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martes, 4 de febrero de 2014

VILLANO DE VILLANOS

Con frecuencia he participado en Facebook en varios "retos" que nos han traído bastantes momentos de diversión entre el grupo de amigos, familiares y hasta con mis alumnos.
Ahora traigo un "reto" hasta acá, no para involucrarlos, sino solo para divertirme un poco y ejercitar un poco mis neuronas -si que es que ésto puede ser posible-.
El reto lo compartió mi amiga +MARÍA ANGÉLICA  en su blog literario El Cementerio de los Libros y bueno, trataré, en la medida de lo posible, ir cubriendo poco a poco los pasos para llevar este reto hasta su final durante todo el año.
No sé hasta cuánto aguante, pero mientras trataré de ir posteando mis retos cada semana, a ver si logro cubrir los del año pasado y los de éste.
Si alguien en su sano juicio quiere unirse a este reto, en el enlace al blog de mi amiga están las reglas -en realidad no hay reglas- y los retos a vencer.
Esta vez y para empezar, he elegido el primer reto del año pasado:

1. PERSONAJE QUE MEREZCA UN FLECHAZO EN LA FRENTE.

Si hay un motivo por el cual me gusta leer, es por la cantidad de sentimientos que te puede generar una historia, sin importar que ésta haya sido aclamada o humillada por academias competentes. La realidad es que cada historia es única para el lector.
Uno de los personajes más odiosos y más odiados por mí fue:
William Hamleigh, antagonista de LOS PILARES DE LA TIERRA (Ken Follet, 1989).

La imagen representa a David Oakes interpretando a 
William Hamleigh, en la miniserie Pilares de la Tierra.
Este cuate es un niño mimado y no otra cosa, pero de la época medieval. Acostumbrado a hacer lo que quería y obtener lo que deseaba por las buenas o por las malas, fue autor de las peores tropelías durante las 1300 páginas (¡!) que dura toda la historia.
Durante muchas ocasiones, verdaderamente me hizo enojar e indignar tanto que sí deseé que alguien -por piedad- le pusiera "un flechazo en la frente".
 

