sábado, 24 de marzo de 2012

YO TENGO UN SUEÑO

Hace unas semanas he terminado de leer un libro estupendo que se llama "Criadas y Señoras" de Kathryn Stockett. Si no lo han leído, se los recomiendo ampliamente. Pero más allá de la novela, la trama, los personajes, que son entrañables y algunos super odiados -del tipo inolvidable-, la verdadera historia, la que sí sucedió, realmente es la que deja horrorizados a propios y extraños. Los niveles extremos a los que llegó el racismo en el Sur de Estados Unidos, aunque hayan pasado los años, siguen dejando sin aliento cada vez que se conocen historias y experiencias vividas incluso de primera mano. A veces, lo más increíble es darse cuenta que apenas hace 50 años estaba en pleno apogeo semejante problema. Aunque, si lo pensamos detenidamente, ¿por qué nos podría horrorizar tanto si hoy día seguimos viviendo y conociendo las más tétricas historias de terror con la extendida discriminación que hay en el mundo? Negros, blancos, morenos, judíos, católicos, cristianos, homosexuales, mujeres, niños, obesos, suramericanos,  pobres, mexicanos (y aquí puede usted poner prácticamente cualquier gentilicio, según la parte del mundo en la que se sitúe), y por desgracia, un largo etcétera, sufren diariamente la discriminación actualmente, en pleno siglo XXI, "el siglo de la libertad, de la tolerancia, de la inclusión" valores y virtudes que se ven poco, incluso entre los que nos llamamos cristianos. Por eso el día de hoy, he querido compartir este famoso discurso, que seguramente ya han leído o incluso escuchado con anterioridad, pero que por desgracia, no pierde su vigencia incluso hoy, 49 años después. Tal vez sea un poco largo, pero créanme que de verdad vale cada una de las palabras pronunciadas.


El 28 de agosto de 1963 
Martin Luther King brindó 
su discurso "Yo tengo un sueño" 
en los escalones del monumento 
a Lincoln en Washington D.C.


“Estoy feliz de unirme a ustedes hoy en lo que quedará en la historia como la mayor demostración por la libertad en la historia de nuestra nación.

Hace años, un gran americano, bajo cuya sombra simbólica nos paramos, firmó la Proclama de Emancipación. Este importante decreto se convirtió en un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros que fueron cocinados en las llamas de la injusticia. Llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche del cautiverio.

Pero 100 años después, debemos enfrentar el hecho trágico de que el negro todavía no es libre. Cien años después, la vida del negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación. Cien años después, el negro vive en una solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después el negro todavía languidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra.
        
Y así hemos venido aquí hoy para dramatizar una condición extrema. En un sentido llegamos a la capital de nuestra nación para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaratoria de la Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería el heredero. Esta nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de "Vida, Libertad y la búsqueda de la Felicidad".

Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color. En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio al negro un cheque sin valor que fue devuelto marcado "fondos insuficientes". Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósitos de oportunidad en esta nación. Entonces hemos venido a cobrar este cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia.

También vinimos a este punto para recordarle de Estados Unidos de la feroz urgencia del ahora. Este no es tiempo para entrar en el lujo del enfriamiento o para tomar la droga tranquilizadora del gradualismo. Ahora es el tiempo de elevarnos del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el iluminado camino de la justicia racial. Ahora es el tiempo de elevar nuestra nación de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la sólida roca de la hermandad. Ahora es el tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios.

Sería fatal para la nación el no percatar la urgencia del momento. Este sofocante verano del legítimo descontento del negro no terminará hasta que venga un otoño revitalizador de libertad e igualdad. 1963 no es un fin, sino un principio. Aquellos que piensan que el negro sólo necesita evacuar frustración y que ahora permanecerá contento, tendrán un rudo despertar si la nación regresa a su rutina habitual.

No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el negro tenga garantizados sus derechos de ciudadano. Los remolinos de la revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que emerja el esplendoroso día de la justicia.

Pero hay algo que debo decir a mi gente, que aguarda en el cálido umbral que lleva al palacio de la justicia: en el proceso de ganar nuestro justo lugar no deberemos ser culpables de hechos erróneos. No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en la violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas de la resistencia a la fuerza física con la fuerza del alma.

