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sábado, 6 de abril de 2013

EL TESORO DE CAMINO



Ahora que el pasado 2 de abril estuvimos recordando el DIA MUNDIAL DE CONCIENCIACIÓN SOBRE EL AUTISMO, me vino a la memoria en grupo al que pertenecí de forma muy breve, solamente acudí a dos campamentos. Sin embargo, la experiencia se me quedó marcada en el corazón hasta la fecha.
No tengo idea si en otras partes del mundo se hagan este tipo de campamentos, pero a mí la idea se me hacía genial.
Eran campamentos para niños desde 0 años hasta 10 o 12 tal vez, no recuerdo si había límite de edad, pero lo particular de éste era que en el mismo campamento acudían niños regulares junto con niños especiales, con capacidades diferentes. No quiero nombrar ninguna característica en particular, porque me declaro ignorante en este tema y puedo cometer algún error que no quisiera, pero por supuesto que entre ellos había autistas. Esto se hacía con la finalidad de integrar a los niños y relacionarlos en una convivencia de tres días en donde teníamos juegos, actividades, competencias, etc. Todos los niños aprendían a convivir con sus pares, sin importar diferencias y aprendían a ayudarse y respetarse entre sí.
El grupo surgió de la idea de un matrimonio que había pertenecido al grupo parroquial donde estaba yo, ellos eran los tíos Laura y Carlos.
CAMINO era el nombre de este grupo y como dije antes fue una de las experiencias tal vez más breves, pero más enriquecedoras de mi vida.
En estas imágenes que les muestro hoy, que son las únicas que pude rescatar de todo lo que se me echó a perder con el tiempo, se muestra un poco del tema que llevamos en esa ocasión LOS JUEGOS OLÍMPICOS.


Recuerdo que esa noche “desfilaron” los equipos disfrazados según el país que se había escogido y realizaron un baile representativo.

Este es mi equipo, un gran equipo diría yo.

Tengo un recuerdo entrañable de Armando, el que lleva la playera de USA, cuya situación nunca le impidió acordarse de mí cada vez que lo veía, aunque hubieran pasado muchos meses. Es sobrino de una amiga mía y realmente lo llevo con mucho cariño en el corazón.
También me acuerdo con mucho cariño de Lorenzo, el chico de rojo en el extremo izquierdo, al que le gustaba mucho morder y había que estarnos cuidando nosotros mismos y cuidando a los demás chicos. Era muy travieso, porque le daba mucha risa cuando saltábamos para quedar fuera de su alcance; claro que no podíamos hacer otra cosa más que reír con él al fin y al cabo.
Pero la nota particular llegó de otro lado.
Recuerdo que la segunda noche se realizó una actividad acerca de buscar un tesoro o algo parecido, los servidores del equipo (los jóvenes que los cuidábamos) llevábamos a todos los niños tomados de la mano a través de unos médanos cercanos (dunas). Mientras buscábamos el tesoro, yo les iba diciendo que tuvieran cuidado donde pisaban y que observaran muy bien a su alrededor. Como íbamos jugando y diciendo bromas, se me ocurrió preguntarles a los que iban junto a mí si no tenían miedo. El primero dijo que tal vez nos podía salir un lobo, pero el segundo –ese pequeñito que se ve al centro, atrás de la silla, que se suponía era tímido y no hablaba casi nada ni con nadie-, de repente habló, y muy serio él nos dijo que no había por qué tener miedo, porque Dios nos cuidaba siempre y que Él iba con nosotros.
De más está decir a los que me conocen, que no pude contener las lágrimas. Un pequeñito como él, me vino a enseñar esa noche estrellada, en medio de la nada, que no hay momento alguno en el que yo deba tener miedo. Por supuesto que hallamos el tesoro ¡Oh sí!, lo hallamos antes que nadie, “el tesoro” en el corazón y la sabiduría de ese niño que tenía problemas para hablar, pero que no dudó en hacerlo bien y para siempre.

