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jueves, 1 de abril de 2010

EL TESTAMENTO DE JESÚS



Yo, Jesús de Nazaret, hijo de María por obra del Espíritu Santo, en pleno uso de mis facultades, habiendo llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, en esta víspera del día solemne de la Pascua, declaro que es mi voluntad:
o   “Que si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”. (Evangelio)
o   “Que si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos”. (Juan 13, 17)
o   “Que se amen los unos a los otros como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que son mis discípulos” (Juan 13, 34)
o   “Que hagan en memoria mía” lo que yo acabo de hacer: tomar un pan, pronunciar la acción de gracias, partirlo y repartirlo, diciendo: “Este es mi Cuerpo que se entrega por ustedes”. Hacer lo mismo con el cáliz diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes”. (Segunda lectura)
o   “Que no se turbe su corazón. Si creen en Dios también crean en mi. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, se los habría dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo” (Juan 14, 1-3)
o   “Y sepan que no los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán” (Juan 14, 18-19)

Tomado del Misal anual 2000
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