En este Viernes Santo, les comparto este video de la hermana Inés de Jesús, a quien acabo de conocer, al igual que los otros artistas que les he comentado antes.
Una breve reflexión con música acerca de la Pasión de Cristo que hoy recordamos.
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viernes, 29 de marzo de 2013
jueves, 28 de marzo de 2013
HOMILIA PAPA FRANCISCO MISA CRISMAL 2013
¡Cómo me gustan las Homilías así! Cuando enseñan, educan, preparan. Cuando te hablan directo al corazón. Me recuerdan tanto a mi párroco David Barbosa (qepd) escuchar un homilía suya era una catequésis segura.
Ahora, con el papa Francisco, tengo la seguridad de que no me voy a enredar con palabras que no entienda o que tenga que recurrir al diccionario para poder tener el panorama completo del mensaje. Y mejor ni hablar de aquellos -que los hay- que se la pasan hablando de cosas políticas en vez de hablarnos al corazón de los fieles.
Cada vez me gusta más, me siento mas cerca; escucharlo o leerlo, es para mí un bálsamo para el alma.
Queridos hermanos y hermanas
Celebro con alegría la primera Misa Crismal como Obispo de Roma. Os saludo a todos con afecto, especialmente a vosotros, queridos sacerdotes, que hoy recordáis, como yo, el día de la ordenación.
Las Lecturas nos hablan de los «Ungidos»: el siervo de Yahvé de Isaías, David y Jesús, nuestro Señor. Los tres tienen en común que la unción que reciben es para ungir al pueblo fiel de Dios al que sirven; su unción es para los pobres, para los cautivos, para los oprimidos... Una imagen muy bella de este «ser para» del santo crisma es la del Salmo: «Es como óleo perfumado sobre la cabeza, que se derrama sobre la barba, la barba de Aarón, hasta la franja de su ornamento» (Sal 133,2). La imagen del óleo que se derrama, que desciende por la barba de Aarón hasta la orla de sus vestidos sagrados, es imagen de la unción sacerdotal que, a través del ungido, llega hasta los confines del universo representado mediante las vestiduras.
La vestimenta sagrada del sumo sacerdote es rica en simbolismos; uno de ellos, es el de los nombres de los hijos de Israel grabados sobre las piedras de ónix que adornaban las hombreras del efod, del que proviene nuestra casulla actual, seis sobre la piedra del hombro derecho y seis sobre la del hombro izquierdo (cf. Ex 28,6-14). También en el pectoral estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel (cf. Ex 28,21). Esto significa que el sacerdote celebra cargando sobre sus hombros al pueblo que se le ha confiado y llevando sus nombres grabados en el corazón. Al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el corazón el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros mártires, que en este tiempo son tantos.
De la belleza de lo litúrgico, que no es puro adorno y gusto por los trapos, sino presencia de la gloria de nuestro Dios resplandeciente en su pueblo vivo y consolado, pasamos a fijarnos en la acción. El óleo precioso que unge la cabeza de Aarón no se queda perfumando su persona sino que se derrama y alcanza «las periferias». El Señor lo dirá claramente: su unción es para los pobres, para los cautivos, para los enfermos, para los que están tristes y solos. La unción, queridos hermanos, no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite... y amargo el corazón.
Al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo, esto es una prueba clara. Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia. Nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja como el óleo de Aarón hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situaciones límites, «las periferias» donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe. Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas. Y cuando siente que el perfume del Ungido, de Cristo, llega a través nuestro, se anima a confiarnos todo lo que quieren que le llegue al Señor: «Rece por mí, padre, que tengo este problema...». «Bendígame padre» y «rece por mí» son la señal de que la unción llegó a la orla del manto, porque vuelve convertida en petición, petición del pueblo de Dios. Cuando estamos en esta relación con Dios y con su Pueblo, y la gracia pasa a través de nosotros, somos sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. Lo que quiero señalar es que siempre tenemos que reavivar la gracia e intuir en toda petición, a veces inoportunas, a veces puramente materiales, incluso banales – pero lo son sólo en apariencia – el deseo de nuestra gente de ser ungidos con el óleo perfumado, porque sabe que lo tenemos. Intuir y sentir como sintió el Señor la angustia esperanzada de la hemorroisa cuando tocó el borde de su manto. Ese momento de Jesús, metido en medio de la gente que lo rodeaba por todos lados, encarna toda la belleza de Aarón revestido sacerdotalmente y con el óleo que desciende sobre sus vestidos. Es una belleza oculta que resplandece sólo para los ojos llenos de fe de la mujer que padecía derrames de sangre. Los mismos discípulos – futuros sacerdotes – todavía no son capaces de ver, no comprenden: en la «periferia existencial» sólo ven la superficialidad de la multitud que aprieta por todos lados hasta sofocarlo (cf. Lc 8,42). El Señor en cambio siente la fuerza de la unción divina en los bordes de su manto.
Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones. No es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas que vamos a encontrar al Señor: los cursos de autoayuda en la vida pueden ser útiles, pero vivir nuestra vida sacerdotal pasando de un curso a otro, de método en método, lleva a hacernos pelagianos, a minimizar el poder de la gracia que se activa y crece en la medida en que salimos con fe a darnos y a dar el Evangelio a los demás; a dar la poca unción que tengamos a los que no tienen nada de nada.
El sacerdote que sale poco de sí, que unge poco – no digo «nada» porque gracias a Dios nuestra gente nos roba la unción se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral. El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor. Todos conocemos la diferencia: el intermediario y el gestor «ya tienen su paga», y puesto que no ponen en juego la propia piel ni el corazón, tampoco reciben un agradecimiento afectuoso que nace del corazón. De aquí proviene precisamente la insatisfacción de algunos, que terminan tristes, sacerdotes tristes y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con «olor a oveja», y esto os pido, sed pastores con olor a oveja, pastores en medio de su rebaño, y pescadores de hombres. Es verdad que la así llamada crisis de identidad sacerdotal nos amenaza a todos y se suma a una crisis de civilización; pero si sabemos barrenar su ola, podremos meternos mar adentro en nombre del Señor y echar las redes. Es bueno que la realidad misma nos lleve a ir allí donde lo que somos por gracia se muestra claramente como pura gracia, en ese mar del mundo actual donde sólo vale la unción – y no la función – y resultan fecundas las redes echadas únicamente en el nombre de Aquél de quien nos hemos fiado: Jesús.
Queridos fieles, acompañad a vuestros sacerdotes con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios.
Queridos sacerdotes, que Dios Padre renueve en nosotros el Espíritu de Santidad con que hemos sido ungidos, que lo renueve en nuestro corazón de tal manera que la unción llegue a todos, también a las «periferias», allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora. Que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido. Amén.
Y LO SIGUIERON SUS DISCÍPULOS
¡Me dice tanto esta imagen acompañando al versículo del Evangelio!
Los discípulos lo siguieron, como de costumbre. Pero apenas aprehendieron a Jesús, el miedo pudo más y salieron despavoridos por distintos rumbos.
Ahora ya sé que al final, Pedro lo siguió a la distancia, Juan también y hasta los pies de la Cruz, pero en aquel momento ¡qué solo dejaron al Señor!
Y me da por pensar que yo muchas veces lo he dejado solo; que cuando he señalado a los apostóles por haberlo hecho, no me he dado cuenta de que yo, en muchas ocasiones, ni siquiera lo acompaño hacia el monte a orar; que estoy dormida permanentemente y que al menor inconveniente, salgo más veloz que cualquiera de ellos.
A veces me siento como aquellos que en el monte Tabor se sentían super a gusto y querían quedarse ahí a vivir, pero que en el Monte Calvario brillaron por su ausencia.
Los discípulos lo siguieron, como de costumbre. Pero apenas aprehendieron a Jesús, el miedo pudo más y salieron despavoridos por distintos rumbos.
Ahora ya sé que al final, Pedro lo siguió a la distancia, Juan también y hasta los pies de la Cruz, pero en aquel momento ¡qué solo dejaron al Señor!
Y me da por pensar que yo muchas veces lo he dejado solo; que cuando he señalado a los apostóles por haberlo hecho, no me he dado cuenta de que yo, en muchas ocasiones, ni siquiera lo acompaño hacia el monte a orar; que estoy dormida permanentemente y que al menor inconveniente, salgo más veloz que cualquiera de ellos.
A veces me siento como aquellos que en el monte Tabor se sentían super a gusto y querían quedarse ahí a vivir, pero que en el Monte Calvario brillaron por su ausencia.
