Google+ Followers

jueves, 18 de febrero de 2010

PRIMER JUEVES DE CUARESMA

Este día quisiera compartir con ustedes una reflexión del Padre Luis Butera.

I.   ACEPTAR EL DUELO DEL REINO DEL MAL

El hombre no es un ser cualquiera, una planta o un animal, sino una persona, es decir: un ser racional que puede distinguir lo que es bueno y lo que es malo, lo que es provechoso y lo que le es dañino. Por eso con frecuencia se encuentra en una encrucijada en la cual debe escoger entre lo que es positivo o negativo, sea para sí mismo, como para los demás. El hombre se encuentra entre valores y antivalores. Esto le exige muchas veces, un esfuerzo, una lucha para no dejarse llevar por lo que es aparentemente bueno y sustancialmente pernicioso.
Nuestro Señor, como hombre, se encontró muchas veces en esa encrucijada. Un ejemplo claro lo tenemos en las conocidas tentaciones que nos relatan los evangelistas (Mt. 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13).  Aquí es el mismo demoño quien propone a Jesús su forma de sentir la vida. Pero Él lo rechaza, negándole así todo derecho de tomar la iniciativa en su vida.
El demonio le prospecta un falso mesianismo hecho de milagros clamorosos, como transformar las piedras en pan, lanzarse de lo alto del templo con la certeza de ser salvado, conquistar el dominio político de todas las naciones.
Jesús rechaza las tentaciones diciendo NO:

1.      1. A la fácil prosperidad material, porque lo primero que hay que “buscar es el reino de Dios y su justicia” (Mt. 6, 33).
2.      2. A la ambigua popularidad obtenida por el milagro espectacular (Jn. 6, 26-27), porque no se debe instrumentalizar a Dios en provecho propio.
3.     3. A la ambición del poder temporal, porque la verdadera liberación, nace del corazón.

Su ser de Hijo de Dios se manifiesta no en la posesión, en la exhibición de poderes y dominios, sino en el servicio humilde, en el don de sí mismo, en la cruz.
Se trata, como se ve, de una propuesta de Satanás que va en contra del plan de Dios. Cada vez que se nos presenta una vida contraria a los valores evangélicos, hay que rechazarla como tentación que viene del demonio, aunque tenga apariencia científica o de color de modernidad. Por experiencia sabemos que esta sabiduría humana ha llevado a la humanidad a la deriva y a la desesperación. Con razón San Pablo nos dice que la “locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres; y la debilidad de Dios es mucho más fuerte que la fuerza de los hombres” (I Cor. 1, 25).
Es fundamental en la historia de la humanidad y en la de cada hombre la comprensión de la aparente sabiduría de los hombres y la aparente locura de Dios. Es suficiente pensar en la primera tentación de la humanidad: “La mujer vio que el árbol era apetitoso, que atraía la vista y que era excelente para lograr la sabiduría” (Gén. 3, 6). Por eso comió e hizo partícipe también a Adán. Las consecuencias de esa caída son de conocimiento común.
La invitación de Cristo, no la tentación engañosa, tiene otra vista y otro sabor: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt. 16, 24).
En esta propuesta vemos verdades despojadas de todo adorno y deleite, austeridad de vida y suma sabiduría. Todo lo que se opone a estos principios hay que estimarlo engaño y traición.

Pensamientos:
1.     1. “Vivir es luchar contra las fuerzas del mal. El que no lucha, el que duerme, está vencido”. (Czo. 427)
2.     2. “No basta evitar lo que es malo, sino que debemos vivir intensamente lo que es bueno” (Czo. 837)
3.     3. “La mortificación no es un suicidio, es un sistema para fortificar la voluntad” (Ap. P. 176)

Preguntas:

1.      1. ¿Estás convencido de que todo lo que se te presenta en contra de los valores evangélicos es perjudicial?
2.      2. ¿Aceptas este tiempo de Cuaresma como un ejercicio de mortificación en todo lo que es deleite para fortificar tu espíritu?
3.      3. ¿Qué haces para que los valores evangélicos que son los únicos que benefician al hombre, sean conocidos por los demás?

Oración:

Señor, entiendo que la vida es una lucha constante y la acepto. Pero muchas veces me falta el ánimo para luchar y las fuerzas para proseguir luchando hasta el triunfo. Siento, a veces, que las fuerzas enemigas son superiores y tengo miedo de desfallecer. En la hora más dura del combate, no me dejes solo.
Te lo pido Padre Santo por los méritos de Jesucristo nuestro Señor y por la intercesión de nuestra santísima madre, la Virgen maría.


Publicar un comentario