jueves, 24 de febrero de 2011

PERTENENCIA

El sentido de pertenencia es importante para cualquier ser humano. Pero cuando se trata de niños o adolescentes es aún más importante fomentarlo, hacerlo ver y remarcarlo.
Sentir que uno pertenece a una familia, a una sociedad, a una escuela, a una nación, crea seguridad, responsabilidad, lazos que si se saben respetar resultan bases de una buena formación para los chicos.
Aun cuando nos veamos en la desafortunada situación de un divorcio o separación de los padres, si fomentamos la pertenencia de nuestros hijos a una familia a pesar de los pesares que se respeta, que se quiere y que se preocupa por ellos mas allá de los nuevos integrantes, eso forzosamente desemboca en una manera de vivir más tranquila para el muchacho.
Pero si lejos de ello, no nos preocupa en absoluto integrar a nuestros hijos a una nueva familia, con nuevos hermanos. Si permitimos que crezcan como desconocidos, como extraños e incluso permitimos que haya rencillas, envidias, celos, tarde o temprano el chico siente que no hay nada que lo ancle a una familia. Por eso no valora lo que tiene cuando se casa, cuando tiene sus propios hijos, cuando tiene una esposa a la que debe respetar.
No nos extrañe entonces que no respondan con solidaridad cuando la familia se ve en problemas delicados. No nos sorprenda cuando no apoye a su madre o padre cuando lo necesite o cuando ni se entere de lo que sucede con sus hermanos.
Para que el chico desarrolle un sentido de pertenencia saludable, debemos darle tiempo suficiente para ello. El muchacho jamás desarrollará un sentido de pertenencia a una escuela, si apoyamos cómodamente, justificamos o hasta provocamos que cambien de escuela en cada ciclo escolar solo porque el chico reprobó algunas materias, porque no le cae bien su profesor o porque nunca se llevó del todo con sus compañeros. No nos extrañe entonces cuando en el empleo no se comprometa con su empresa, no “se ponga la camiseta” para responder en ella, para hacer equipo, para velar por los intereses de todos y no solo los propios.
El chico debe tener la oportunidad de fomentar amistades duraderas, de conocer e interactuar con sus maestros durante periodos largos que incluyan además de clases, eventos deportivos, culturales o recreativos que generen una relación más firme con adultos a cargo de ellos. Debe tener la oportunidad de representar a su escuela, de participar en concursos, encuentros, competencias deportivas que le generen interés por apoyar, o representar a SU institución. Pero si a la primera dificultad le permitimos cambiar de escuela, bajo la amenaza y condición (por parte del chico, claro) de que estudiará más o mejor, ayudamos a que se adelgace esa capa de pertenencia que está en pleno desarrollo. Por eso, aunque aparentemente el chico obtiene muchas amistades, conoce personas distintas, etc. la realidad es que no está fomentado amistades ni relaciones duraderas.
Valdría la pena preguntarse si también estamos haciendo lo mismo con nuestros hijos en relación a la religión. ¿Realmente pertenecemos a la religión que decimos seguir?