jueves, 25 de agosto de 2011

PSICOSIS

Lo que viví hoy, no se lo deseo a nadie.
Sé que por cada persona que conozco hay una versión diferente, sin embargo, ahora no quiero hablar de lo que ha sido rumor o no, ni de lo que es oficial o no. La situación en mi país está peor que nunca, pero lo que pasa en mi ciudad está muy por encima de cualquier cosa que hubiera yo podido imaginar alguna vez en mi vida. Nuestra tierra se ha convertido en una tierra de nadie, un lugar donde los criminales y las autoridades luchan incesantemente por ganar terreno y ninguno de los dos se siente que lleven las de ganar, sin embargo sí hay uno que lleva las de perder: la sociedad civil.
Sé que muchos de mis compañeros blogueros viven o han vivido en lugares donde alguna vez se experimentaron este tipo de situaciones terroríficas, con atentados, muertes, persecuciones, etc. Sin embargo, quiero creer que no por el hecho de haberlo pasado, sentirán ahora que es algo normal.
Mi hermosa ciudad se ha convertido en una zona de guerra, gracias a los gobiernos irresponsables que les han entregado mi tierra a los criminales en sus propias manos. Ahora, somos presos de estas fuerzas criminales que en muchas ocasiones parecen estar mejor armadas que los militares o los navales de mi país.
En las últimas dos semanas hemos tenido los peores días de mi vida: una persecución a dos cuadras de la casa de mis padres que terminó en el lanzamiento de un artefacto explosivo; resultado: un hombre muerto y dos niños lesionados, una de ellos quedará con secuelas de por vida. Mi familia escucha el granadazo y los múltiples vuelos de los helicópteros de las fuerzas armadas en busca de los criminales.
A principios de esta semana, un enfrentamiento a espaldas de la casa de mi suegra: 4 muertos y varios heridos. Antier, el asesinato de un joven en un puesto de tacos, con la lógica respuesta histérica de las escuelas cercanas al lugar.
Todos estos son hechos consumados e innegables de las últimas dos semanas. Podría ir más hacia atrás y relatar historias escalofriantes en verdad de las muchas que han sucedido en mi ciudad. ¿Y saben dónde me enteré de todos estos hechos? En el Facebook. ¿Y saben por qué? Porque los medios de comunicación están limitados, porque los voceros oficiales del gobierno son personas desesperantes que pretenden hacernos creer que no sucede nada, que todo está controlado y que ellos nos protegen. Por desgracia, no se dan cuenta que una gran cantidad de veracruzanos no creen en ellos; no creen en las autoridades, no creen en los medios de comunicación. personalmente debo decir que el hecho de no tener confianza en nuestro gobierno y autoridades es una verdadera tragedia; están entercados en ocultar y minimizar las cosas que suceden en nuestro estado y es una reacción lógica y normal el buscar información en otros lados. Yo agradezco profundamente a los administradores de las opáginas del FB que consulto, porque han sido dos las veces que me he salvado por muy poco de haberme visto cerca (o quién sabe si hasta envuelta) en un enfrentamiento armado.
Pero lo que sucedió hoy sinceramente no tiene nombre. Lo que he vivido hoy en mi ciudad no lo había vivido nunca en ningún lado y no lo había visto mas que en las películas.
Una madre alterada, llorando, hablando por un celular, me dio la primera pista de lo que podría estar sucediendo, pero no reparé mucho en ello. Sin embargo, cuando me acercaba a mi lugar de trabajo, pude ver dos escuelas primarias desquiciadas, sacando a los niños a trompicones, los padres de familia alterados, dejando sus autos a mitad de la calle. Me detengo junto a unos padres y pregunto por qué los niños están saliendo tan temprano, “hubo un atentado en una escuela” --me dicen- “están evacuando todos los planteles escolares”. El otro padre me dijo algo peor, que no voy a repetir porque no está confirmado y hasta este momento ha sido una falsa alarma, pero como ustedes comprenderán, mis nervios y mi corazón se alteraron en ese momento. Como pude me comuniqué con mi familia y supe que mis hijas ya estaban a salvo, que su escuela había sido evacuada como muchas más en la zona conurbada y que del susto no había pasado.
Hasta aquí todo iba mas a menos bien, pero cuando llegué a la avenida principal donde se encuentra mi lugar de trabajo, el caos tomó forma: los vehículos se pasaban los altos, los chicos de la universidad también habían abandonado la escuela, un señor de un puesto de comida a los gritos, cerrando su negocio y una cantidad de carros abarrotados que ni en la peor de las horas pico se logran ver. En mi trabajo también habían desalojado las instalaciones  y suspendido las clases.
Hasta ahora, la versión oficial dice que debido a un auto que se incendió cerca de una escuela, alguien en las redes sociales echó a andar la versión de que había sido un atentado; como consecuencia surgió el pánico ya descrito anteriormente. Aparte de que estamos en manos de los criminales, también estamos en manos de gente sin escrúpulos que con la mano en la cintura puede echar a andar un rumor sin medir las consecuencias del caso. El asunto es, si tuviéramos la confianza necesaria en el gobierno, que se dedicara a poner por encima de todo a sus ciudadanos, no tendríamos tanto ese problema y esperaríamos a ver qué dice la información oficial, pero no confiamos en ellos ni en los medios de comunicación que solo transmiten lo que quieren y minimizan todas las cosas haciendo comentarios incompletos. Lo de hoy pudo haber resultado en una situación peor de lo que fue. Ahora el Gobernador está diciendo que va a ir con todo el peso de la ley sobre las personas que esparcieron el rumor, sin embargo hay muchas voces que se levantan para exigir que con el mismo peso de la ley sean juzgados todos aquellos que ocultan información y dicen verdades a medias dentro del gobierno del Estado.
Esa es nuestra triste realidad.

miércoles, 30 de marzo de 2011

CON UN NUDO EN LA GARGANTA

Hoy mas que una entrada para mi blog, he querido compartir con quien me lea la profunda tristeza que me embarga.
Sinceramente me siento perdida, como si estuviera en un lugar totalmente ajeno a aquel lugar en donde nací y crecí.
Mi ciudad se ha convertido en una zona de guerra (como muchas otras ciudades del país); las calles han sido tomadas por los delincuentes y la sociedad en general cada vez se siente mas secuestrada dentro de sus propios hogares.