Esta nueva militancia maravillosa que ha abrazado a la comunidad negra no debe conducir a la desconfianza de los blancos, ya que muchos de nuestros hermanos blancos, como lo demuestra su presencia aquí hoy, se han dado cuenta de que su destino está atado a nuestro destino. Se han dado cuenta de que su libertad está ligada inextricablemente a nuestra libertad. No podemos caminar solos. Y a medida que caminemos, debemos hacernos la promesa de que marcharemos hacia el frente. No podemos volver atrás.

Existen aquellos que preguntan a quienes apoyan la lucha por derechos civiles: "¿Cuándo quedarán satisfechos?" Nunca estaremos satisfechos en tanto el negro sea víctima de los inimaginables horrores de la brutalidad policial. Nunca estaremos satisfechos en tanto nuestros cuerpos, pesados con la fatiga del viaje, no puedan acceder a alojamiento en los moteles de las carreteras y los hoteles de las ciudades. No estaremos satisfechos en tanto la movilidad básica del negro sea de un gueto pequeño a uno más grande. Nunca estaremos satisfechos en tanto a nuestros hijos les sea arrancado su ser y robada su dignidad por carteles que rezan: "Solamente para blancos". No podemos estar satisfechos y no estaremos satisfechos en tanto un negro de Mississippi no pueda votar y un negro en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar. No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta que la justicia nos caiga como una catarata y el bien como un torrente.

No olvido que muchos de ustedes están aquí tras pasar por grandes pruebas y tribulaciones. Algunos de ustedes apenas salieron de celdas angostas. Algunos de ustedes llegaron desde zonas donde su búsqueda de libertad los ha dejado golpeados por las tormentas de la persecución y sacudidos por los vientos de la brutalidad policial. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen su trabajo con la fe de que el sufrimiento sin recompensa asegura la redención.

Vuelvan a Mississippi, vuelvan a Alabama, regresen a Georgia, a Louisiana, a las zonas pobres y guetos de las ciudades norteñas, con la sabiduría de que de alguna forma esta situación puede ser y será cambiada.

No nos deleitemos en el valle de la desesperación. Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño. Es un sueño arraigado profundamente en el sueño americano.

Yo tengo un sueño que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.

Yo tengo un sueño que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Yo tengo un sueño que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.

Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter.

¡Yo tengo un sueño hoy!
        

Yo tengo un sueño que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con un gobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; un día allí mismo en Alabama pequeños niños negros y pequeñas niñas negras serán capaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas.

¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo un sueño que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada, y toda la carne la verá al unísono.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir de la montaña de la desesperación una piedra de esperanza.

Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.

Este será el día, este será el día en que todos los niños de Dios serán capaces de cantar con un nuevo significado: "Mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera, dejen resonar la libertad". Y si Estados Unidos va a convertirse en una gran nación, esto debe convertirse en realidad.

Entonces dejen resonar la libertad desde las prodigiosas cumbres de Nueva Hampshire. Dejen resonar la libertad desde las grandes montañas de Nueva York. Dejen resonar la libertad desde los Alleghenies de Pennsylvania! Dejen resonar la libertad desde los picos nevados de Colorado. Dejen resonar la libertad desde los curvados picos de California. Dejen resonar la libertad desde las montañas de piedra de Georgia. Dejen resonar la libertad de la montaña Lookout de Tennessee. Dejen resonar la libertad desde cada colina y cada topera de Mississippi, desde cada ladera, dejen resonar la libertad!

Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día cuando todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo spiritual negro: "¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!"

viernes, 23 de marzo de 2012

WELCOME TO TRAMITOLANDIA


Asistir al Seguro Social en México es una monserga. No sé cómo sea en otros países, pero aquí es una fila interminable de trámites y trámites y más trámites.