♪ DELANTE DE TI ♫
En este Jueves Santo, quise compartir 10 minutitos en compañía de Jesús Sacramentado. Cuando me faltan las palabras, el sentimiento aflora con la música. Para quienes se sientan indentificados, acá les dejo:
DELANTE DE TI
Martín Valverde.
jueves, 8 de abril de 2010
LECCIONES
Esta Semana Santa fue bien diferente para nosotros. Pero de todas las cosas inesperadas que nos pasaron he decidido compartir la que más me ha dejado marcada. Precisamente el Jueves Santo, a eso de las 2 de la tarde, mi madre me comunicó que el esposo de una prima mía había fallecido. Bueno, el shock fue inmediato, fue algo que no esperábamos; no había enfermedad de por medio, ni nada que pudiera habernos preparado para algo así.
El velorio esa noche fue para mí la primera lección; le he comentado a mis papás que ese, sin duda, ha sido el velorio con menos gente al que he asistido en mi vida (cuando yo estuve, alrededor de unos 8 y al otro día, alrededor de unos 20). Yo no puedo decidir si esto es bueno o malo, eso depende de las personas involucradas. Habrá quien prefiera estar así para no ser importunado con tanta gente que a veces no sabe uno ni quién es. El asunto es que yo esperaba mucha gente más, pues el esposo de mi prima era una persona bastante conocida y ella también tiene muchísimas amistades, sin mencionar que nosotros pertenecemos a una familia bastante grande. Entonces, ¿qué fue lo que pasó? Que el deceso tuvo el “tino” de ocurrir en días no laborables para la mayoría de los mexicanos, quienes tratan de aprovecharlos y por lo regular viajan o reciben a familiares que los visitan. Además hay que agregarle que los familiares que quisieron venir al sepelio desde otras partes del país, no pudieron hacerlo al no poder encontrar pasajes ni de avión ni de autobús.
Al otro día, viernes, sería la misa y el sepelio. Segunda situación adversa: no hay donde conseguir a un sacerdote en pleno Viernes Santo. Supongo que por eso la celebración comenzó con más de media hora de retraso, menudo lío han de haber tenido. Finalmente llegó un Ministro de la Palabra a realizar la celebración. Una lección más: yo he sido testigo de cuanta gente devalúa a estos ministros de la Palabra por no ser sacerdotes. Yo he presenciado y escuchado la manera en que se les desestima y se les aparta. Pero no nos ponemos a pensar que el Espíritu Santo sopla donde quiere y habrá muchos Ministros que sepan predicar con tanta claridad, efectividad, caridad y objetividad como éste que nos tocó este día. Nos ha compartido una homilía sobre el perdón con unas palabras tan claras y tan directas, que no había ni la mínima duda de lo que quería decir el Señor por medio de su Ministro.
En la sala había dos hermanas que tenían meses sin dirigirse la palabra, en algún momento de la Homilía llegué a pensar “Dios mío, ¿qué va a suceder a la hora de la paz?” Con tan poca gente, no había oportunidad para hacerse el desentendido y evadirse del momento. ¿Qué fue lo que pasó? Que los que estábamos enterados, fuimos testigos de la reconciliación más hermosa que puede haber entre dos hermanas que se han amado toda la vida. “Dios mío, una resurrección horas antes de celebrar La Tuya”.
Todo ocurre por algo. La hora de mi primo llegó cuando tenía que llegar; a pesar de la tristeza, el dolor de mi prima y su familia, los que creemos en el amor de Dios, sabemos que él ya está disfrutando de la vida eterna junto al Creador. Pero que haya sucedido en este día, que por causa de eso haya habido tan poca gente, que las dos hermanas hayan estado solas, sin más familiares que las influyeran en su sentimiento de enojo, que el Ministro haya sido el único al que pudieron encontrar disponible, y que todo eso haya desembocado en una reconciliación inolvidable, es algo que supera por mucho mi conocimiento de los tiempos de Dios.
No me cabe la menor duda de que durante su vida, Juan hizo muchas cosas buenas. Pero me admira que aún hasta el último instante de su paso por esta tierra, Dios lo hizo instrumento para derramar Su Amor entre nosotros.
jueves, 1 de abril de 2010
¿COMPRENDEN LO QUE ACABO DE HACER CON USTEDES?
* Una pregunta clave.
* Una pregunta a la que sería de lo más conveniente que le diéramos hoy una respuesta.
* Porque si no hemos comprendido lo que Cristo hizo con sus apóstoles al lavarle los pies, de cristianismo no hemos entendido ni jota.
* Pero si lo hemos comprendido, casi estamos del otro lado.
* Y decimos “casi”, porque no basta con comprenderlo intelectualmente; hay que comprenderlo en la práctica.
* “Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.
* La pregunta que Jesús formuló a sus apóstoles y que este Jueves Santo también nos hace a nosotros, no se responde con un simple “si”.
