todos, empezar a desvivirse por los demás,  por lo más pobres, por los más indefensos, por los más débiles, dentro y fuera de casa?
Tomado del Misal anual 2010
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