Mi esposo se lastimó un pie el día de ayer y tuvo que recurrir a los servicios de urgencias, porque se le estaba hinchando mucho y lógicamente el dolor cada vez aumentaba más. Como era de noche, tuvo que irse solo, alrededor de las 8:45 de la noche salió con rumbo al hospital. Lo curiosos del caso (por no llamarlo de otra manera) es que, teniendo el pie lastimado y no poder caminar sin dolor, lo han traído buena parte de la noche de arriba para abajo, para que saque este papel, que le firmen acá, vaya con el médico, del médico le dicen que antes de pasar vaya a rayos X; en rayos X le dicen que el aparato no sirve y más tarde, cuando lógicamente el médico le ha dicho que vaya a rayos X, de repente el aparato ha vuelto a funcionar. Lo han traído caminando porque el señor de las sillas de ruedas simplemente no estaba. Finalmente ha salido alrededor de las 2 de la mañana con su radiografía diagnosticando un esguince, su papel de incapacidad por 3 días y la recomendación de “Reposo moderado” ¿? además de una cita mas para el siguiente día (¿qué parte de “no puede caminar” es la que no entenderán?). Y hoy no ha sido la excepción, como de todos modos tenia que ir a pasar por el médico general (que obviamente no asiste en las noches), le dijeron que sería bueno que fueramos todos para ir y poner nuestros papeles en orden. Ha sido una de copias (baja un piso), entrega de papeles (sube un piso), fotos (atraviesa una calle), vacunas (sube un piso), llenado de tarjetas y carnets de vacunación, tomar pesos y medidas (camina medio piso), aclaración de requisitos (baja otra vez), sacar cita para el dentista (sube dos pisos –esto fue porque ya nos íbamos y olvidamos subir un solo piso para hacer la cita-). El asunto es que finalmente mi esposo ya camina un poco mejor y no sabemos si es por el paracetamol (gran medicina) que le recetaron o por todo el ejercicio en vez de reposo que ha tenido que hacer en menos de 24 horas.

AYUNO

Es frecuente escuchar que el ayuno ha perdido su sentido. Que las comidas de "vigilia" son mas caras. Que uno puede "hartarse" de mariscos "cumpliendo con la ley. Que el abstenerse de carne no supone un sacrificio.
Son razones capciosas. Pero tiene un fundamento en una errónea interpretación de lo que significa la penitencia cristiana. No se trata de una mortificación, una renuncia o un sacrificio puramente ascético.
No, el ayuno cristiano es una manifestación de una actitud interior de seguimiento de Cristo, de continua conversión, de libertad en el espíritu para no estar apegado a los bienes materiales.
Por otra parte, muchos católicos olvidamos que el Concilio pidió "que la penitencia cuaresmal no sea solo interna e individual, sino externa y social". El ayuno que Dios quiere es que acabes con la injusticia y compartas el pan con el hambriento.

martes, 27 de diciembre de 2011

PALABRA DE HONOR

Este mensaje lo recibí por correo electrónico 
y me gustaría compartirlo con ustedes.

Ya casi no se habla de la Palabra de Honor.   Si quieren  saber que significa tener: palabra de honor, lean la siguiente anécdota:
ESTE TEXTO FUE TOMADO DEL LIBRO "LA OTRA HISTORIA DE MÉXICO, DÍAZ Y MADERO, LA ESPADA Y EL ESPÍRITU",   
                      DE ARMANDO FUENTES AGUIRRE ¨CATÓN¨, DIGNO DE SER COMPARTIDO.

Los hijos del HEROICO COLEGIO MILITAR han hecho siempre honor a su plantel, y como muestra es este relato.   En el año de 1892 murió don Carlos Fuero.

Una calle en la ciudad de Saltillo,Coahuila y una en Parral, Chihuahua, lleva su nombre. Ese homenaje y más merece por el hecho que ahora voy a narrar.

A la caída de Querétaro quedó prisionero de los Juaristas el General don Severo del Castillo, Jefe del Estado Mayor de Maximiliano. Fue condenado a muerte, y su custodia se encomendó al Coronel Carlos Fuero. La víspera de la ejecución dormía el Coronel cuando su asistente lo despertó. El General Del Castillo, le dijo, deseaba hablar con él. Se vistió de prisa Fuero y acudió de inmediato a la celda del condenado a muerte. No olvidaba que don Severo había sido amigo de su padre.