Aunque no ha sido la intención que el formato de este blog sea hablar mal de nadie, ni dar malas noticias, la verdad es que el dia de hoy ha sido como que muy especial y no he podido pensar en nada mas que en desahogarme con los amigos.
Desde hace algunos años, las pláticas informales entre amigos o compañeros han comenzado a derivar sobre la guerra contra el narco, los patrullajes de los militares, los operativos que se hacen a toda hora y en cualquier lugar, las balaceras, los secuestros, etc. A estas alturas no hay una simple reunión a la que uno vaya y no se encuentre con una persona que haya sido víctima de la delincuencia de una u otra forma.
Hace tres semanas, mi sobrino estuvo a punto de quedar en medio de una balacera a dos cuadras de su casa. Los medios de comunicación no mencionaron nada.
El sábado pasado se armó una balacera en la calle a espaldas de donde vive una sobrina mía. Se ha catalogado como la mas agresiva que se ha dado en la ciudad (y eso que ya hubo una en donde hasta granadas hubo, y que, por cierto, mi padre estuvo a punto de quedar atrapado en ésa también).
Por si fuera poco, ese mismo sábado, a unas tres cuadras de casa de mis padres, también se desató otra balacera, de la que mi hermano, cuñada y sobrino fueron testigos.
¿Qué es lo que nos está pasando? ¿en dónde está esa ciudad tranquila de la que disfrutaba tanto cuando era niña?
Y a veces uno no sabe qué es lo mas triste, si ver en lo que se ha convertido todo esto o ver cómo todavía hay personas que se aferran a echarse la culpa unos a otros. Todos dicen que la sociedad debe hacer frente común (y estoy de acuerdo), pero cuando se trata de ver los errores que ha cometido el gobierno, entonces saltan los de tal o cual partido político a defenderse y echarle la culpa al otro. Parece que no se dan cuenta de que solo para eso los queiren los dirigentes de los partidos, para defender lo indefendible y hacer creer que ciertos sectores de la sociedad están a favor de ellos.
Cada vez me asquean mas los políticos infames, que solo buscan su bienestar muy por encima de aquellos a los que juró proteger. Y cada vez me asquean mas los medios de (IN)comunicación, que se venden al mejor postor y ocultan cosas a la sociedad en aras de mantener una imagen de "aquí no pasa nada", que lo único que hace es dejar al pueblo desnudo, sin posibilidades de protegerse, de cuidarse, de evitar pasar por tal o cual zona. A ningunos de ellos les importa nada las personas que han perdido la vida por encontrarse en el lugar y la hora equivocados. A nadie de ellos les importa sus familias, sus amigos, nada.
Doy gracias a Dios de no pertenecer a  ningún partido político, porque eso me hace tener una perspectiva, creo yo, mas clara de las cosas. Algunos tratan de politizar la situación diciendo: el gobierno Federal tiene la culpa, otros se la achacan al gobierno estatal y otros mas dicen que los municipales son los responsables. Nadie parece darse cuenta -o no quieren hacerlo- que en México, afortunadamente, hay partidos políticos diferentes gobernando en todos lados. Y que en todos lados estamos igual.
Me apena mucho conatarles esto, pero estoy convencida de que estoy entre amigos.

jueves, 28 de enero de 2010

VIOLENCIA: EL PAN DE CADA DIA


La violencia generalizada que vivimos en el país a veces parece ser incontrolable. Todos los días en los diarios vemos noticias alarmantes; cuando no son asesinatos, son asaltos o secuestros; son accidentes provocados por la furia combinada con la incapacidad que pagan, sin excepción, los más desprotegidos: los niños y los ancianos.
El lunes pasado le ha tocado a una persona famosa, la desgracia de caer en las manos de una persona violenta. El futbolista de primera división y titular indiscutible de la selección Nacional Paraguaya de futbol Salvador Cabañas fue herido con un tiro en la cabeza mientras se encontraba en el baño de un bar.
No se puede decir que la situación no sea lamentable; este ser humano, que ha sobrevivido de manera milagrosa, está en peligro de muerte, víctima de una serie de irregularidades que, además de la violencia de su ejecutor, encierra la incapacidad de las autoridades para hacer cumplir la ley que dice que:
 Los bares no pueden vender bebidas alcohólicas después de las 2 de la madrugada y tampoco pueden permanecer abiertos al público después de estas horas. Salvador Cabañas fue herido después de la 5 de la mañana.
La incapacidad de la policía para hacer su trabajo: el presunto agresor fue identificado a las pocas horas del incidente; “lamentablemente” el identificado ya estaba recluido en la cárcel desde algunas semanas antes. Simplemente ridículo.
La incapacidad de los policías de turno, que tardaron tanto en atender la llamada que cuando llegaron al lugar de los hechos ya habían lavado, limpiado y hasta desinfectado la escena del crimen.
En fin, que solo porque la víctima de este crimen es una persona famosa, nos hemos enterado fielmente de las cosas sucedidas, pues desde las primeras horas del lunes, no se habla de otra cosa en todos los medios de comunicación. Sin embargo uno no puede dejar de pensar en los cientos y cientos de personas anónimas que sufren en carne propia la desaparición, la muerte, los accidentes y las vejaciones de sus seres más queridos, gracias sólo a la ola de violencia que invade el país y que a los ojos del ciudadano común, parece incontrolable.

