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sábado, 2 de agosto de 2014

UN POCO DE NUMEROS

Algunas veces se nos olvida y otras tantas lo ignoramos. Estos números que veremos y escucharemos en la catequésis son apenas unos cuantos de muchos más en donde está involucrada la Iglesia Católica. Habrá que tomar en cuenta que el video se hizo hace algunos años y en él todavía se habla de Benedicto XVI, que ejercía como Papa en ese momento.

3MC 


viernes, 22 de marzo de 2013

CARA Y SELLO DE UNA MISMA MONEDA


Tengo en conocimiento este texto desde hace unos días. Pensaba 
publicarlo ahora (marzo 13), pero los Cardenales en el Vaticano "me ganaron" y las noticias sobre S.S Francisco han opacado mis ganas de compartirla. Sin embargo, no quiero dejar de hacerlo y la programaré para algunos dias mas adelante.

Benedicto XVI y Juan Pablo II, cara y sello de una misma moneda

Por: JUAN GOSSAÍN | 8:44 p.m. | 19 de Febrero del 2013




Escobar asegura que el Papa empezó a preguntarse, como san Pedro: "¿Estaré perdiendo las fuerzas?

Gossaín explora sus vidas con el profesor Guillermo Escobar, colombiano que los conoció a los dos.

Han corrido ríos de tinta, cataratas de palabras y océanos de imágenes desde el día en que el papa
Benedicto anunció su retiro.

La prensa y las redes sociales del mundo entero coinciden al afirmar que la curia vaticana y la burocracia eclesiástica le hicieron la vida imposible.

Fue entonces cuando me hice las primeras preguntas: ¿Existe realmente esa confrontación entre el papa y sus compañeros?

¿Por qué empezó? ¿Cuándo empezó? Resolví salir en busca de alguien con la autoridad suficiente para explicármelo. Lo encontré a la vuelta de la esquina.

"El problema se inició hace diez años", me dice de entrada el profesor Guillermo León Escobar, uno de los escasos colombianos que conocieron bien a los dos papas más recientes.

Por siete años fue embajador de Colombia en la Santa Sede, desde hace quince años es catedrático de ciencia política en la legendaria Universidad Gregoriana de Roma (donde estudian los sacerdotes que habrán de convertirse en obispos) y en los últimos cinco años ha ejercido como consultor del Pontificio Colegio de laicos, por nombramiento que le hizo el propio Benedicto, con quien se reunía una vez al mes hasta cuando presentó su renuncia.

"Hace diez años estaba comenzando el escándalo de pederastia que implicó a numerosos sacerdotes en varios países. Llegaron los primeros requerimientos judiciales. El papa Juan Pablo II dio una orden terminante a sus asesores: 'La Iglesia no entrega a sus hijos a la justicia humana, para que hagan escarnio de ellos', y ordenó, simplemente, que los acusados se trasladaran a otro lugar".



Pasaron apenas dos años. Juan Pablo murió en olor de santidad. El cardenal Joseph Ratzinger, que ejercía como presidente de la Sagrada Congregación de la Fe, nada menos, se convirtió en Benedicto XVI. "A los pocos días de haberse posesionado, les dijo a sus colaboradores: 'La Iglesia está en la obligación moral de entregar los criminales a la justicia'. Usó esa palabra exacta: criminales. Desde entonces han sido arrestados alrededor de cien sacerdotes, dos cardenales y una docena de obispos. Muchos de ellos continúan en la cárcel".

A partir de ese momento, el armazón del poder interno se sublevó contra el papa. "Cómo será de grave la situación que, hace unos cuantos días, después de presentar su renuncia, se reunió en privado con la curia romana. Les dijo: 'Admiro mucho en ustedes la gran capacidad que tienen para denunciar los pecados, siempre y cuando sean pecados ajenos' ".

De manera, pues, que Benedicto se va porque, como él mismo ha dicho, a los 85 años edad ya le faltan fuerzas para semejante tarea. "Pero también se va porque lo agobian las intrigas a su alrededor", comenta el profesor Escobar. "No olvide usted que Ratzinger es alemán: los alemanes son gente solitaria, y el Papa ha padecido siempre la soledad del poder".

