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martes, 18 de mayo de 2010

18. MARÍA, MADRE DE DIOS


El primer día del año es la fiesta en la que celebramos el dogma que nos identifica plenamente como católicos.
El dogma que nos permite entender por qué Jesús, siendo verdadero Dios, es también verdadero hombre y pudo así redimirnos.
El dogma que fundamenta y nos hace claros como la mañana, el dogma de la Inmaculada Concepción y el de la Asunción.
El dogma, después del de la resurrección de Jesucristo, más consolador de todos, porque la Madre que Él nos dio en la cruz, es su verdadera Madre.
El dogma que justifica el que los católicos le demos a María un culto superior al que damos a los ángeles y a los santos, sólo inferior al que le damos a Dios.
El dogma que explica el amor y la devoción que los católicos le tenemos a la Virgen, y la ilimitada confianza que ponemos en ella.
El dogma que expone la razón por la que no hay pecador, por grande que sea, que pueda desesperar de su salvación, ni hay desamparado en pleno y total desamparo.
El dogma que, al no ser captado por las iglesias protestantes, las priva del consuelo y la ternura de una Madre.
El dogma cuya celebración nos permite vivir cada día llenos de alegría y de confianza, puesto que vivimos bajo la mirada protectora de nuestra madre del cielo.
SANTA MADRE DE DIOS
¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén

Tomado del Misal anual 2001


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