-- Carlos -- le dijo el General, -- perdona que te haya hecho despertar. Como tú sabes me quedan unas cuantas horas de vida, y necesito que me hagas un favor. Quiero confesarme y hacer mi testamento. Por favor manda llamar al padre Montes y al licenciado José María Vázquez.--

-- Mi General-- respondió Fuero, --no creo que sea necesario que vengan esos señores.--

-- ¿Cómo? -- se irritó el General Del Castillo. -- Te estoy diciendo que deseo arreglar las cosas de mi alma y de mi familia, ¿y me dices que no es necesario que vengan el sacerdote y el notario? --

-- En efecto, mi General – repitió el Coronel Republicano. – No hay necesidad de mandarlos llamar. Usted irá personalmente a arreglar sus asuntos y yo me quedaré en su lugar hasta que usted regrese. --

Don Severo se quedó estupefacto. La muestra de confianza que le daba el joven Coronel era extraordinaria.

-- Pero, Carlos -- le respondió emocionado. -- ¿Qué garantía tienes de que regresaré para enfrentarme al pelotón de fusilamiento? --

-- Su PALABRA DE HONOR, mi General -- contestó Fuero.

-- Ya la tienes -- dijo don Severo abrazando al joven Coronel.

Salieron los dos y dijo Fuero al encargado de la guardia:

-- El señor General Del Castillo va a su casa a arreglar unos asuntos.
Yo quedaré en su lugar como prisionero. Cuando él regrese me manda usted despertar. --

A la mañana siguiente, cuando llegó al cuartel el superior de Fuero, General Sostenes Rocha, el encargado de la guardia le informó lo sucedido. Corriendo fue Rocha a la celda en donde estaba Fuero y lo encontró durmiendo tranquilamente. Lo despertó moviéndolo.

-- ¿Qué hiciste Carlos?, ¿Por qué dejaste ir al General? --

-- Ya volverá -- le contestó Fuero. -- Si no, entonces me fusilas a mí y asunto arreglado. --

En ese preciso momento se escucharon pasos en la acera.

-- ¿Quién vive? -- gritó el centinela.


-- ¡México! -- respondió la vibrante voz del General Del Castillo. -- Y un prisionero de guerra. --

Cumpliendo su PALABRA DE HONOR volvía Don Severo para ser fusilado.



El final de esta historia es muy feliz. El General Del Castillo no fue pasado por las armas. Rocha le contó a don Mariano Escobedo lo que había pasado, y éste a don Benito Juárez. El Benemérito, conmovido por la magnanimidad de los dos militares, indultó al General y ordenó la suspensión de cualquier procedimiento contra Fuero. Ambos eran hijos del COLEGIO MILITAR; ambos hicieron honor a la Gloriosa Institución.
QUEDAN MUCHAS FAMILIAS QUE A SUS HIJOS LES INCULCAN  A TENER PALABRA, PALABRA DE HONOR.

Aunque no lo crean, esa es una de las esperanzas de MÉXICO.

viernes, 9 de diciembre de 2011

CORAZÓN TRISTE

Mi corazón está triste porque no entiende; pero sé que algún día entenderá.
Mi dolor no es solo porque te fuiste, sino porque, una vez más, nunca pude decirte lo mucho que te quería, que te quiero y te querré. Hoy te lloro a ratos, pero sé que lo haré siempre, como lo he hecho desde aquel día en que perdimos también a tu hermana.
Sé que estarás mejor, mucho mejor, y que el dolor y el sufrimiento ha dejado de ser parte de tu vida. Ahora sí, has regresado al principio, a tu esencia libre y alegre que siempre nos regalaste en los momentos compartidos.
Hasta siempre Dulce, que Dios te tenga en su Santa y Eterna Gloria y que nuestra Madre del cielo, aquella por la que llevaste tu nombre en la tierra, nuestra siempre Virgen, Dulce María, te reciba en las propias puertas del cielo.
Si vale y se puede, lleva contigo mi recuerdo y mi cariño fiel a tu hermana Silvia.