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viernes, 21 de agosto de 2009

CRISTIANOS DE CUADRILATERO

Es curiosa la forma en la que nos damos a conocer los cristianos, o por lo menos un buen porcentaje de nosotros en los distintos sitios de Internet. Por un lado, enarbolando siempre la bandera de la paz y el amor de Cristo. Tratando de convencer a cuanto descreído se cruza por el camino. Agarrando a bibliazos a aquellos que tratan de salirse del redil. Y muchas veces adoptando una actitud bastante criticable de señalización, condena y discriminación.
¿A qué viene este comentario? He tenido la oportunidad de visitar muchos foros en donde se supone está el espacio para hablar de religión, de Dios, de dudas, compartir sentimientos, exponer desacuerdos, etc. Pero casi en su totalidad estos espacios son utilizados para agredir, insultar, ofender, y desacreditarse unos a otros. Hermanos contra hermanos, religiones contra religiones. Es un absurdo ver que quien dice ser cristiano se dedique a ofender hasta con malas palabras a aquel que no lo es o que dice no creer. Pero lo más sorprendente es que estos foros están llenos, ¡llenos! de integrantes, de comentarios, de participaciones. Y sin embargo otros, que fueron creados, precisamente para compartir, para aprender, para leer la Biblia, para expresar dudas o compartir ideas, están vacíos, desiertos, abandonados.
Parece ser que tenemos la idea de que no sirve para nada juntarnos los que ya creemos para compartir nuestras experiencias. Que es mejor enfrentarnos, pelearnos, discutir u ofender a “los enemigos” que no son otra cosa que hermanos en la fe cristiana o hermanos que desconocen a Cristo.
Parece ser que lo único que nos motiva es el enfrentamiento, si no hay bronca, no es interesante.
Es importante buscar, frecuentar y contribuir a estos espacios y foros, en donde podemos recargar baterías, unir esfuerzos, aprender cosas nuevas y sobre todo renovar el compromiso del amor que nos ayude a interactuar con aquellos que no piensan como nosotros y que no por eso dejan de ser nuestros hermanos en Cristo.
Dejemos de ser ya cristianos de cuadrilátero, para convertirnos simplemente en cristianos portadores de la Palabra de Dios y emisarios del mensaje divino de Amor al prójimo que nos legó Jesús.
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