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jueves, 11 de febrero de 2010

15 ANIVERSARIO

Un día como hoy, pero de 1995, mi esposo y yo emprendimos un viaje por la vida. Sacamos un boleto de ida para dos personas y nos embarcamos con mucha ilusión, con muchas ganas, con muchos ánimos, pero con poca madurez.
Tomamos nuestros boletos y nos subimos a ese tren con las maletas llenas de sueños y esperanzas; solo que nos encontramos con un problema inmediatamente: ninguno de los dos sabía por completo qué era lo que el otro traía en su equipaje. Más tarde que temprano nos quisimos bajar en la siguiente estación, dejando de lado nuestra promesa de llegar hasta el destino final juntos, unidos, acompañados.
Durante el tiempo que estuvimos estancados en esta estación desconocida, que no habíamos incluido en nuestros planes, nuestra vida se tornó oscura, insegura, indescifrable. Ninguno de los dos sabía qué sería de nosotros y de nuestra relación. El tiempo se nos hizo eterno, pero dice el dicho que “no hay mal que dure cien años”, y después de 18 meses de estancamiento, de no saber si planear una ruta distinta o quedarse para siempre en esa estación en la soledad, decidimos reemprender el viaje juntos, pero ahora sí comprometidos, ahora sí compartiendo nuestros pensamientos, nuestras dudas, nuestros defectos y nuestras virtudes. Sabiendo a ciencia cierta qué tantas cosas había en el equipaje del otro (bueno, casi todo).
Y desde ahí hasta la fecha, nuestra vida ha sido un constante viajar, un continuo caminar; algunas veces en pendientes muy duras de superar y otras tantas por campos hermosos, los que ha sido un deleite recorrer y conocer.
A lo largo de este viaje también hemos conocido personas nuevas: dos pasajeros más abordaron junto con nosotros para hacer de nuestro recorrido una interesante, extenuante pero sumamente  divertida excursión. Dos pequeñitas que nos sorprendieron por completo, pues en algún momento se nos había asegurado que, para desdicha nuestra, sería prácticamente imposible permitir el abordaje de ningún pasajero extra. Sin embargo estas chicas que llegaron por sorpresa, fueron invitadas directamente por el Maquinista en Jefe, de tal manera que las recibimos con una gran alegría y todo nuestro amor.
Hoy celebramos nuestro 15 aniversario de este viaje por la vida. Contentos, realizados, con buenas y malas rachas, pero aprendiendo, siempre aprendiendo y queriendo hacer del viaje de nuestras hijas el más feliz y disfrutado.
¡Salud por nosotros! Y que sean muchos, muchos años más.
Gracias a Dios y a la Sagrada Familia que nos han acompañado y fortalecido.

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