domingo, 8 de noviembre de 2009

PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN




Hace algunos días, mientras escribía el post sobre el perdón, recordé una experiencia vivida en mi grupo de oración hace algunos años. Estábamos en una reflexión acerca de la Crucifixión y cuando llegamos al momento en que Jesús pide al Padre que perdone a quienes lo agreden “porque no saben lo que hacen” nuestra oración dio un giro que nadie habría previsto momentos antes.
Fuimos inspirados para rogar por todas aquellas personas que hacen daño a los seres humanos: asesinos, malos gobernantes, violadores, terroristas, ladrones, narcotraficantes, guerrilleros, secuestradores y muchos más formaron parte de la oración elevada a Dios esa noche.
Cuando terminamos, los comentarios eran variados, pero todos nos sentíamos extraños, fuera de sitio, desubicados. Pero estábamos conscientes de que a eso habíamos sido llamados esa noche. En lo particular creo que Jesús nos dejó una enseñanza invaluable en ese momento en la Cruz, al interceder aún en esos momentos por aquellos que le hacían tanto daño. Pues efectivamente, ellos no sabían lo que hacían. Es decir, obviamente sí sabían que estaban matando a un hombre inocente, pero está claro que nunca se dieron cuenta que ese hombre era hijo de Dios.
De la misma forma, los hombres entregados a la perversidad actual, saben que están haciendo cosas fuera de la ley. Saben que están haciendo daño a muchas personas, pero no saben (porque no conocen a Dios), lo que están haciendo en contra de Dios y de sus hijos.
Aunque nos sintamos raros, creo que nuestro deber es poner en nuestras oraciones a todas esas personas que están entregadas al mal, que dañan, asesinan, roban, etc. a otros seres humanos. Ellos son, al fin de cuentas, quienes más necesitan de esas plegarias. Estoy convencida de que Dios las escuchará.

Aprendamos y repitamos junto con Esteban: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” (He. 7, 60)
Nosotros hagamos nuestra parte, que Él se encargará de la Suya (Rom. 12, 19-21)