Sumadas todas esas razones, Benedicto se convierte en el primer pontífice que renuncia espontánea y voluntariamente en más de dos mil años de historia. En total se han retirado seis papas, pero los cinco casos anteriores ocurrieron por las amenazas de los emperadores de su época o porque había dos papas al mismo tiempo, y uno de ellos tuvo que renunciar.

Vidas paralelas

Ya que los conoció a ambos y trabajó con ellos, los sucesos que está relatando me llevan a preguntarle al profesor Escobar cómo podría hacerse un paralelo entre los dos últimos papas. ¿Qué era en realidad lo que los distanciaba? ¿Había algo que los acercara?

"Eran muy distintos, pero eran cara y sello de una misma moneda. Juan Pablo era un genio de la comunicación, lo que hoy se llamaría un genio mediático, que cautivaba de inmediato a la prensa y las masas. Nadie aceptó nunca un debate público con él porque sabían de antemano que era una causa perdida. Benedicto, en cambio, es negado para la prensa, es un hombre de debate, de profundidades académicas, que discute a diario con medio mundo.

Juan Pablo era un santo; Benedicto es un intelectual. Por eso, ahora que se va le deja de herencia a la Iglesia, como si él fuera una versión moderna de santo Tomás de Aquino, la nueva Summa Teológica para el tercer milenio".

Cuando llegó al pontificado, Juan Pablo II descubrió de inmediato que la Iglesia católica, como institución, atravesaba por un grave problema de imagen. "Se fue en peregrinación a recorrer el mundo entero. Benedicto, por su parte, comprendió que el asunto principal de su papado era la profundización de la doctrina. Juan Pablo vivía a gusto rodeado de gente. Benedicto era un papa solitario".

Ahora sí entiendo la diferencia: Juan Pablo era un hombre sencillo y elemental, de la estirpe de san Pedro, un humilde pescador de Galilea. Benedicto es un pensador de cultura exquisita, como san Pablo, a quien tanto admira. ("¿Cómo se explica usted", pregunta Escobar, "que un alemán, un alemán, por Dios, pueda hablar el italiano con esa dulzura suya, que se ha vuelto tan famosa? Es la cultura, naturalmente". Tiene razón: los alemanes siempre hablan como si lo estuvieran regañando a uno. Salvo el papa).

Las dos orillas del Evangelio

En promedio, Guillermo León Escobar permanece ocho meses al año en Roma. Pero en este momento está disfrutando de un año sabático en Colombia, dedicado a ordenar su casa de Bogotá, organizar su biblioteca y visitar a los amigos que había perdido de vista. Por eso puedo conversar con él a pierna suelta. Le pregunto qué tan profundas llegaron a ser aquellas divergencias entre Juan Pablo II y el entonces cardenal Ratzinger.

"Siempre las hubo. Recuerdo lo que pasó una noche en que Ratzinger salía de una reunión con el papa en la casa de campo de Castelgandolfo. Un sacerdote latinoamericano que también estaba allí se lo quedó mirando, perplejo, porque para nosotros cualquier discrepancia es pelea, y le dijo: '¿Usted por aquí, cardenal?

¿Ustedes dos no son enemigos? Con la misma voz suave y afectuosa que ha tenido toda la vida, le contestó: 'No, no somos enemigos. Somos las dos orillas de un mismo río, la una frente a la otra. Lo que nos une, ese río que pasa por la mitad de nosotros, es el Evangelio' ".

Eran hombres superiores, qué duda cabe, y por eso los dos sabían que sus criterios dispares no eran excluyentes, sino complementarios. La verdad completa, al fin y al cabo, se construye con pedazos de verdad que aportan los que piensan distinto a uno, no los que piensan igual.

Las alas del mismo pájaro

Lo sabían tan claramente, y se respetaban tanto en medio de sus diferencias de criterio, "que un día Juan Pablo le pidió a Ratzinger que escribieran a cuatro manos la célebre encíclica Fe y razón. Vea usted: el papa escribió la parte de la fe y el cardenal la parte de la razón. Eso define a la perfección lo que era cada uno".

