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miércoles, 23 de abril de 2014

EL BUSCADOR

Esta es la historia de un hombre que yo definiría como un buscador ... Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.

Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debería ir a la ciudad deKammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, de modo que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó a lo lejos la ciudad de Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores bellas. La rodeaba por completo una especie de valla de madera lustrada ... Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.

De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y caminó lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió sobre una de las piedras, aquella inscripción:

"Aquí yace Abdul Tareg. Vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días"

Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lapida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado tenía también una inscripción. Se acercó a leerla; decía:

"Aquí yace Yamir Kalib. Vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas."
El buscador se sintió terriblemente abatido. Ese hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una leyó las lapidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

Pero lo que más lo conecto con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años. Embargado por un dolor terrible se sentó yse puso a llorar. El cuidador del cementerio, que pasabapor ahí, se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

"No, ningún familiar" dijo el buscador. ¿Qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa terrible hay en esta ciudad?¿Porqué tantos niños muertos enterrados en este lugar...?¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente que los ha obligado a construir un cementerio de niños...?"

El anciano respondió:

"Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que sucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré ...Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta como ésta que tengo aquí colgando del cuello. Y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella, a la izquierda, qué fue lo disfrutado y a la derecha, cuánto tiempo duro el gozo. "Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿una semana..? ¿dos.? ¿tres semanas y media...? Y después, la emoción del primer beso, la fiesta de bodas, ¿cuánto duró la alegría del matrimonio?¿dos días...? ¿una semana..? ¿Y el casamiento de sus amigos...? Y el viaje mas deseado...? ¿Y el encuentro con quien vuelve de un país lejano..? ¿Cuánto tiempo duro el disfrutar de esas sensaciones...? ¿Horas..? ¿días...?

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos. Cuando alguien muere es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo anotado, para escribirlo sobre su tumba, porque es, amigo caminante, el único y verdadero tiempo VIVIDO."
 
Jorge Bucay

miércoles, 26 de marzo de 2014

ANIMARSE A VOLAR

..Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.
-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.
-Ven – dijo el padre.

Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás...
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?
-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.
Los más pequeños de mente dijeron:
-¿Estás loco?
-¿Para qué?
-Tu padre está delirando...
-¿Qué vas a buscar volando?
-¿Por qué no te dejas de pavadas?
-Y además, ¿quién necesita?

Los más lúcidos también sentían miedo:
-¿Será cierto?
-¿No será peligroso?
-¿Por qué no empiezas despacio?
-En todo casa, prueba tirarte desde una escalera.
-...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó...
Desplegó sus alas.
Las agitó en el aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra.

.. Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno... – lloriqueó.
-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.
Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar.

Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.
Si uno no quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.

Jorge Bucay

 Lo que me enseña a mí:

1. Que me falta algo de camino para actuar igual que este padre con su hijo: enseñar a volar a los míos.
2. Que para aprender a volar no solo es requisito ser joven. Habemos muchos adultos y hasta ancianos que no supimos iniciar el vuelo y correr los riesgos necesarios en su momento.
3. Que a veces lo que digan los demás es mas fuerte que lo que diga quien más me quiere.

¿Y tú? ¿Te animas a poner más números?

martes, 4 de marzo de 2014

♫ QUIEN PIDE, RECIBE ♪

La oración de una madre es poderosa. Si lo sabré yo . . . .

Canción: Quien pide, recibe.
Intérprete: Roberto Ramírez


domingo, 2 de febrero de 2014

APRENDICES DE JESÚS, una aventura de altura -y de frío-

El pasado 6 de diciembre me tocó presenciar el nacimiento de un nuevo grupo juvenil. Fui invitada por una amiga a la ciudad de Toluca, para ir a servir a un retiro de jovenes en la casa de los Cursillistas. La mencionada ciudad queda a unos 700 kms. de distancia, con sus "hermosos" 2663 metros sobre el nivel del mar -al que vivo yo- , y ya ni mencionemos la temperatura a la que estuvimos, donde alcanzamos, la segunda noche unos redonditos 0 grados centígrados. No es que todo esto sea muy importante a nivel espiritual, pero de alguna manera se quedó "grabado en nuestras mentes"  :)
Desde que me invitaron (unos 4 meses antes), sentí mucha emoción, pues tenía tiempo de no asistir a un retiro y mucho menos con jovenes, pero tenía toda la confianza de que ésto es asunto de Dios y Él pondría los medios para que todo saliera bien.
Mi trabajo -y el de otra amiga que también fue invitada a ir- era solo en el nivel "musical". Fuimos invitadas para tocar guitarra y cantar las canciones que durante tantos años interpretamos en el grupo juvenil al que pertenecimos. 
No haríamos nada más que evangelizar cantando.