martes, 18 de mayo de 2010

DESIERTO


El sábado pasado asistí a la última reunión del grupo de Talleres de Oración y Vida en el que estuve participando por 15 semanas. Esta especie de retiro se llama “Desierto” y aunque los años de experiencia que tengo en retiros y convivencias gracias al grupo juvenil parroquial al que pertenecí me sugerían de qué se trataba ésta última actividad, debo reconocer que no me esperaba lo que iba a experimentar.
Tal como se los dije al final a los compañeros, yo había tenido experiencias diferentes en retiros, escuchando pláticas y reflexiones; en congresos con celebraciones y oraciones especiales; en grupos de oración, etc. pero esto de quedarme completamente a solas con el Señor, durante más de 4 horas, fue totalmente nuevo para mí.
Mi vida ha sido un caminar interminable en el aprendizaje de la oración. Encontrar el modo correcto de comunicarme con mi Padre ha sido un constante buscar, practicar, crecer, tropezar, luchar, perseverar, tirar la toalla, dejarse vencer. Pero en todos estos momentos de búsqueda nunca había pasado más de dos horas, acompañada y, si acaso, una hora en soledad.
Recuerdo que cuando nos dijeron que nos apartáramos y que regresáramos al salón principal en cuatro horas, yo pensé: “¡Caramba! ¿Qué voy a hacer tanto tiempo sola?, ¡Me voy a dormir!” Curiosamente, a la hora de la retroalimentación, varias compañeras más pensaron lo mismo a la hora de retirarse.
Sin embargo, nadie se durmió, nadie se aburrió, nadie se quejó. A mí tuvieron que irme a buscar, porque el tiempo se me fue volando e incluso no alcancé a terminar lo que tenía planeado. Una compañera ni siquiera comió, porque no se dio cuenta de cómo había pasado el tiempo.
Definitivamente, una experiencia nueva y enriquecedora para mí, que ha dejado huella imborrable.
Gracias a mi Padre Amoroso por este taller y por este desierto en Su compañía.

viernes, 27 de noviembre de 2009

EL DULCE ENCUENTRO QUE ME CAMBIÓ

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Señor permite que te hable hoy
Del dulce encuentro que me cambió
La hora feliz en que yo escuché
Tus palabras de amor.

El más hermoso recuerdo que tengo de mi vida, cumple el día de hoy 23 años. El día en que conocí a Cristo.

Corría la segunda mitad de la década de los 80 cuando vivía yo una de las etapas más difíciles de mi vida: la adolescencia. Siempre fui una niña rebelde, pero en estos años la rebeldía se acentuó más todavía y aunque gracias a Dios nunca caí en cosas como el alcohol, tabaco o drogas, sexo y asuntos por el estilo, mi manera de comportarme no dejaba muchas cosas claras para mis padres. A mí lo único que me mataba era el relajo. Podía quedarme hasta altas horas de la noche platicando en casa de alguna amiga, o charlando por teléfono. Era de esas chicas que pensaban que siempre serían jóvenes y que sus padres durarían por siempre para mantenerla con todos los lujos y necesidades al alcance de la mano. Mi habitación era un desorden, mis estudios eran un desorden, mi vida era un desorden.

Escapaba de casa tarde por las  noches, cuando ya mis padres dormían, para ir a bailar a una discoteque. Me encantaba bailar, pero no podía conseguir los permisos por la buena porque a mis padres simplemente no les gustaban los amigos con los que salía. Mi mejor amigo era homosexual. Y aunque ni él ni nadie me faltaron al respeto una sola vez, nunca me ofrecieron nada, nunca me obligaron a nada, ni quisieron darme a probar cosa alguna; aunque me cuidaban y me protegían, y ESTE amigo en particular siempre fue una buena persona. La realidad es que los medios en los que nos desenvolvíamos no eran los mejores que digamos.
Los enfrentamientos con mi madre eran cada vez más fuertes, más agresivos, más ofensivos. Ella no podía entender que mi corazón no podía hacer diferencias con mi amigo, que era una gran persona. Y yo no podía entender su preocupación ni sus prejuicios.

Un buen día, llegó un primo mío Adrian, acompañado de Roberto, un amigo suyo, para invitarme a asistir a una Convivencia.
-¡Qué demonios será eso!- pensé.
-Es un lugar donde te vas a encontrar con muchos jóvenes, te vas a divertir y vas a aprender muchas cosas bonitas, no puedo decirte mucho más.
-¿Se trata de cosas de la Iglesia?  No gracias.

