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lunes, 11 de marzo de 2013

AMOR A JESÚS, AMOR A MARÍA


La Anunciación (Lucas 1, 26-38)

No lo sé, no lo sé. A todos los cristianos nos une el profundo amor por Jesús y la firme convicción de que Él es Dios mismo en su forma humana. Eso siempre me llena de gozo; aunque no me deja de dar cierta tristeza que la persona de María nos cause tanta desunión. Hay tantas cosas que yo no comprendo; tal vez he estado encerada en una burbuja, viviendo en un mundo de fantasía o tal vez he sido privilegiada por tener unos maestros especiales. Pero yo, lo único que he aprendido –que me han enseñado- en mi vida como católica es a AMAR a María. Jamás he escuchado de mis maestros que hay que adorarla, jamás he aprendido que es igual que Dios; nunca me han dicho ni instruido en que debo arrodillarme ante ella; en ninguna ocasión he escuchado que me digan que es ella la que concede los milagros. Lo único, lo ÚNICO que he aprendido es a AMARLA. Y si su ejemplo no fuera suficiente, si su ternura, su fuerza, su valentía, su amor, su sufrimiento, su silencio, su entrega, su fe, no fueran suficientes, habría algo que nadie debería atreverse a contradecir: EL AMOR DEL PADRE. 



Si Dios consideró que esa mujer era suficientemente buena, limpia, merecedora de llevar en su vientre a Su Hijo; si le tuvo el respeto suficiente como para enviar a su Ángel a anunciarle lo que tenía planeado para ella, ¿quién soy yo? ¿Quién soy yo para no respetarla, amarla, venerarla por el simple y sencillo hecho de que Dios Padre lo hizo antes que yo?

¿O tendremos que asumir que Dios utilizó a María como un envase desechable en donde albergó a Jesús durante nueve meses y después se olvidó de ella para dejarla vivir en el olvido y sin que su participación en ese misterio de la Encarnación tuviera mayor relevancia? No sé, me cuesta pensar en un Padre “utilizador” y “desechador”.

No lo sé, no lo sé. Supongo que en parte es “culpa” de todos aquellos que se dejan arrebatar por el amor al grado de hacer cosas “raras” que no están dentro de las enseñanzas de la Iglesia. Pero me da tristeza, porque ha nublado la mente, el entendimiento, la caridad, el amor y la comprensión de muchos que nos juzgan y hasta nos condenan a todos por igual.

Yo no puedo concebir el ser cristiana, sin amar a María. A nadie le gusta que le insulten a su madre, ¿le gustará a Jesús?

"...porque ninguna cosa es imposible para Dios" (Lc. 1, 37)

 Imagen tomada de:
 http://odresnuevos.wordpress.com/2012/03/26/la-anunciacion/

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