* La respuesta adecuada hay que darla “quitándose el manto y tomando una toalla”. Es decir, poniendo manos a la obra.
* Hay que quitarse el manto de cualquier absurdo complejo de superioridad basado en la clase social, en el puesto que se ocupa, en el papel que se desempeña, en el dinero que se posee o en el color de la piel que se tiene.
* Y tomar la toalla para prestar todos los servicios que podamos y enjugar todas las lágrimas posibles.
Si hemos comprendido lo que Cristo hizo con los apóstoles, nuestra vida en el hogar o en nuestro lugar de trabajo no podrá seguir siendo la misma de este Jueves Santo en adelante.
EL TESTAMENTO DE JESÚS
Yo, Jesús de Nazaret, hijo de María por obra del Espíritu Santo, en pleno uso de mis facultades, habiendo llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, en esta víspera del día solemne de la Pascua, declaro que es mi voluntad:
o “Que si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”. (Evangelio)
o “Que si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos”. (Juan 13, 17)
o “Que se amen los unos a los otros como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que son mis discípulos” (Juan 13, 34)
o “Que hagan en memoria mía” lo que yo acabo de hacer: tomar un pan, pronunciar la acción de gracias, partirlo y repartirlo, diciendo: “Este es mi Cuerpo que se entrega por ustedes”. Hacer lo mismo con el cáliz diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes”. (Segunda lectura)
o “Que no se turbe su corazón. Si creen en Dios también crean en mi. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, se los habría dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo” (Juan 14, 1-3)
o “Y sepan que no los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán” (Juan 14, 18-19)
Tomado del Misal anual 2000
lunes, 29 de marzo de 2010
¿NO PUDIERON VELAR CONMIGO NI SIQUIERA UNA HORA?
Esto dijo Cristo a sus apóstoles aquella negra noche en el Huerto de los Olivos cuando, luego de haberse separado de ellos para orar, regresó y los encontró dormidos.
Ojalá que al terminar la semana que ayer apenas empezó, luego de haberlo acompañado en su entrada triunfal en Jerusalén, Cristo no tenga que hacernos ninguna de estas molestas preguntas:
Durante sus vacaciones de Semana Santa –quizá en alguna playa o en algún lugar de provincia- ¿no tuvieron ustedes un rato para asistir el Jueves Santo a los oficios en que se conmemora el día en que instituí la Eucaristía y les di el mandamiento de amarse los unos a los otros como yo los amo?
¿No pudieron, el Viernes Santo, darse un tiempecito para recorrer conmigo el penoso camino del Vía Crucis y acompañarme en la hora de mi crucifixión y de mi muerte?
¿No pudieron desvelarse un poquito –bastante menos de lo que lo hacen en una discoteca o frente a la T.V.- la noche del Sábado Santo para que celebráramos juntos mi Resurrección y la de ustedes?
¿No pudieron durante esos días santos, dejar de hacer algunas de esas cosas que suelen hacer en vacaciones y por las cuales yo morí en la cruz?
¿No pudieron, a ejemplo mío, que entregué mi vida por la salvación de todos, empezar a desvivirse por los demás, por lo más pobres, por los más indefensos, por los más débiles, dentro y fuera de casa?
Tomado del Misal anual 2010
domingo, 28 de marzo de 2010
CONSERVEMOS NUESTRAS PALMAS
Esas palmas que hoy nos ha bendecido el sacerdote y con las que hoy hemos aclamado a Cristo.
Pongámoslas por dentro en la puerta de nuestra casa.
No para que no entren en ella los ladrones (no sirven para eso), sino para que nos recuerden todos los días que la victoria de Cristo y la victoria del cristiano solo se obtienen por medio del sufrimiento y de la cruz de cada día.
Pongámoslas por dentro en la puerta de nuestra casa.
Pero no para que no vaya a entrar en ella la mala suerte (tampoco sirven para eso), sino para que nos recuerden que después de haber aclamado hoy sinceramente a Cristo, sería muy feo salir mañana o pasado o cualquier otro día del año a crucificarlo o a escupirlo en los demás.
Conservemos nuestras palmas.
No como un objeto mágico, sino como un recordatorio.
Tomado del Misal anual
Y para compartir, un recuerdo de mi infancia: Jesucristo Superstar fue la primera película sobre Jesús que vi en mi vida. En su momento levantó mucha polémica, creo, pero a mí me ha gustado siempre.
Aquí un fragmento de la entrada triunfal a Jerusalén con un doblaje al español en voz de Camilo Sesto.
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