Este fue el inicio de un calvario para mi primo Adrián que duró más de un año. Regresaba cada dos o tres meses a pasar por el mismo dialogo y alguna que otra cara grosera porque venía a sacarme de mis importantes actividades como dormir, escuchar música, leer, hablar por teléfono con algún amigo, etc. el asunto es que Adrián se cansó y no regresó más, y cuál no sería mi sorpresa al darme cuenta al poco tiempo que el amiguito ese que le acompañaba, el tal Roberto había aceptado la estafeta y tomado gratis la responsabilidad de ir cada poco tiempo a hacer la dichosa invitación.
Ya lo alucinaba, con él sí me portaba más grosera porque él no era nadie de mi familia, no lo conocía y no quería conocerlo. Sus discursos acerca de la familia, la relación con Dios y el vivir una vida mejor me tenían harta y aunque no lo recuerdo con claridad, no dudo ni tantito que algún día le haya yo dicho algo insultante. El asunto es que él también se dio por vencido y nunca más regresó.
Era un frío día a principios de noviembre. Un domingo por la tarde me dirigía a la casa de una prima a bordo de un autobús, cuando me di cuenta que en el asiento de adelante iba Roberto. Mi reacción normal, (de haber sido yo) hubiera sido levantarme con sigilo e irme a un asiento trasero, lejos de él. Pero esa vez hubo algo que me arrastró y no dejó que hiciera lo que decía mi instinto.
-¡Hola!- saludé
-¡Hola! ¿Cómo estás?
-Bien. Oye ¿hay alguna convivencia pronto?­- así, a bocajarro, sin decir “agua va”. Hasta yo misma me sorprendí, no sentí que esas palabras estuvieran saliendo en realidad de mi boca. Y el pobre de Roberto, creo que ha de haber pensado “esta chica está bien loca, quién sabe si nos convenga tenerla en la Convi”.
-Sí –dijo él- el último fin de semana de noviembre, precisamente vengo de realizar las inscripciones, pero ya no hay lugar.
-Mmmhh, bueno ya ni modo.
-¿Querías ir?
-Sí.
-Deja ver si hay una cancelación y te aviso.
-Inscríbeme de una vez, en cuanto puedas.
-O.K.  – y se bajó del colectivo-
No podía creer en lo que había hecho. De manera natural soy muy tímida y no acostumbro hablarle a las personas así, a las que no conozco. Pero ese día fue algo o alguien más quien lo hizo.

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El jueves 27 de noviembre de 1986 a las 7 de la noche estaba yo ingresando a La Casona. Lugar donde se realizaban muchos de los retiros, convivencias, encuentros que organizaban los grupos parroquiales de la ciudad.
Desde el primer momento fue algo especial para mí. Había muchos jóvenes, pero también adultos. Muchos de ellos, los de casa digamos, tenían las caras radiantes, cantaban con guitarras, aplaudían, platicaban con personas que nunca habían visto en su vida. Sin saber por qué, desde el primer momento sentí que yo pertenecía a ese lugar.
Nunca volví a salir de ahí. Asistí a muchas convivencias más, ahora como servidora. Aprendí a tocar guitarra, me integré al coro de la parroquia, comencé a asistir a misa cada domingo. Me convertí en dirigente de ese grupo y durante 14 años no me separé de él (ni de ÉL).
En ese grupo conocí a mis mejores amigos (amigos hasta la fecha), conocí al que hoy es mi esposo, supe lo que era un Grupo de Oración y me enamoré de ese proyecto. Luché con otros compañeros para construir e integrar un grupo de adultos, con convivencias exclusivas para adultos. Y bueno, también viví algunas adversidades, pero de esas no quiero acordarme hoy.
He vivido dos experiencias parecidas, una antes y otra después de aquel fin de semana de noviembre, en grupos o movimientos reconocidos internacionalmente, pero por desgracia no se le ha acercado siquiera a la experiencia que viví en el Grupo de Convivencias. No voy a mencionar el nombre de los movimientos por respeto a todos los que han encontrado ahí su experiencia de Dios. Por desgracia, mi grupo nunca tuvo la bendición de convertirse en “movimiento” debido a muchas diferencias, envidias y cosas raras que venían de fuera y que no voy a mencionar hoy pues ha pasado mucho tiempo y no resuelve nada.
Hoy estoy de fiesta y nunca terminaré de agradecerle a Dios el que me haya guiado hasta este grupo donde fui tan feliz y de donde tengo los recuerdos más lindos de mi vida.