La experiencia fue buena en general. Lógicamente hubo cosas a nivel logístico que pudieron -y podrán- salir mejor, pero todo lo que Dios planeó, salió a pedir de boca.
Ahora los chavos están trabajando para establecer con solidez este nuevo grupo APRENDICES DE JESÚS en su parroquia y las noticias que voy teniendo de ellos por medio de Facebook, me indican que todo va viento en popa.



Aunque estoy lejos y poco pude convivir con la mayoría de los jovenes, siento mucha ilusión de ver los inicios de algo que, si Dios quiere, será para Gloria Suya, y que deseo con todo el corazón, sirva para dar un poco de esperanza, luz, guía y seguridad a muchos jovenes que, en estos días, necesitan tanto.

 
Gracias a Dios, a Sara que me invitó y a la Diócesis de Toluca, representadas en el Padre Manuel, guía espiritual del grupo, por haberme permitido vivir esta experiencia.
Y a todos los chicos, aunque probablemente no me lean, los llevo en mi corazón y en mis oraciones.


Postales
 
Ya cuando salimos del retiro, Dios nos regaló una postal, de esas que solo Él puede diseñar y acá se las comparto. Un atardecer de fuego que luchaba contra las nubes para poder brillar con todo su esplendor.




Aca una foto con la familia de mi amiga que tan amablemente nos alojó por esos dias.





Y finalmente, ya desde el autobús, de regreso a casa, una de las muchas fotos que tomé del campo mexicano. Es una delicia ver la vegetación, los bosques que todavía existen. Los colores, el sol, las nubes, el cielo. En fin, una experiencia redonda la que tuve en Toluca.


