En aquel tiempo, el Señor designó a otros discípulos y los mandó por delante a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir.
üTambién ahora, a todos los hogares adonde piensa ir, Cristo envía a sus discípulos “de dos en dos”.
üEs decir, un él y una ella, un papá y una mamá.
ü A nosotros, pues –papás o mamás y futuros papás y mamás-, es a los que Cristo nos ha encomendado la misión de prepararle el camino para llegar a nuestro hijos.
üCon nuestras palabras, ellos comenzarán (o no comenzarán) a conocer a Cristo y a amarlo, porque no se puede amar a quien no se conoce.
üCon nuestro ejemplo, ellos aprenderán (o dejaran de aprender) a darle gracias a Dios por los beneficios recibidos; a acudir a Él en todas las dificultades de la vida; a confiar en Su Providencia; a pedirle perdón por haberlo ofendido…
üCon nuestro ejemplo, aprenderán (o no) a ser serviciales con los demás; a perdonarse mutuamente; a ver a Cristo en todos, especialmente en los más pobres que nosotros; a ayudar en todo lo que se pueda a los necesitados; a sacrificarse por los vecinos…
En aquel tiempo, Jesús envió a otros discípulos a todos los lugares a donde pensaba ir…y ahora también.
mientras Jesús se alejaba. Pero de repente vieron a
su lado a dos hombres vestidos de blanco,
que les dijeron: "Amigos galileos, ¿qué hacen
ahí mirando al cielo? Este Jesús que les han
llevado volverá de la misma manera que
ustedes lo han visto ir al cielo" (He. 1, 10-11)
Después de la Ascensión, ya no va a ser Jesús el que anuncie la Buena Noticia.
Ahora nos toca a nosotros, sus discípulos, hacerlo. Los sacerdotes predicando (sobre todo) con la palabra; los laicos predicando (sobre todo) con el ejemplo; los padres de familia predicando con la palabra y el ejemplo.
Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que se compadezca de los pobres y los enfermos.
Ahora nos toca a nosotros ocuparnos de aquel anciano vecino que se encuentra solo, visitar a aquel empleado que se encuentra enfermo.
Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que multiplique los panes y los pescados para alimentar a las multitudes.
Esa es ahora nuestra tarea, multiplicando nuestros esfuerzos para dar de comer si no a las multitudes, por lo menos a los pobres que podamos.
Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que cuide de sus ovejas.
Ahora nosotros tenemos que velar por ellas, especialmente por aquellas (el cónyuge, los hijos, los padres, los hermanos, los trabajadores) que Dios nos ha encomendado a cada uno.
Después de la Ascensión, a nosotros nos toca ser la voz de Jesús para alentar y consolar; sus manos para tenderlas a todo el que necesita ayuda; sus pies para llevarlo a donde no lo conocen.
DESPUÉS DE LA ASCENCIÓN ¡NO PODEMOS QUEDARNOS MIRANDO AL CIELO!