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viernes, 24 de diciembre de 2010

EL INICIO DE MI NUEVO AÑO

Este ha sido un año particularmente difícil. Hemos sufrido de todo: crisis económica, cambios de empleo, pérdidas materiales, deudas, depresiones, aridez espiritual y algunas pérdidas humanas en la familia y amigos.
Todo un reto para mi muy maltratada fe.
De una u otra manera estamos saliendo adelante, con las pocas fuerzas que todavía nos quedan, de manera personal y de manera familiar.
Por eso mismo, este año no quiero esperar hasta el último día de diciembre para hacer un recuento de mis daños, ya que serían muchos y tal vez volvería a caer en una depresión como antes. Esta vez deseo tomar este 25 de diciembre como mi nuevo comienzo, como mi fin y mi principio. Deseo poner fin a esta serie de calamidades que han afectado nuestra vida. Los problemas no van a desaparecer, eso lo sé, pero las peores calamidades que nos ocurren son aquellas a las que les permitirnos afectarnos más allá de lo normal.
Esta Navidad es mi fin y mi principio. El inicio de un nuevo año lleno de esperanza, de deseos de fortaleza, de trabajo, de nuevos proyectos, de nuevas ideas para alcanzar mis metas de siempre. Deseo que este 25 de diciembre sea un parte aguas en mi vida y que de ahora en adelante encuentre las fuerzas y la luz que me ilumine y que me ayude a no dejarme vencer por los obstáculos.
En este día, estoy dispuesta a luchar para no apartar de mi mente y corazón el verdadero motivo de celebración de esta fecha: el nacimiento de un niño que vino a este mundo con todas las carencias, las incomodidades y las pobrezas imaginables para mostrarme en momentos como éste, que todas esas cosas que hoy tenemos y mañana no, no son lo verdaderamente importante.  Estoy dispuesta a recordar que el nacimiento de este Rey de los pobres, de los humildes, de los olvidados, de los sin casa, de los perseguidos, ha sido y debe seguir siendo el Rey de mi vida.
En este fin de mi año, deseo, más que contar mis daños, hacer un recuento de las bendiciones que han iluminado mi vida.
La salud. Tan importante para hacer las cosas que me gustan, y para guardar también la paz y la tranquilidad en la familia. No solo la mía, sino la de mi esposo, mis hijas, mis padres, mis hermanos, mis sobrinos. Tenemos todos nuestros sentidos intactos, nuestros órganos vitales funcionando, nuestra mente saludable. Gracias Dios por regalarnos la salud de nuestro cuerpo.
El trabajo. Me he quejado mucho de lo mal que nos ha ido con el empleo de mi marido, sin embargo hoy quiero agradecer por tenerlo. Hay tantos que no tienen empleo, que buscan sin hallar, que son explotados, que se ven obligados a trabajar en cosas ilícitas, o que simplemente no pueden hacerlo debido a alguna discapacidad. Te doy gracias Señor por el trabajo de mi marido (y ahora el mío) que nos permite colaborar, aunque sea de manera humilde y precaria, en las necesidades de nuestro hogar.
La familia. Hay tantos Señor, que han llegado a esta Navidad sin algún ser querido. Gracias por brindarnos la oportunidad de estar en familia completos, unidos, sanos. Teniendo el magnífico regalo del tiempo juntos para perdonar y ser perdonados; ayudar y ser ayudados; comprender y ser comprendidos. Cada día un nuevo terreno grande, fértil y disponible para ser labrado con amor entre la familia.
Los amigos. Aquellos que has dispuesto para ensanchar nuestro corazón. Aquellos que hemos encontrado en el camino y que se han convertido en parte importante de nuestras vidas. Aquellos a los que vemos y a los que no vemos; a los que podemos abrazar y a los que sólo conocemos por su escritura; a quienes nos han acompañado desde nuestra niñez o juventud y a los más recientes. Aquellos que, sin ser de la familia, se han convertido en nuestros hermanos virtuales.
Tenemos tantas cosas que agradecer en este año. Lo fuerte de nuestras experiencias nos hace fijarnos más en lo que hemos perdido, pero por una vez, aunque nos cueste trabajo, debemos voltear la vista hacia lo que nos ha quedado. Y mientras menos cosas nos hayan quedado, mientras menos posesiones queden entre nuestras manos, tal vez sea mejor, ya que nuestros ojos no tendrán otra opción que mirar hacia el centro del pobre pesebre, en la misma dirección en la que María, José, los pastores y todos miran sin descanso: el Niño Jesús.
Este es el fin de mi año. Por eso, deseo para todos, en este día una feliz Navidad y un estupendo inicio de año, lleno de paz, amor, comprensión, amistad, trabajo, felicidad, salud, unión familiar y fortaleza para los momentos difíciles.
Que Dios los bendiga hoy y siempre.