lunes, 21 de marzo de 2011

POR EL RECUERDO DE CARLOS

Hoy 21 de marzo, se cumple un aniversario más de uno de los momentos más difíciles que me ha tocado vivir.
Un día como hoy, pero de 1993, un grupo de amigos y yo, nos encontrábamos en una población cercana a nuestra ciudad, haciendo una labor que correspondía al grupo parroquial al que pertenecíamos. Muchos jóvenes y adultos de esa población se encontraban en una convivencia (especie de retiro que organizábamos para dar a conocer a Jesús). Una de las actividades que se hacían ahí dentro era que los conviventes escribieran una carta a sus parientes diciendo todo lo que estaban viviendo y aprendiendo ahí dentro. El asunto es que nosotros llevábamos esas cartas y además, acostumbrábamos llevar de regreso una respuesta para ese convivente.
En esa actividad nos encontrábamos todos (alrededor de 15 amigos) en Cotaxla, cuando, después de comer, a alguien se le ocurrió la idea de ir al río a refrescarnos un poco. Todos los que estábamos en ese momento estuvimos de acuerdo, aunque, desgraciadamente, las mujeres no podíamos meternos a nadar, puesto que no llevábamos ropa adecuada para hacerlo, mientras que los chicos lo único que tenían que hacer era quedarse en shorts y disfrutar del agua.
Para nadie fue necesario ponerse a pensar si estábamos haciendo bien o no. Al fin jóvenes, pensamos que era algo inofensivo, solo para divertirnos un poco mientras esperábamos el momento adecuado de regresar al puerto a llevar las respuestas a los conviventes.
Todos comenzaron a meterse al rio, mientras nosotros nos quedábamos fuera, esperando a que pasara el tiempo. Apenas unos minutos después, los que estaban del otro lado  y que ya habían atravesado el río, comenzaron a gritarnos y hacernos señas, preguntando si sabíamos dónde estaba Carlos.
De nada sirvió buscar, gritar, amenazar (Carlos era muy bromista y a veces había que hablarle fuerte para que se aplacara), volver a buscar y gritar. Carlos simplemente no aparecía. Uno de los chicos que iba con nosotros, oriundo de esa población estaba realmente preocupado, puesto que el rio tenía fama de “violento” y mandó a traer a otro joven que conocía bastante las corrientes y el fondo de dicho rio.
En verdad no fue mucho el tiempo que pasó, simplemente fue suficiente. Encontraron a Carlos enredado entre las raíces de los árboles que se encuentran en las orillas del rio. Sin vida, por supuesto.
Aún ahora, 18 años después, no logro ser capaz de describir la desesperación tan grande que se siente cuando vez la vida de un ser querido escaparse de esa manera tan estúpida y tan repentina, y sobre todo, provocada por la inmadurez y la irresponsabilidad tan grande de parte de todos nosotros.
Todos los que estaban del otro lado del río gritaban y gritaban que fuéramos por el doctor, que tomáramos la camioneta y fuéramos a buscar al doctor. La frustración tan grande que sentí en ese momento, todavía me cimbra desde dentro: no sabía manejar vehículos standard y no podía tomar la camioneta para ir por el médico.
Enfrente todos apurados, pensando que todavía se podía hacer algo. De este lado, las mujeres sin poder hacer nada, gritando histéricas para saber qué había sucedido y cómo estaba Carlos. De pronto alguien dijo: ¡atraviesen el puente!
La carrera a lo largo del puente se me hizo eterna, me sentía tan sola mientras corríamos por ahí (supongo que mis compañeras se sentían igual). Pensaba en Carlos, en su mamá que estaba enferma, en lo que le íbamos a decir; en el párroco y en el guía del grupo, que de alguna manera también eran responsables de todos nosotros. Pensaba en los otros compañeros que también iban con nosotros pero en otro vehículo y se encontraban del otro lado del pueblo. Pensé en cómo íbamos a avisar a Veracruz, a quién le iba yo a hablar para avisarle, cómo lo iba a hacer. . . .  Pensé en mil cosas mientras corríamos por el maldito puente que se me hizo eterno.
Cuando llegamos del otro lado, todos los muchachos estaban desencajados, llorando maldiciendo, recriminándose para sus adentros. Carlos estaba recostado en la orilla del rio, sobre muchas de las mismas raíces que le costaron la vida. La gente de alrededor, como si estuviera acostumbrada, ya había traído una sábana y una veladora que pusieron a los pies de Carlos.
Todo era tan surrealista, parecía un mal sueño. Necesitaba que en esos momentos llegara alguien, quien fuera, a despertarme de esa pesadilla que no sabía ni de dónde había salido.
El doctor llegó, el Ministerio Público también. Solo para certificar lo que ya todos sabíamos: Carlos había muerto. Lo que había comenzado como parte de una actividad hermosa que siempre realizamos con gusto por los conviventes que estaban conociendo a Cristo, se volvió de pronto en una pesadilla negra, negra.
No recuerdo cómo fue que llegó la ambulancia, ni cómo subieron a Carlos a ella. Lo único que recuerdo es haber llegado a la caseta del teléfono para hacer la llamada que nadie quería hacer. Tuvimos que llamar a Veracruz, al negocio de un amigo del grupo, para pedir que fueran a llamar a Patty, la chica que en esos momentos era la cabeza del grupo de jóvenes. Todavía no sé de dónde saqué las palabras, el aire, ni siquiera la saliva para mojar mi garganta y atinar a decir algo coherente.
Este ha sido el cortejo fúnebre más largo, más triste y más pesado al que he asistido en mi vida. Los autos detrás de la ambulancia, los rostros desencajados, desmoralizados y demolidos. 15 jóvenes de entre 17 y 25 años, desorientados, sin atinar a saber si teníamos culpa de lo sucedido, si podíamos haberlo evitado, sin saber en qué momento debíamos haber dicho que no. ¿Cuántos habrán pensado “pude haber sido yo”?
El traslado a la morgue, y después cada uno para su casa, solo para cambiarse e irse al velorio de nuestro amigo y afrontar a la familia. Una noche muy larga.
Hubo quien nos echó la culpa de lo sucedido. Yo creo que también fue parte de la frustración que sentía en ese momento. Yo pienso que la responsabilidad de lo sucedido la tenemos todos, pero hablar de culpa nunca me pareció correcto. Al fin y al cabo, si lo que querían era hacer que cargáramos con la losa para siempre, pues no había mucho que hacer. Por lo menos yo, la cargo desde ese mismo día y jamás ha habido nada que aligere por lo menos un poco ese peso.
Por eso sufro con mis alumnos, con mis sobrinos, con los jóvenes en general que creen que tienen la vida comprada y avanzan por ella como si nada les pudiera pasar, como si nada pudiera pasarle a su compañero. Manejando sus vehículos a altas velocidades sin pensar en las vidas que están en juego ni en las consecuencias de un acto infantil que sólo vale por un momento.
A mí me costó muy caro aprenderlo. La vida de un ser humano.
A tu recuerdo Carlos.

