miércoles, 27 de agosto de 2014

UN RELATO SOBRE EL AMOR

Se trata de dos hermosos jóvenes que se pusieron de novios cuando ella tenía trece y él dieciocho. Vivían en un pueblito de leñadores situado al lado de una montaña. Él era alto, esbelto y musculoso, dado que había aprendido a ser leñador desde la infancia. Ella era rubia, de pelo muy largo, tanto que le llegaba hasta la cintura; tenía los ojos celestes, hermosos y maravillosos...
La historia cuenta que habían noviado con la complicidad de todo el pueblo. Hasta que un día, cuando ella tuvo dieciocho y él veintitrés, el pueblo entero se puso de acuerdo para ayudar a que ambos se casaran.
Les regalaron una cabaña, con una parcela de árboles para que él pudiera trabajar como leñador. Después de casarse se fueron a vivir allí para la alegría de todos, de ellos, de su familia y del pueblo, que tanto había ayudado en esa relación.
Y vivieron allí durante todos los días de un invierno, un verano, una primavera y un otoño, disfrutando mucho de estar juntos. Cuando el día del primer aniversario se acercaba, ella sintió que debía hacer algo para demostrarle a él su profundo amor. Pensó hacerle un regalo que significara esto. Un hacha nueva relacionaría todo con el trabajo; un pulóver tejido tampoco la convencía, pues ya le había tejido pulóveres en otras oportunidades; una comida no era suficiente agasajo...

Decidió bajar al pueblo para ver qué podía encontrar allí y empezó a caminar por las calles. Sin embargo, por mucho que caminara no encontraba nada que fuera tan importante y que ella pudiera comprar con las monedas que, semanas antes, había ido guardando de los vueltos de las compras pensando que se acercaba la fecha del aniversario.

Al pasar por una joyería, la única del pueblo, vio una hermosa cadena de oro expuesta en la vidriera. Entonces recordó que había un solo objeto material que él adoraba verdaderamente, que él consideraba valioso. Se trataba de un reloj de oro que su abuelo le había regalado antes de morir. Desde chico, él guardaba ese reloj en un estuche de gamuza, que dejaba siempre al lado de su cama. Todas las noches abría la mesita de luz, sacaba del sobre de gamuza aquel reloj, lo lustraba, le daba un poquito de cuerda, se quedaba escuchándolo hasta que la cuerda se terminaba, lo volvía a lustrar, lo acariciaba un rato y lo guardaba nuevamente en el estuche.

Ella pensó: "Que maravilloso regalo sería esta cadena de oro para aquel reloj." Entró a preguntar cuánto valía y, ante la respuesta, una angustia la tomó por sorpresa. Era mucho más dinero del que ella había imaginado, mucho más de lo que ella había podido juntar. Hubiera tenido que esperar tres aniversarios más para poder comprárselo. Pero ella no podía esperar tanto.

Salió del pueblo un poco triste, pensando qué hacer para conseguir el dinero necesario para esto. Entonces pensó en trabajar, pero no sabía cómo; y pensó y pensó, hasta que, al pasar por la única peluquería del pueblo, se encontró con un cartel que decía:
"Se compra pelo natural".
Y como ella tenía ese pelo rubio, que no se había cortado desde que tenía diez años, no tardó en entrar a preguntar. El dinero que le ofrecían alcanzaba para comprar la cadena de oro y todavía sobraba para una caja donde guardar la cadena y el reloj. No dudó. Le dijo a la peluquera:
- Si dentro de tres días regreso para venderle mi pelo, ¿usted me lo compraría?
- Seguro - fue la respuesta.
- Entonces en tres días estaré aquí.
Regresó a la joyería, dejó reservada la cadena y volvió a su casa. No dijo nada. El día del aniversario, ellos dos se abrazaron un poquito más fuerte que de costumbre. Luego, él se fue a trabajar y ella bajó al pueblo. Se hizo cortar el pelo bien corto y, luego de tomar el dinero, se dirigió a la joyería. Compró allí la cadena de oro y la caja de madera. Cuando llegó a su casa, cocinó y esperó que se hiciera la tarde, momento en que él solía regresar.