Los desacuerdos entre los dos hombres llegaron a ser tan célebres, que por aquellos mismos días alguien le preguntó a Ratzinger cómo había sido posible que hubiera escrito con Juan Pablo el texto de la encíclica. No volvió a repetir la metáfora de las dos orillas de un mismo río, "pero le respondió con otra belleza. 'Si usted observa un pájaro detenidamente' -le dijo- descubrirá que nunca mueve un ala primero y la otra después, porque podría caerse. Para poder volar mueve las dos alas al mismo tiempo. La Iglesia es el pájaro. Juan Pablo y yo somos sus dos alas. Nos movemos juntos para que siga volando. Él es la fe y yo soy la razón' ".

El profesor Escobar guarda un instante de silencio que no me atrevo a romper. Está luchando con la nostalgia de sus mejores recuerdos. Mira por el balcón a un par de alcatraces que vuelan sobre el mar de Cartagena. Mueven ambas alas al tiempo. Entonces se vuelve hacia mí, y exclama:

"Cuando los conoces a ambos, Juan Pablo te deslumbra el alma y Benedicto te estremece el cerebro".


 http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/religion/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12605504.html



jueves, 28 de febrero de 2013

HASTA SIEMPRE


Imagen tomada de:
 https://www.facebook.com/photo.php?fbid=473044236083078&set=a.320209891366514.78876.320007541386749&type=1&theater

viernes, 22 de febrero de 2013

CUANDO DIOS DICE: “TENGO OTRA IDEA”




Por Michelle Arnold
Me encanta leer historias de conversión. He leído tantas que a veces no recuerdo exactamente lo que un converso dijo sobre su viaje, sólo que él entró en la Iglesia. Ese es el caso con una historia que recuerdo haber leído hace años, probablemente en una antología de relatos de conversión. No recuerdo mucho de los detalles, sólo un relato extraordinario acerca de la oración respondida.

Este converso había asistido a un seminario protestante famoso en los EE.UU., uno que había estado viendo a un sorprendente número de sus alumnos entrar en la Iglesia Católica. Cuando el converso contaba su historia de conversión a un sacerdote religioso de orden, mencionó al sacerdote que había estado en el seminario protestante. El sacerdote le preguntó el nombre de la escuela. "Oh, probablemente nunca han oído hablar de ella", dijo el converso; a continuación le dijo el nombre de la escuela. El sacerdote sonrió y dijo que conocía muy bien la escuela. Él solía enseñar allí.
El converso se sorprendió, por lo que el sacerdote explicó. La propiedad en la que el seminario protestante estaba ahora operando solía ser una escuela católica de chicos a cargo de esta orden religiosa del sacerdote. Durante muchos años, los sacerdotes que dirigían la escuela habían rezado por las vocaciones al sacerdocio entre los niños que enseñaban. A continuación, la escuela tuvo que cerrarse y la propiedad fue vendida al grupo protestante que comenzó el seminario del converso.

Las oraciones por las vocaciones sacerdotales habían producido fruto inesperado. Sus oraciones habían sido por las vocaciones al sacerdocio entre los muchachos que enseñaban. Dios respondió con vocaciones a la Iglesia entre los estudiantes del seminario protestante.
Yo tuve una experiencia parecida recientemente, con una respuesta inesperada a la oración que me recordó esa historia.
Cuando el cardenal Joseph Ratzinger fue elegido al papado en 2005, una de las preocupaciones comunes que muchos tenían era que él acababa de cumplir 78 años. ¿Podría ser que su pontificado fuera inusualmente corto? Después de todo, Juan Pablo I había muerto después de sólo un mes en el papado en 1978 y era 10 años más joven cuando fue elegido, que cuando lo fue Benedicto XVI.
Benedicto, en algunas declaraciones hechas después de aceptar las elecciones, parecía pensar que su pontificado sería "corto", que en su momento fue considerado como una referencia a su avanzada edad.
Entonces decidí orar por la continuidad de Benedicto XVI en el papado, que yo a veces, en broma, decía esperar que durara décadas. Yo sabía que décadas no era probable, pero tampoco quería ver  un final prematuro a este papado. Así que redacté una breve oración para pedir lo que yo quería que fuera un largo pontificado de este Papa, pero añadí una frase para “cubrirme”, porque me acordé de la oración de Cristo, que "no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42). Después de los primeros años del pontificado del Papa Benedicto XVI, no se me ocurrió rezar esa oración muy a menudo, pero de vez en cuando la recordaba. Entonces la rezaba de nuevo, por si acaso. Porque me ha encantado este Papa tanto y quería que estuviera con nosotros durante tanto tiempo como fuera posible.
Luego, la renuncia se produjo; un final a este pontificado que nadie podría haber esperado, sin  importar cuantos signos o banderas se desplegaran. Y me acordé de nuevo la oración:

    
“Señor, por favor dale [Papa Benedicto XVI] el tiempo necesario para hacer todo lo que tienes que hacer a través de él, dejando sin hacer sólo aquello que Tú quieres que otro haga”.