Elegidos del Señor, todos somos a la vez
Tú y yo, él también, nuestras vidas ya cambió.
Conocemos ya al Señor, 
agradecidos siempre estaremos
Con Cristo amigo y contigo mi Dios.
Gracias por Tu amor, gracias por escucharnos,
Gracias por perdonarnos, alabado sea el Señor.





miércoles, 9 de septiembre de 2009

EN LA MISMA RED


“Hace muchos años tuve la oportunidad de ver a un pescador revisando su red cargada de peces; algunos los azotaba contra la arena porque eran malos –decía él; otros los regresaba al mar para que crecieran pues aún eran pequeños; y los últimos los llevaba a su hogar, pues eran los mejores para el alimento”.
Durante los años que he tenido la oportunidad de navegar en Internet, me ha tocado visitar cientos de sitios que han ido sembrando en mí cierta inseguridad y paranoia. En muchas ocasiones me he sentido desolada ante tanta basura que se puede encontrar en el ciberespacio. Cuando escuchas en las noticias que los secuestradores y asesinos utilizan los datos que los chicos suben a MySpace, Twitter, Netlog, etc. Cuando te enteras de la manera en que los pederastas y acosadores sorprenden a los adolescentes por medio del chat. Cuando tienes conocimiento de la pornografía infantil, los hackers, los sitios fraudulentos, los spammers, etc., y tantas y tantas cosas que seguramente invadirán esta mágica red virtual que a veces parece una maldición, de repente, al tratar de construir un simple blog donde escribir anécdotas, comentarios, reclamos y cuanta cosa se fuera generando en mi cabeza loca y mi corazón inquieto, me he ido encontrando con blogs distintos, diferentes, propositivos, comprometidos; bloggeros que no tienen miedo a decir lo que piensan y defenderlo con argumentos convincentes, no con bravuconerías, insultos, ofensas o palos de ciego. Este descubrimiento ha sido para mí como un oasis en el desierto, un sitio donde recargar baterías, donde sentir que no se está solo, donde recuperar la fe en la sociedad, la fe en el ser humano, la fe en Dios. Apenas estoy incursionando en esto de los blogs y obviamente sólo he llegado a conocer unos pocos, pero todos recomendables. Y también me he dado cuenta que muchos de ellos son como una familia, una familia bloggera, virtual, pero fecunda, incansable, incontenible, indestructible. Conocer a uno, me conducía por el camino de conocer al otro y otro más; y de esta manera he ido incrementando mi red de blogs amigos, de la que me nutro, me lleno, me oxigeno día con día.
Así, brincando de acá para allá he conocido a la productiva Laura con sus Retazos y Puntadas; la aguerrida Hilda, quien defiende la vida y la salud al tiempo que nos invita a La cámara de las meditaciones.
He tenido el gusto de conocer los espacios informativos y de gran compromiso social de Verónica y Rommy. Cada cual, desde su trinchera, han iniciado una lucha sin tregua por defender los derechos de los discapacitados y por denunciar los femicidios y demás delitos contra la mujer que se comenten en su país. Ambas argentinas, ambas valientes y admirables.
Y quedándonos en el cono sur del continente, me alegro de contar con tres sitios para mi relax, para mi descanso de la vorágine en la que nos sumerge este mundo nuestro: AleMamáAmalia y José Manuel me absorben con sus comentarios cotidianos, su música y su poesía que invitan a la reflexión, la alegría, la fantasía, la imaginación, el romanticismo y la ensoñación.
Y bueno, llegamos hasta el viejo continente, donde he tenido oportunidad de encontrar varios blogs amigos que son dignos de visitar y de seguir de manera continua. Todos ellos comprometidos con nuestra fe católica y defensores incansables ante los incontables detractores que nos encontramos día a día.
Martín, Arcendo, Ángel y Luisa, valiosos ejemplos a seguir en este mundo del ciberespacio. Botón de muestra que nos indica que sí se puede, desde esta nueva tribuna que nos brinda la tecnología, seguir predicando, evangelizando con el ejemplo, esparciendo la Palabra y defendiendo nuestros principios con orgullo y dignidad.
A todos ellos agradezco el ejemplo, la dedicación, el optimismo, la entrega, el cuidado, el compromiso, el amor y la lucha que despliegan en cada uno de sus comentarios.
Espero tener la oportunidad de seguirlos visitando y conociendo por medio de sus blogs.
Y a todo aquel que me lea, que por azares del destino o por un error en la escritura ha llegado hasta aquí, le recomiendo ampliamente la visita a mis amigos, seguramente encontrará algo de lo que anda buscando…aún antes de saberlo.

