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sábado, 29 de agosto de 2009

EL QUE PERSEVERA ALCANZA


Dice un dicho popular muy conocido que “El que persevera alcanza”. Muchos de nosotros lo hemos escuchado en diversas oportunidades, ya sea de nuestros padres, maestros, amigos, maestros, etc. Tal vez lo hemos aplicado cuando hablamos de nuestros estudios, trabajo, familia y metas personales.
Dice el diccionario que perseverar significa:

1. persistir, insistir, mantenerse, no volver la cara atrás, llevar adelante. Insistir indica acción reiterada; se insiste una y otra vez en una acción o propósito. «Dícese perseverar cuando se continúa la cosa sin querer hacer mudanza o variación
2. intr. Continuar con constancia lo que se ha empezado: perseverar en el empeño.
3. Mantenerse firme y constante en una manera de ser o de obrar:
SINÓNIMOS
Continuar, permanecer, obstinarse, insistir, persistir, perdurar, mantenerse, proseguir, empeñarse.
La perseverancia es una de las virtudes más importantes del ser humano. Nos hace fuertes, nos ayuda a vencer obstáculos, nos facilita el logro de metas.
Por eso la perseverancia es tan predicada, tan valorada y tan deseada como valor personal o profesional.
Lo cierto es que el tema más importante lo hemos dejado de lado o simplemente lo hemos olvidado por completo: nuestra fe.
Nosotros aprendimos alguna vez que cuando uno se entrega a Cristo se entrega de una vez y para siempre. Mucho predicamos con los labios que el compromiso no era sólo por un tiempo definido. No era un contrato por dos, cinco, diez o veinte años. Era un compromiso vitalicio.
“. . . Jesús le contestó: el que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”. (Lc. 9,62)
De tal manera que nuestro pacto con el amor, la responsabilidad, la oración, la misericordia, la libertad, el respeto; la preservación y respeto de los sacramentos como el bautismo, la confirmación, la reconciliación, la eucaristía y el matrimonio; nuestro compromiso con la vida que incluye el rechazo al aborto y a los métodos anticonceptivos artificiales; nuestra obligación de llevar el Evangelio a todos los que nos rodean con nuestro testimonio de vida, sigue vigente hasta hoy, hasta este preciso momento.
No se vale que ahora nos hagamos los desentendidos y sólo porque es cuestión de moda, aceptemos ya no solo con resignación sino hasta con agrado los bombardeos publicitarios que promueven el sexo irresponsable, los vicios y la conducta desenfrenada. No se vale que ahora seamos nosotros mismos quienes demos cabida al uso indiscriminado de métodos anticonceptivos que van en contra de la naturaleza humana. No es justo que ahora defendamos y justifiquemos los pequeños fraudes, robos, injusticias, abusos que se comenten en nuestro entorno, sumándonos al criterio común que dice: “bueno, estas cosas son pequeñas, hay otros asuntos mucho más grandes y graves”.
Es necesario que el día de hoy luchemos por ser perseverantes en la fe, pero también en los compromisos que hemos adquirido con ella. Recordemos nuestro compromiso y renovémoslo. Perseveremos en la lucha que una vez iniciamos y que practicamos y maduramos durante mucho tiempo.
Perseveremos sobre todo en el amor.
“Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y guarden fielmente las tradiciones que les enseñamos de palabra o por carta. Que los anime el propio Cristo Jesús, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre que nos ha llamado dándonos en su misericordia un consuelo eterno y una esperanza feliz. Él les dará el consuelo interior y los hará progresar en todo bien de palabra o de obra”.
(2Tes 2,13)
“¿No han aprendido nada en el estadio? Muchos corren, pero uno solo gana el premio. Corran pues, de tal modo que lo consigan. En cualquier competición los atletas se someten a una preparación muy rigurosa y todo para lograr una corona que se marchita, mientras que la nuestra no se marchita. Así que no quiero correr sin preparación, ni boxear dando golpes al aire. Castigo mi cuerpo y lo tengo bajo control [persevero] , no sea que después de predicar a otros, yo me vea eliminado”.
(1Cor. 9,24-27)
No vaya a ser que después de tantas misas, de tantos retiros, de tanta predicación, de tantas catequesis, de tanto grupo de oración, de tantos servicios religiosos, de tantos años, seamos nosotros los eliminados.
¿Y tú, eres perseverante en la fe?
¿Y yo, soy perseverante en la fe?


El hombre superior es persistente
En el camino cierto y no sólo persistente.
Confucio
Filósofo chino
(551 a.C.-478 a.C.)


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