Yo de ninguna manera podría anticipar cómo Dios iba a interpretar esa oración, pero parece evidente, a la luz de los acontecimientos recientes, que concedió la oración de una manera totalmente inesperada. Me debatía entre dejar salir un angustiado grito del corazón ("¡Señor, yo no quise decir eso!"), o sonreír, al ver cómo Dios escribe derecho con renglones torcidos.



Si hay una moraleja en esta historia, me imagino que es ser cuidadoso con lo que pedimos. Usted bien podría conseguirlo. Pero lo que se obtiene puede ser también totalmente inesperado.

Original en inglés publicado aquí:

lunes, 28 de marzo de 2011

18. LA BOLSA DE AGUA CALIENTE

 
No somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama, a cada uno de nosotros, a ser un instrumento de su providencia hacia el prójimo. 
Benedicto XVI

Esto me llegó por mail hace unos días. Me gustaría compartirlo con ustedes:
La Bolsa de agua caliente
Esta es la historia de un medico que trabajó en África.

Una noche trabajé duro con una madre en su parto, pero a pesar de todo lo que pudimos hacer, ella falleció dejándonos un pequeño y prematuro bebé y una niña de dos años que lloraba desconsoladamente. Tuvimos grandes problemas para mantener vivo al bebé, no teníamos incubadora ni electricidad para hacer funcionar una.

Tampoco teníamos alimento especial para estos casos. Aunque estábamos sobre la línea del Ecuador, las noches a menudo eran frías con peligrosos vientos. Una estudiante que me ayudaba fue a buscar una cobija de lana que teníamos para los bebés. 

Otra fue a atizar el fuego y a cargar una bolsa con agua caliente. Ella volvió casi inmediatamente muy preocupada para decirme que la bolsa se rompió al llenarla. (las bolsas de agua caliente se rompen fácilmente en climas tropicales). ¡Y era nuestra última bolsa!, exclamó. Como se acostumbra en Occidente, no hay que llorar sobre la leche derramada, de modo que en África central se puede considerar no llorar sobre bolsas de agua caliente rotas. Éstas no crecen en los árboles, y no hay farmacias en los bosques donde comprarlas.

“Muy bien” dije, “pon al bebé lo más cerca posible del fuego y acuéstate entre el bebé y la puerta para evitar las corrientes de aire frío. Tu trabajo es mantener con calor al bebé.”


Al mediodía, como hacía todos los días, fui a orar con los chicos del orfanato que querrían reunirse conmigo. Les daba sugerencias sobre cosas por las cuales orar, y también les conté del pequeño bebé. Les expliqué nuestro problema de mantener al bebé con calor suficiente, la bolsa de agua caliente que se había roto, y que el bebé podía fácilmente morir si se enfriaba. También les conté de su hermana de 2 años, que lloraba porque su madre había muerto.

Mientras orábamos, una de las niñas, de nombre Ruth, hizo la usual sincera oración que los niños hacen en África. “Dios, por favor, envíanos una bolsa de agua caliente hoy, mañana será demasiado tarde porque el bebé habrá fallecido, por favor envíala esta tarde”.

Mientras trataba de contenerme por la audacia de su oración, ella añadió: “y también ¿podrías por favor enviarnos una muñeca de juguete para la niña, así ella puede ver que Tú realmente la amas?”

Como sucede a menudo con las oraciones de los niños, yo fui sacudido. ¿Podría yo decir amén honestamente? ¡Yo no creía que Dios podría hacer esto!


Oh sí, yo sé que Él puede hacer todo; la Biblia dice así. Pero hay límites, ¿no es cierto? La única forma en que Dios podía contestar esta oración en particular, sería si alguien enviaba una encomienda desde el exterior. Hacía ya casi 4 años que estaba en África y nunca había recibido una encomienda.

