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sábado, 26 de septiembre de 2009

VIDAS PROTEGIDAS



Es admirable lo que cientos de organizaciones hacen para proteger a las especies animales en extinción. Me gusta, lo admiro; alguna vez he participado con donaciones ecnómicas y he asistido a charlas o conferencias. Creo que es un deber hacer todo lo que esté en nuestras manos para cuidar este mundo que Dios nos regaló y que nos entregó para que lo cuidaramos. Somos los adminbistradores de la creación y debemos hacer lo que podamos para preservar las especies tanto animales como vegetales, pues cohabitan y se relacionan de manera simbiótica con nosotros.
Los gobiernos se paran el cuello y presumen ante los otros gobiernos del mundo cuando tienen números a favor acerca de las especies que se protegen, de aquellas que han salido del peligro de extinción gracias a los programas, leyes y reformas que se han implementado para que se les reconozcan como defensores y preservadores de la ecología.
Sin embargo, hay cosas que no se entienden; una vez más pienso que vivimos en el mundo del revés, una vez más me siento atrapada en el cuento de Alicia en el país de las maravillas, donde lo pequeño se hace grande y lo grande se hace pequeño. Y no es que menosprecie la fauna y la flora, sino que me parece que de nada servirá tanto animal y vegetales hermosos, si los seres humanos no nos respetamos, preservamos y protegemos entre nosotros mismos.
Cada vez más gobiernos en el mundo, esos que se ponen la camisa verde y luchan por el medio ambiente, tambien se manchan las manos de rojo, de sangre inocente que vale mil veces más que un panda, un horangután o un beluga.
Viví 5 años en un país donde se transmitían con cierta regularidad reportajes acerca de la caza clandestina y criminal de focas y ballenas, para concientizar a la población sobre este ecocidio y la gente se horrorizaba y hasta lloraba cuando se les entrevistaba para pedir su opinión. Sin embargo, el dia en que por primera vez la enfermera me corroboró el embarazo de mi segunda hija, no tuvo el más mínimo empacho y ni siquiera parpadeó cuando me preguntó: "¿Lo quiere tener?"
¿En qué mundo vivimos, por piedad?

 
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