miércoles, 28 de octubre de 2009

EL PERDÓN


Hace pocos años presencié una escena en televisión que me marcó profundamente. Estaba viviendo en Canadá y allá es común que transmitan programas de Estados Unidos, entre estos programas está uno que transmite algunos juicios o audiencias sobre casos especiales o muy conocidos. Esa vez, andaba yo saltando de canal en canal sin poder encontrar algo que me interesara, cuando me llamó la atención la escena que se estaba reproduciendo en uno de los canales estadounidenses.
Se trataba del caso de un multi homicida que había violado y asesinado a más de 25 niñas. Por lo que vi, el juicio ya estaba cerrado y lo único que se hacía en ese momento era escuchar a los familiares de las victimas expresar su opinión acerca de la sentencia a la que tenía que ser sometido este sujeto.
Todos y cada uno de los representantes familiares (padres, hermanos, abuelos) de las víctimas fueron pasando uno por uno a leer sus opiniones sobre el futuro de este sujeto. Obviamente todos querían la muerte para él. Todos querían la silla eléctrica, todos le escupieron en el rostro la amargura, el odio que dejó sembrados en ellos desde el momento en que les arrebató a sus pequeñitas. Todos lo veían con rabia, queriendo tal vez tomar justicia por su propia mano y deseando para él todo el sufrimiento que seguramente experimentaron las pequeñas víctimas y todo el sufrimiento que había dejado en los corazones de las familias y de la sociedad en general.
Mientras cada familiar pasaba a desbordar su odio y a exponer los motivos por los cuales este hombre debía ser sometido a la pena de muerte, el criminal en cuestión permanecía impávido, mirando fijamente al frente y esbozando pequeñísimas sonrisas de vez en cuando. No mostraba sentimiento alguno. Escuchaba, seguro; pero parecía no hacerlo por la nula reacción que mostraba ante tanto improperio y tanto odio.
Hasta que llegó ella…
Una señora de unos 45 o 50 años. Se veía acabada, con el cabello canoso; su voz era suave y la voz no le temblaba como a los demás cuando dirigió la palabra al condenado. Su hija adolescente había sido secuestrada, violada y asesinada por el hombre que tenía frente a ella. Se paró frente al micrófono y le dirigió unas palabras:
“Me has arrebatado a lo único que tenía en la vida. A mi razón de vivir, a mi alegría y mi esperanza. Pero no estoy aquí para condenarte. No te odio ni te desprecio. Quiero decirte que yo te perdono, te perdono desde hoy por todo el daño que me has hecho, porque no quiero llevar en mi corazón ni un momento más el odio y la amargura que he sentido hasta ahora. Que la ley de los hombres te imponga el castigo que merezcas y que Dios se apiade de ti”.
En esos momentos, el criminal se volteó a ver de frente a la persona que le hablaba (no lo había hecho con ninguno de los demás). La vio a los ojos y se echo a llorar. Como un niño, escondió su rostro entre los brazos recargados en la mesa que tenía frente a sí. Lloraba y lloraba, derrotado por el perdón de esta mujer a la que había causado tal vez el dolor más fuerte de su vida. Y yo lloraba junto con él de la misma forma en que lo hago ahora mientras narro la escena.
Porque no creo haber visto algo más fuerte en mi vida.
Primero lloraba y entendía a todos lo que pasaron antes, dolidos, furiosos, llenos de odio por haber perdido a sus hijas a manos de este monstruo perverso.
Después lloré sorprendida ante las palabras de esta mujer. ¡Cuánto valor! O cuánto amor, o cuánto Dios se necesita para hacer lo que ella hizo. Yo no sé si sería lo suficientemente fuerte para hacer algo parecido.
Y finalmente lloré con él, con el criminal. Con aquel monstruo convertido en niño que lloró tal vez ante el primer indicio de amor o compasión que sintió en su vida y que paradójicamente vendría de una persona a la que le hizo tanto daño.
No fueron las palabras duras, ni los insultos, ni el odio, ni el resentimiento lo que hizo que este hombre reaccionara. Fue el perdón.
Y habemos tantos en este mundo que ni siquiera podemos perdonar a aquel que habló mal de nosotros o que inventó un chisme o que nos robó dinero o que nos traicionó.
¿Qué se necesita para perdonar así?


"Padre, perdónalos, porque 
no saben lo que hacen"
(Lc. 23, 34)



viernes, 18 de septiembre de 2009

LADRONES DE CARIDAD

HACE unos días me encontraba comiendo con mi familia en casa de una querida amiga, cuando de repente llegó a tocar la puerta un joven que decía tener una emergencia: su padre estaba teniendo una crisis y necesitaba urgentemente dinero y un teléfono celular. Mi amiga salió a atender al joven y los demás solo lo vimos a través de la ventana. El asunto es que mi amiga siempre ha tenido un gran corazón, le gusta ayudar y no repara en gastos ni incomodidades para hacerlo con todos, con cualquier persona. Creo que es una actitud digna de imitar. Sin embargo esta vez todos sufrimos un revés: el chico, que se veía muy decente, vestido con buenas ropas, guapo de rostro, presentando buenos modales y facilidad de palabra, resultó ser un ladrón; y huyó con dinero y teléfono, dejándonos a todos con un amargo sabor de boca y con el mal pensamiento de “¿Por qué le ayudamos?”
¿A dónde vamos a llegar, si las personas con buenas intenciones sufren de este tipo de atracos y decrecen sus ganas de servir y de ayudar a los demás?
Me da pena ver a mi amiga cuestionándose si hizo bien en tratar de ayudar a alguien en apuros. Me da coraje imaginar al ladrón mofándose de los buenos sentimiento de mi amiga, que lo ayudaron a hacerse con dinero y articulo robado, y planeando además nuevos hurtos descarados.
Me da tristeza darme cuenta que además de las cosas materiales, los amantes de lo ajeno nos roban las intenciones, la solidaridad, la caridad, la seguridad, la lealtad y la compasión que debemos sentir por los demás, canjeándolos por un sentimiento de desconfianza que altera y ensucia nuestro corazón y nuestra alma.