martes, 14 de diciembre de 2010

TERAPIA DE AUTOBÚS


Hoy asistí a una terapia especial. No fue en un consultorio, o aula escolar. No fue en una charla entre amigos. No la llevó a cabo un psicólogo especializado. Simplemente nos encontrábamos dentro de un autobús (colectivo, guagua o camión, según le digan en tu país).
El chofer iba platicando acerca de su relación con su pareja y la familia de ésta. Mientras que otras dos personas (un hombre joven y una señora de mediana edad) escuchaban y daban su opinión acerca de lo que el primero decía. Sin embargo al final, se quedaron hablando los dos últimos. El señor tenía muchas cosas que decir acerca de su esposa (separada de él) y su hija. Al principio parecía una simple plática entre conocidos, pero después se convirtió en una verdadera terapia de grupo. Uno hablaba y los otros dos escuchaban y después opinaban y hasta aconsejaban.
Ya después de unos minutos, pude darme cuenta que quien más necesitaba hablar y tenía muchas cosas que decir era el hombre joven, pues hablaba de muchos ejemplos y realmente quería una opinión acerca de sus problemas. Y mientras tanto yo pensaba en cuántas personas hay por el mundo de esta manera, con este mismo problema, y no hablo precisamente del divorcio del señor (que ya es bastante común), hablo de la necesidad de ser escuchados. Cuantas personas andan por el mundo deseando tener a alguien con quien hablar, con quien desahogar sus problemas, sus dudas, sus necesidades, sus sueños, etc. Y yo pienso: ¿Qué no eran los amigos quienes cumplían esta función? ¿Qué no era mamá? ¿En qué momento dejaron de hacerlo?
Cuando yo era estudiante, recuerdo perfectamente que cuando tenía algún problema buscaba apresuradamente a alguna de mis amigas para platicar, para desahogarme, aunque no me ofrecieran prácticamente alguna solución, cuando menos me escuchaban y comprendían, que al fin y al cabo es lo que uno busca de manera inmediata. ¿Qué es lo que sucede hoy día?
Alguna vez le pregunté a una joven “¿Qué no hablas con tus amigas de estas cosas?” refiriéndome a los problemas normales que hay en una familia. Y su respuesta fue “No, con mis amigas solo hablamos de chicos, sexo y tonterías”.
Cuando viví en Canadá había algo que me llamaba la atención frecuentemente: los chicos en general no platicaban en el autobús. Solo iban callados o haciendo un relajo tremendo. Rayaban asientos o vidrios o compartían unos audífonos para escuchar música. El que más hacía (según yo) iba leyendo algún libro, pero hasta ahí.
¿Acaso los chicos ya no platican?                                 
A mí me gusta mucho escuchar a la gente. Es una de las –tal vez- pocas virtudes que poseo, y cuando veo cosas así, me da la impresión de que hacen falta muchas personas que estén dispuestas a escuchar al hermano, al amigo, al vecino, al compañero de trabajo, al familiar, etc.
Tal vez por eso una de las profesiones más redituables en la actualidad sea la de psicólogo. Y no porque precisamente tengamos problemas muy graves o algún desorden que haya que atacar. Es porque simplemente deseamos ser escuchados por alguien.