domingo, 13 de marzo de 2011

5. PARA FORTALECER LA VOLUNTAD

5. Ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios.
 Benedicto XVI

Hoy nos decía el padre en la misa, que debemos someter al cuerpo de vez en cuando, para fortalecer nuestra voluntad.
Y supongo que cada vez ha de ser mas difícil esto, puesto que vivimos inmersos en una cultura de libertinaje y autosatisfacción, en donde todo el mundo te dice: "No te limites, haz lo que tú quieras y cuando tú quieras, que para eso eres libre". Y no nos damos cuenta que luego, cuando estamos tan acostumbrados a obtener todo lo que queramos, llegará un momento en lo que nada nos satisfaga. Y eso lo podemos ver en muchos de los jóvenes de hoy, a los que nada les cuesta trabajo, porque todo se los dan y que nada valoran por la misma razón, pero a los que cada vez les es mas difícil encontrar algo que verdaderamente les llene el espíritu.
Hay que enseñarnos a nosotros mismos a ponernos límites, a privarnos de vez en cuando de las cosas que nos gustan, para fortalecer nuestra voluntad y hay que enseñarles lo mismo a nuestros hijos, esa es la mejor manera de evitarles sufrimientos futuros y no darles y cumplirles todos sus caprichos como erróneamente pensamos.

jueves, 24 de febrero de 2011

PERTENENCIA

El sentido de pertenencia es importante para cualquier ser humano. Pero cuando se trata de niños o adolescentes es aún más importante fomentarlo, hacerlo ver y remarcarlo.
Sentir que uno pertenece a una familia, a una sociedad, a una escuela, a una nación, crea seguridad, responsabilidad, lazos que si se saben respetar resultan bases de una buena formación para los chicos.
Aun cuando nos veamos en la desafortunada situación de un divorcio o separación de los padres, si fomentamos la pertenencia de nuestros hijos a una familia a pesar de los pesares que se respeta, que se quiere y que se preocupa por ellos mas allá de los nuevos integrantes, eso forzosamente desemboca en una manera de vivir más tranquila para el muchacho.
Pero si lejos de ello, no nos preocupa en absoluto integrar a nuestros hijos a una nueva familia, con nuevos hermanos. Si permitimos que crezcan como desconocidos, como extraños e incluso permitimos que haya rencillas, envidias, celos, tarde o temprano el chico siente que no hay nada que lo ancle a una familia. Por eso no valora lo que tiene cuando se casa, cuando tiene sus propios hijos, cuando tiene una esposa a la que debe respetar.
No nos extrañe entonces que no respondan con solidaridad cuando la familia se ve en problemas delicados. No nos sorprenda cuando no apoye a su madre o padre cuando lo necesite o cuando ni se entere de lo que sucede con sus hermanos.
Para que el chico desarrolle un sentido de pertenencia saludable, debemos darle tiempo suficiente para ello. El muchacho jamás desarrollará un sentido de pertenencia a una escuela, si apoyamos cómodamente, justificamos o hasta provocamos que cambien de escuela en cada ciclo escolar solo porque el chico reprobó algunas materias, porque no le cae bien su profesor o porque nunca se llevó del todo con sus compañeros. No nos extrañe entonces cuando en el empleo no se comprometa con su empresa, no “se ponga la camiseta” para responder en ella, para hacer equipo, para velar por los intereses de todos y no solo los propios.
El chico debe tener la oportunidad de fomentar amistades duraderas, de conocer e interactuar con sus maestros durante periodos largos que incluyan además de clases, eventos deportivos, culturales o recreativos que generen una relación más firme con adultos a cargo de ellos. Debe tener la oportunidad de representar a su escuela, de participar en concursos, encuentros, competencias deportivas que le generen interés por apoyar, o representar a SU institución. Pero si a la primera dificultad le permitimos cambiar de escuela, bajo la amenaza y condición (por parte del chico, claro) de que estudiará más o mejor, ayudamos a que se adelgace esa capa de pertenencia que está en pleno desarrollo. Por eso, aunque aparentemente el chico obtiene muchas amistades, conoce personas distintas, etc. la realidad es que no está fomentado amistades ni relaciones duraderas.
Valdría la pena preguntarse si también estamos haciendo lo mismo con nuestros hijos en relación a la religión. ¿Realmente pertenecemos a la religión que decimos seguir?