A diferencia de otras veces, que iluminaba la casa cuando él llegaba, esta vez ella bajó las luces, puso sólo dos velas y se colocó un pañuelo en la cabeza. Porque él también amaba su pelo y ella no quería que él se diera cuenta de que se lo había cortado. Ya habría tiempo después para explicárselo.
Él llegó. Se abrazaron muy fuerte y se dijeron lo mucho que se querían. Entonces, ella sacó de debajo de la mesa la caja de madera que contenía la cadena de oro para el reloj. Y él fue hasta el ropero y extrajo de allí una caja muy grande que le había traído mientras ella no estaba. La caja contenía dos enormes peinetones que él había comprado... vendiendo el reloj de oro del abuelo.

Si ustedes creen que el amor es sacrificio, por favor, no se olviden de esta historia. El amor no está en nosotros para sacrificarse por el otro, sino para disfrutar de su existencia. 

Jorge Bucay

El amor -creo yo- no está hecho para hacer este tipo de sacrificios. Si es verdad que de vez en vez, es necesario hacer algo que nos cueste mucho trabajo para regalar al otro, pero no creo que se trate o se deba tratar de cosas materiales, de este tipo como en el cuento. A veces queremos agasajar tanto al cónyuge, que se nos acaban las ideas para poderlo hacer, cuando en realidad, supuestamente, los pequeños actos de amor diarios son los que deberían ser suficientes para saberse amado. Bueno, eso creo yo :)

martes, 5 de agosto de 2014

♫ MIRA LO QUE HIZO ♪

Aunque yo soy una persona mas bien "tranquila" y dificilmente me gustan los bailes, brincos y cosas por el estilo a la hora de estar en comunicación con Dios, no dejo de admirar y disfrutar las canciones "movidas" y los cantos de alabanza que componen e intepretan muchos artistas.
Aquí les dejo con los ya conocidos ALFAREROS, este grupo Dominicano con mucho "sabor".


Cación: Mira lo que hizo
Intérprete: Alfareros


sábado, 2 de agosto de 2014

UN POCO DE NUMEROS

Algunas veces se nos olvida y otras tantas lo ignoramos. Estos números que veremos y escucharemos en la catequésis son apenas unos cuantos de muchos más en donde está involucrada la Iglesia Católica. Habrá que tomar en cuenta que el video se hizo hace algunos años y en él todavía se habla de Benedicto XVI, que ejercía como Papa en ese momento.

3MC 


miércoles, 23 de julio de 2014

OBSTÁCULOS

Voy andando por un sendero.
Dejo que mis pies me lleven.
Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.

Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa. Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo... dudo.

Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto...
Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando. Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo.
Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos... Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo... y resisto.

Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado... descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños...

Me siento abatido... Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca... No dejaré que el muro impida mi paso.

Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire... De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.

Me recuerda a mí mismo... cuando era niño.

Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja:
- ¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?

El niño se encoge de hombros y me contesta:
-¿Por qué me lo preguntas a mí?

Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras... Los obstáculos los trajiste tú. 

Jorge Bucay 

Yo creo que los obstáculos son buenos en la vida. Nos hacen crecer, generan creatividad, nos hacen fuertes. Pero cuando somos nosotros mismos quienes generamos nuestros propios obstáculos, entonces estamos perdiendo un tiempo precioso para alcanzar nuestras metas, porque a veces, para ponernos obstáculos y trampas, somos mejores que los demás.

sábado, 5 de julio de 2014

¿POR QUÉ EXISTE LA IGLESIA CATÓLICA?

Yo sí necesito de ella. Para mí ha sido siempre como una escuela -la mejor de todas- en donde voy a encontrarme con Jesús que es el mejor de los maestros, mejor aún, es EL MAESTRO. Donde escucho Su Palabra y además, recibo Su Cuerpo y Su Sangre que me alimenta el alma.
Yo sí necesito de ella, porque de cualquier otra manera, seguro me olvidaría pronto de todo lo que he aprendido (ya me ha pasado), me quitaría la oportunidad de seguir aprendiendo y terminaría por pensar que no es necesario aprender más, que ya todo lo sé o que Dios no tiene nada que decirme en ella.
Yo creo que cada quien tiene que estar donde debe de estar y a mí me gusta estar donde estoy, me gusta lo que he vivido en la Iglesia Católica, he recibido y vivido tantos momentos divinos -literalmente hablando-, tantas gracias, tantos milagros, que definitivamente no me hace falta nada más.
Gracias Dios, por ponerme donde me pusiste y por permitirme vivir todo lo que he vivido.

3MC