Y si alguien enviaba una ¿podría ser que incluya una bolsa de agua caliente? ¡Yo vivía sobre el Ecuador!

A media tarde mientras estaba dando clases al grupo de enfermería, me llegó el mensaje de que un vehículo había llegado a mi casa. Para cuando llegué a mi casa el vehículo ya se había ido, pero en la puerta había una caja de unos 11 kilos. Sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas, no pude abrir la caja yo solo, llamé a los niños del orfanato para que me ayuden. Con mucho cuidado sacamos los precintos y empezamos a desempacar con mucha emoción. Había unos 15 chicos observando la gran caja. Comencé a sacar yerseis de colores muy brillantes. Los ojos de los chicos estaban iluminados. Había vendas para los leprosos. También había pasas de uva que serían de utilidad para el fin de semana.

Luego puse mi mano nuevamente en la caja y sentí… ¿podía esto ser cierto? Lo tomé y lo saqué. Sí. ¡Una bolsa de agua caliente nueva!  Lloré, yo no había pedido a Dios que nos la mande; yo no creí verdaderamente que Él podía.

Ruth estaba en primera fila. Ella se adelantó y en alta voz  dijo, “si Dios envió una bolsa de agua caliente, también debe haber enviado la muñeca”.

Escarbando hacia el fondo de la caja, ella sacó una hermosa muñeca con un vestido de colores. ¡Sus ojos brillaban, ella nunca había dudado!

Mirándome me preguntó, ¿ “puedo ir contigo y darle la muñeca a la niña, así ella sabrá que Jesús realmente la ama”? “Por supuesto”, respondí.

Aquella encomienda había estado de viaje durante 5 meses, la habían enviado mis compañeros de escuela que tuvieron la impresión de obedecer a Dios e incluir una bolsa de agua caliente, aún para la línea del Ecuador.

Y una chica había puesto la muñeca para una niña Africana 5 meses antes, en respuesta a la oración de fe de una niña de 10 años, y traerla esa misma tarde.

“Antes que clamen, responderé yo… Isaías 65:24

sábado, 26 de marzo de 2011

17. TENDRÉ QUE APRENDER A SER COMO NIÑO

La limosna, acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede convertirse en un instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los hermanos.
Benedicto XVI

Acá en México hay un serio problema con la cantidad de personas que están pidiendo dinero en la calle; un gran porcentaje haciendo realmente un negocio de ello. Por eso en muchas ocasiones, incluso en la misma iglesia nos dicen que no les demos dinero en la calle, porque además fomentamos el que esas personas no busquen trabajo ni quieran salir de eso, sino que lo donemos a instituciones especializadas, a los grupos que se encargan de ello, etc. Por eso, de alguna manera, salvo  muy contadas excepciones, evitamos dar dinero a nadie que lo pida en la calle y mucho menos si se trata de un restaurant donde estamos ingiriendo alimentos y no es recomendable andar agarrando dinero.
El asunto es que, desde que entramos en Cuaresma, por todos lados escuchamos decir que hay que practicar ayuno, hacer oración y dar limosna.
Ayer estabamos mis hijas y yo, desayunando en un restaurancito pequeño que está cerca de la casa, después de su festival de primavera de donde venían acaloradas y cansadas. Yo les había dado unas monedas para que se compraran algo en la escuela, pues iba a haber venta de refrescos y otras cosas y mi hija mayor había apartado 5 pesos para comprarse algo en la tienda por la tarde.
Nos encontrábamos ya disfrutando de unos ricos antojitos veracruzanos, cuando entró al establecimiento un señor con una guitarra y empezó a cantar, obviamente, para poder pedir después una cooperación.
Después de que cantó, pasó por cada mesa pidiendo la respectiva dádiva y cuando llegó a la nuestra, yo le dije que no tenía para darle, recordando siempre aquella "regla" de la que les platicaba al principio. El señor me dio las gracias y se dio la vuelta. Pero antes de que cualquiera de los dos (el señor y yo) pudiéramos darnos cuenta de qué era lo que pasaba, mi hija se paró de su asiento y le dió su moneda que estaba guardando para su golosina vespertina.
El señor le dio las gracias y a mí se me atragantó el bocado. De un solo plumazo, la niña me ganó la partida con dos cosas: su ayuno de la golosina que se pensaba comprar y la limosna de la única moneda que le quedaba para ella.
En momentos así, entiendo porque se nos pide que seamos como niños:
* Para no tomarle demasiado aprecio a nuestro dinero, aunque sea la última moneda; 
* para no hacer mucho caso de quienes nos dicen "no hagas el bien aquí, mejor hazlo acá"; 
* para no aferrarnos demasiado a nuestros antojos y poner siempre el "yo quiero" por encima de todo y de todos.
Lo que mas me gustó del asunto, es que para ella no fue nada extraordinario,  nada que mereciera platicarse, presumirse, anotarse: No comentó nada con su hermana y no se quejó después porque ya no pudo ir a la tienda. Tampoco pidió mas dinero mas tarde. Fue algo de lo mas normal. Como debería de serlo para mi también.