jueves, 3 de septiembre de 2009

PRE-TEXTOS PARA LEER


Hoy platicaré acerca de un grupo virtual al que pertenezco desde hace dos años y medio. Es un grupo de lectura que se llama “pre-textos”. Ya ni me acuerdo cómo fue que me inscribí en este grupo, pero obviamente me inclinó el enorme placer que encuentro en la lectura. Siempre me ha gustado leer; desde muy pequeña. Como a los 6 años, una muchacha llamada Aidée, que alquilaba una habitación en nuestra casa me regaló un libro que se llamaba “La Bella Durmiente”, pero no se trataba del clásico infantil, sino de la historia de aquella niña que narran los Evangelios que fue resucitada por Jesús. Es un libro muy cortito, pero como niña que era, lo guardé con mucho cariño y lo conservo hasta estos días.
En fin, el hecho es que con este gusto que tengo por la lectura, “pre-textos” me vino como anillo al dedo. La finalidad del grupo es leer un libro en un mes (más o menos, porque hay unos muy extensos que merecen más tiempo y otros muy breves, que los lees en una semana), y comentarlo y debatirlo en grupo. Es algo bien interesante, ilustrativo y enriquecedor. Hay libros que jamás en mi vida me hubiera animado a leer por mi sola y sin embargo, haberlo hecho en grupo ha resultado fenomenal.
De tal manera que la lectura de libros como “Crimen y Castigo”, “El Conde de Montecristo”, “El proceso”, “El Evangelio según Jesucristo”, “El mundo de Sofía”, “Los Pilares de la Tierra”, “La sombra del Viento”, “La ladrona de libros”, “La Conjura de los Necios”, nunca se me hubiera ocurrido, puesto que algunos me parecen demasiado clásicos e ilusamente los creía pesados. Y otros, al no conocer al autor, pues me hubiera dado recelos animarme a leer así nomás. Sin embargo, todos han resultado fenomenales para mí, excelentes e inolvidables.
El placer de leer un libro en la compañía de otras personas se disfruta más y se aprenden muchas cosas, no sólo del libro en turno, sino del momento histórico, del autor, de los personajes y lo más importante y hermoso para mí, de todos los amigos y amigas que están suscritos a este grupo y sus historias. Hay personas que participan desde Argentina, Venezuela, Ecuador, Panamá, Guatemala, México, República Dominicana, Estados Unidos, España y muchos otros países más.
Lo que más me ha gustado del grupo es que además de compartir el amor por los libros, nos hemos convertido en buenos amigos, conociéndonos y aprendiendo de nuestras propias culturas, historias y experiencias personales. Estoy muy contenta, agradecida y orgullosa de haber encontrado este grupo y pertenecer a él.
Gracias siempre a Verónica, la creadora y fundadora de este maravilloso espacio.
Y tal como se los dije ya en una ocasión a mis compañeros: Gracias por convertir el ya placentero hobby de la lectura en una aventura sin igual con múltiples caminos llenos de alegría, aprendizaje, conocimiento, risas, lágrimas, complicidad, romanticismo, intimidad, etc.
Y bueno, si alguien de los que me lee, en algún momento se siente atraído por la idea de compartir la lectura de un libro en grupo, los invito cordialmente a darse una vueltecita por “pre-textos”.