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viernes, 26 de febrero de 2010

SEGUNDO JUEVES DE CUARESMA.

II. TIRO AL BLANCO CONTRA EL EGOISMO.

La predicación de Cristo está centrada en la lucha contra el egoísmo. Es por eso que su doctrina resulta muchas veces dura y difícil de aceptarse.
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la salvará” (Lc. 9, 23-24).
Aquí habla, nada menos, de “negarse a sí mismo y de perder su vida”.
También en el Evangelio de San Mateo vemos recalcado este concepto, invitando hasta a renunciar a los afectos más humanos: “El que ama a su padre  o a su madre más que a mí, no es digno de mi; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mi… El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt. 10, 37-39).
El evangelista San Juan aumenta la dosis diciendo que el amor más grande consiste en dar su propia vida: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn. 15, 13). Esta afirmación, Cristo la valoriza enseñándola con el testimonio de su propia vida.
Todo esto puede aparecer como exagerado, o como enseñanza que vale solamente para algunos y no para todos los seres humanos. Si reflexionamos un poco, nos percatamos que no es así.
Sin duda, nadie de nosotros admite que el egoísmo es una virtud. Todos criticamos a los que actúan con nosotros movidos por el egoísmo. No creo que haya hombres que quieran vivir con personas egoístas. Todos los criticamos y rechazamos. Esta conducta es común a todos. No hace falta buscar muchos argumentos para demostrarlo.
Lo raro, lo difícil y hasta lo absurdo es constatar cómo hay pocos que se esfuerzan en dominar su propio egoísmo o exigir escuelas para enseñar la necesidad que tiene la humanidad de aprender a luchar contra el propio egoísmo.
¿Por qué criticamos o hasta aborrecemos a los que manifiestan ser egoístas, y no hacemos nada para dominar el nuestro?
Sabemos que el egoísmo consiste en contentar el propio ego, sin importarnos el bien de los demás. Se trata de una inclinación perversa que todos tenemos, y que para controlarla, necesitamos hacernos violencia, hasta adquirir un cierto hábito.
La civilización actual es muy traicionera, porque siendo una sociedad consumista, no hace otra cosa que contentarnos en nuestros gustos y en crear en nosotros, necesidades superfluas que engordan nuestro egoísmo.
Deleitados por todo lo que nos proporciona esta sociedad, nos alejamos cada vez más de los valores del evangelio y caemos en la trampa del más vivo y mordaz egoísmo.
La civilización del consumo nos ha hundido en todo tipo de vicios y aberraciones. No solamente excluye la virtud, sino que nos deshumaniza cada vez más. No nos importan los demás. Lo que vale es lo que nos conviene. Los ideales de justicia, amor y paz, si se nombran todavía, son expresiones sin contenido, o palabras para esconder lo que realmente somos.
El egoísta es un ser irracional y voraz. Irracional en cuanto que no quiere razonar, sino que usa de la razón para devorar. Es un hombre desequilibrado. Y si la mayoría de los hombres es así, la conclusión es que la sociedad está desequilibrada. Es por eso que la tercera parte de la humanidad, es decir, una de cada tres personas está enferma de hambre. Por eso hay gente que se alcoholiza o se droga, mientras que otras no tienen para comprar una medicina. Y como consecuencia, la sociedad se va volviendo cada vez más agresiva e insatisfecha.
El querer probarlo todo, no solo lastima la vida de los demás, sino que perjudica terriblemente la propia existencia. El egoísta, de hecho, prueba momentos de gozo y llora una vida acosada por el vacío y la desesperación.
Hay que hacer un alto en la vida, para reconocer el grave error en que ha caído la humanidad al ofrecer una vida fácil y llena de gozo para terminar en la tragedia de la desesperación y del suicidio.
La doctrina de Cristo es dura y exigente, pero es la única que da sentido y gusto a la vida de los hombres que la viven.
Hace falta reestructurar un nuevo estilo de formación humana, si queremos salvar esta sociedad que va a la deriva. Para que esa reestructuración sea eficaz, hay que empezar a leer y entender el evangelio de Cristo nuestro Señor.

Pensamientos:
1.      “El hombre que lucha contra su egoísmo, alcanza la meta de la felicidad”
2.      “Alimentar el egoísmo es envenenar la propia vida”
3.      “Cuanto más nos complacemos a nosotros mismos, más insatisfechos y más llenos de amargura quedamos”

Preguntas:
1.      ¿Estás convencido de que el egoísmo es la causa de todo mal en la vida de los hombres?
2.      ¿Qué podemos hacer para reemprender el camino del Evangelio y  enseñarlo a los demás?
3.      ¿Cuáles serían para ti, los ejemplos más claros de egoísmo en los que hemos caído como sociedad?


Oración:
Señor, sé que renunciar a mí mismo para hacer Tu voluntad es el camino más seguro para realizarme como hijo tuyo. No obstante, me doy cuenta que muchas veces esta ley es dura y difícil de observar.
Solamente con tu ayuda yo puedo lograrlo: no me dejes solo en este combate contra el egoísmo.
Te lo pido Padre Santo, por Jesucristo, tu Hijo y Señor Nuestro, quien nos enseñó el camino.
P. Luis Butera

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