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jueves, 1 de octubre de 2009

MI ROSARIO IMPERFECTO


Hoy comienza el mes de octubre, mes del Rosario. Y por andar inmersa en otras cosas no había recordado ésto hasta que comencé a leer los blogs amigos que nos informan de esto puntualmente.
Como imaginarán, no tenía nada preparado, pero recordé que hace algunos años (14 de octubre del 2005),  escribí algo que me sucedió realcionado con el Rosario y que le platiqué a mis familiares.
Yo estaba lejos de todos, viviendo en Canadá y se me ocurrió platicarles lo siguiente:


Hace como dos meses descubrí que mi Rosario, que ha estado conmigo durante muchos años, estaba roto en varias partes. Inútil investigar qué pequeñas manitas hicieron estragos con él. Imposible reconstruirlo, pues estaba hecho con eslabones de cadenita. Así que triste, pero decidida, me encaminé hacia las dos únicas tiendas de artículos religiosos que conozco en esta ciudad. 
¡Qué¡ Casi me da un ataque, ¿¡¡15 dólares por un Rosario!!? Mi mente se convierte rápidamente en una calculadora; nunca he sido buena para las matemáticas, así que entre la conversión del dólar que cada día está más caro y mis errores matemáticos, me pareció un escándalo el resultado de la multiplicación. ¿Pues no que la religión y todo lo que deriva de ella debe estar al alcance de cualquier bolsillo? ¡De ninguna manera! Yo voy a hacer mi propio Rosario. Y hasta más bonito me va a quedar.
Me dirigí a una tienda bastante frecuentada, de las más baratas de la ciudad, en donde todo te cuesta un dólar o menos. Compré hilo y unas bolsitas con cuentas de madera. Todo costó poco más de tres dólares. Me sentía orgullosa de haberme ahorrado más de diez dólares en algo que además haría con mis propias manos.... Debo confesar que en el camino también me azotaron los remordimientos: “me dolió haber gastado 15 dólares en un Rosario, pero no me duele gastarlo en nimiedades cada vez que salimos a pasear”. Entre la satisfacción y el remordimiento llegué a la casa, y en ese momento, acompañada de mi familia, en una tarde preciosa, me dispuse a elaborar mi importante tarea. 
Valiente decisión, a la primera vez que me di cuenta de que me había equivocado y que tendría que empezar otra vez y además conseguir algo para separar las primeras tres cuentas del resto de ellas, abandoné mi labor. “Mañana sigo, tengo que idear cómo separar las cuentas. Para que se vea bonito; si no qué chiste”.
Pasó más de un mes, antes de que me acordara que por ahí, guardados en algún lado que en ese momento no recordaba, estaban los elementos para fabricar mi Rosario; me refiero a las cuentas por supuesto, porque el elemento más importante, ese no lo había adquirido: la voluntad.
Anoche, tarde, mientras todos dormían, tomé la decisión y me puse a armar mi Rosario. Tomé las cuentas, el hilo, la aguja y comencé a engarzar. Y con cada cuenta mi mente vagaba.... ¿cuántas veces lo he rezado? No sé, muchas... pero no suficientes. ¿Cuáles son los misterios? ..... ¿Cuáles las jaculatorias? .... ¿Y las promesas de la Virgen? Algo recuerdo, muy vagamente “quien lo rece con devoción no morirá sin los Sacramentos de la Iglesia, la pronta liberación del purgatorio” y varios más que ahora no recuerdo bien.
Y mientras hacía los nudos pensaba: ¡de cuántos nudos está hecha mi vida! Ojalá los hubiera amarrado fuerte a un Rosario, a un Ave María o por lo menos a una jaculatoria.
¿Y la Cruz? Bien amarrada, con un nudo fuerte, firme al Rosario. Ésta es la que lo sostiene, la que le da forma. Sin la Cruz, cada cuenta, cada Ave María se saldría de este hilo, que para mí es como la fe, que lo sostiene todo.
Finalmente pude admirar mi obra terminada: quedó un poco chueco, todavía hay que cortar algunas puntas, la cruz es de diferente color que las cuentas, pero... ¿acaso he hecho alguna vez un Rosario perfecto? Nunca. La mayoría de las veces me salto algún Ave María, se me olvida una jaculatoria o algún Gloria. Casi siempre me ganan los pensamientos externos y me encuentro rezando mecánicamente, para después “regresar” al rezo. Entonces, ¿de qué me preocupo? Mi Madre del cielo seguramente está acostumbrada a esto.
Estoy orgullosa de mi Rosario. Aquel que no quise comprar era muy caro; pero creo que ahora el mío, siendo más barato, es el más valioso.
¿Y ahora qué? Bueno, ahora viene la parte interesante, la que da frutos, aunque también la más difícil: ¡rezarlo! Pero estoy segura que Aquel que puso en mí la decisión de fabricarlo, pondrá también la voluntad de rezarlo.
Que así sea.
www.santorosario.net/espanol

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