viernes, 25 de marzo de 2011

16. LA ANUNCIACIÓN


Que María, Madre y Esclava fiel del Señor, ayude a los creyentes a proseguir la “batalla espiritual” de la Cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica de la limosna.
Benedicto XVI

Reflexión extraída de los 
Ejercicios Espirituales de 
San Ignacio de Loyola

En el momento de la Encarnación, se da un desposorio entre la humanidad y Dios. Y en ese desposorio la Virgen es la que da el consentimiento de parte de toda la humanidad. Y en un desposorio, para que sea válido, las dos personas tienen que aceptar el contrato matrimonial tal cual es, conociendo a la otra persona, conociendo lo que implica el matrimonio. Si falta conocimiento de alguna cosa importante del matrimonio, se pude quedar nulo.
Por eso la Virgen cuando dijo “Fiat”, no solamente dijo “Fiat” a la Encarnación, sino que dijo también “Fiat” a la cruz.
Y nosotros podríamos preguntarnos: ¿Cómo Dios le va a hacer aceptar algo que ella no sabía? Su entendimiento, su fe era grandísima. La Virgen aceptó en la Encarnación la cruz, la muerte en Cruz de su hijo. Incluso la Virgen había aprendido cuando leía en el Antiguo Testamento que Dios iba a ser hombre. Entonces la Virgen sabía, no sabía que Ella iba a ser, por eso todas las preguntas, pero tenía fe de que Dios iba a hacerse presente en la historia, de ese modo, encarnándose. San Agustín dice que la Virgen primero recibió al Verbo en su inteligencia por la fe, y después en su seno por la Encarnación.
A ella también Dios le pidió algo para encarnarse, no solamente su consentimiento, sino también su fe, que creyera que ella era la elegida.
Y comenzamos a contemplar a Cristo con la Virgen desde este momento: en el momento en que María pronuncio la palabra “Fiat” o “Hágase”, sucedió algo más grande, dice Fulton Sheen, que el “Fiat lux”, el “Hágase la luz” del Antiguo Testamento, de la creación, ya que la luz que ahora estaba haciéndose no era el sol sino el hijo de Dios en la carne.
Lo que llamamos Anunciación, fue en realidad la petición que Dios hizo a una creatura para que le diera su libre consentimiento de ayudarle a incorporarse a la humanidad. Meditar reflexionar el misterio de la libertad humana, ¡Qué grande es la libertad humana! Nada más grande ha creado Dios, decía San Alberto Hurtado: ¿Como puede ser que Dios respete la libertad del hombre, en esto tan importante, de la Encarnación de la redención? De la misma manera así  respeta nuestra libertad. Si yo le digo que no a Dios, es un “No” y listo. Y Dios es omnipotente y podría hacer lo que quisiera, y respeta nuestro “No”, y ese puede ser nuestro peor desenlace, porque que respete nuestro “No” significa que nos alejamos de Él. Entonces ver qué cosa grande que tenemos en nuestras manos, que es el decir “Sí” a Dios o el decir “No” a Dios. Ver también como de ese “Sí” ó de ése “No” que dijo la Virgen dependía tanto bien para toda la humanidad, y como cambiando lo que haya que cambiar por supuesto, de mi “Sí” o de mi “No” depende el bien de mucha gente, de muchas almas.
Este ejemplo de la Virgen debe servirnos para reflexionar profundamente sobre nosotros mismos.