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sábado, 10 de julio de 2010

LO VIO. . . Y PASO DE LARGO.


El gran pecado de OMISION del que nos confesamos al comenzar la misa, sobre el que reflexionamos tan poco y del que, por consiguiente, nunca nos acabamos de corregir.
Por ejemplo:
- ver en apuros a nuestros hermanos… y “fingir demencia”.
- mirar a la madre o a la esposa abrumada de trabajo en la casa…. Y seguir leyendo el periódico o viendo la televisión.
- pasar junto a aquella persona a la que se la ha descompuesto el auto y “seguirnos de largo”, sin preguntar siquiera qué se le ofrece.
- contemplar a la gente haciendo “colas” (y corajes) interminables frente a nuestra ventanilla o mostrador… y seguir charlando con el “cuate” o la “cuata” de la oficina.
- presenciar cómo se calumnia o se difama a un ausente… y no decir “ni pio”.
- saber que algún familiar o amigo o compañero de trabajo se encuentra en algún problema económico o legal… y “hacerse el loco”.
- abstenerse de participar activamente en las elecciones, por ejemplo, en las que se juega el destino de todos.
- ante cualquier dificultad, en la que otro se encuentra, y que quizá nosotros podríamos ayudar a resolver, y exclamar filosóficamente: “ese no es mi problema” o aclarar teológicamente (lo que es peor): “Yo no soy la Divina Providencia”, porque si es verdad que no lo somos, sí somos los instrumentos de los cuales se vale Dios para mostrarse.

Tomado del Misal Anual 2010
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