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lunes, 2 de noviembre de 2009

SAN PÉREZ, PATRONO DE PERSONAS COMO USTED Y COMO YO.


Este domingo fue día de todos los Santos, y en la hojita de las lecturas, venía escrito este pequeño mensaje que me gustó mucho para compartirlo, pues a veces nos olvidamos de los miles y miles y miles de santos que compartirán el cielo con aquellos, los menos, que conocemos y veneramos por su capacidad y heroicidad.
Virtudes de San Pérez
San Pérez estaba convencido de que no había nacido para pasarla en grande en esta vida. Estaba convencido de que el fin no consistía precisamente en hacer todo lo que le venía en gana. San Pérez no fue un vividor ni un comodón.
Generosidad.  
 Para San Pérez los demás no eran unos seres de quien hay que aprovecharse. Vivía con lo justo para sí y para su familia, pero siempre tuvo de donde ayudar a otros que vivían más justos que él. San Pérez siempre fue un gran compañero, supo dar no solo de su dinero sino de su respeto y de su consuelo. Siempre tuvo una mano abierta para estrechar todas las manos; las sucias y las enguantadas; las callosas y las ensortijadas.
Sinceridad. 
No tuvo nada que ocultar. No tuvo ninguna parranda que ocultar a su esposa; ningún negocillo que ocultar a la sociedad; tampoco ocultó ningún acto de religiosidad a sus amigos.
Defectos de los que se corrigió.  
 De insultar al árbitro con cierto exceso. De haber dicho “estoy ya harto de comer frijoles” delante de sus hijos.
Milagros de San Pérez. 
El milagro de haber vivido con poco más del sueldo mínimo y el milagro de que cuando algo le salía mal, no le achacaba la culpa ni a su mujer ni a sus hijos, ni al jefe ni al clero.
Santa muerte. 
San Pérez murió mártir del tránsito, rodeado de varios agentes, una patrulla y una bola de mirones.
Allí mismo bajó Dios para recoger su alma, y darle, para siempre, el premiazo que se merecía y llevarlo a vivir con todos los santos que celebramos hoy.
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