martes, 7 de diciembre de 2010

OTRA DE AUTOBUSES

La otra vez iba yo a subir al camión para ir a la escuela, y al querer abordar apenas el primer escalón, mero y me voy para atrás. Perdí el equilibrio porque me ganó el peso hacia atrás. Y sí, bueno, mi peso específico influye ¿verdad?, también lo hacía el peso de mi portafolios que iba lleno de libros, papeles, la computadora, etc. Sin embargo después de que por fin logré subir y alcanzar un lugar para poder resollar, me puse a pensar por qué era la primera vez que me sucedía algo así y conforme fue avanzando la unidad y recogiendo mas pasaje me di cuenta que el primer escalón era sumamente alto y que no solo a mí, sino a cada uno de los pasajeros le significaba un triunfo acceder a la unidad.
Esto me hizo caer en la cuenta de que en mi ciudad los autobuses no son accesibles a personas con discapacidad ¿será mucho pedir? Y bueno, como ya lo platiqué al principio, al ser muchos los dueños de las líneas de transporte, pues no cualquiera se anima a hacer el gasto para poner autobuses accesibles, pero ¿entonces? ¿Hasta cuándo? Y ¿qué harán las personas de  la tercera edad para poder subir a estas unidades?

domingo, 5 de diciembre de 2010

LOS NIÑOS Y LA TV (SEGUNDA PARTE)

VIOLENCIA Y SEXO EN LA TV, AL ALCANCE DE LOS NIÑOS
Existen dos posiciones en relación con el efecto de las escenas con temas sexuales y de violencia. Algunos sostienen que las escenas violentas constituyen un medio inofensivo de disipar la propia violencia del niño. Yo les pediría a los que dicen esto, que visiten con frecuencia las zonas de juegos de las cadenas de restaurantes del país que gusten, para que observen si en realidad “se disipa la propia violencia del niño”. Sostienen además, que las escenas con contenido sexual carecen de relevancia para los niños, por lo que no las absorben. Pero los estudios realizados acerca de la sexualidad infantil han demostrado que las escenas sexuales interesan y excitan hasta a niños pequeños.
La mayor parte de las investigaciones han demostrado que los niños manifiestan más agresividad después de mirar programas violentos. Los niños son imitadores.  Ven que tanto los buenos como los malos, resuelven sus problemas a golpes y no con argumentos racionales.  La violencia es popular y produce resultados.  La televisión tiende a hacer perder la sensibilidad del que mira, porque no hay nada que pueda hacer para cambiar las situaciones adversas o aflictivas que se presentan, ya sean reales o imaginarias; después de todo, la realidad de la televisión es muy parecida a la ficción. ¿Muere realmente la gente en televisión, o bien vuelve a levantarse una vez filmada la escena?
Los miembros de una misma familia que miran televisión juntos tienen muy poco contacto visual unos con otros. El televisor mantiene el control. Por mucho que nos quieran vender la idea de que la televisión une a la familia, la realidad es que, si vas a ver un programa X, tienes que poner atención para poder entender la historia. Aquí vemos sólo un programa en familia, todos juntos; sin embargo, cuando la menor de mis hijas se aburre y comienza a moverse o a hablar, todos los demás le decimos que guarde silencio porque no nos deja entender lo que vemos en la tele. Y eso que sólo vemos un programa, ¿qué pasaría si nos la pasáramos todo el día frente al televisor?
¿Ejercen efecto los anuncios comerciales sobre sus hijos? Se enterará de eso cuando observe sus reacciones la próxima vez que los lleve al supermercado. Esos anuncios presentados en los programas infantiles tiene el propósito de convertir a sus hijos en consumidores. Su mensaje es que las cosas proporcionan felicidad. Mientras vivímos en Canadá, las reglas del país impoiden que en los canales infantiles, durante los programas para preescolares se transmitan comerciales. Así que de manera regular, se transmite todo el programa de corrido sin ninguna interrupción. Pero cuando llegamos aquí, las cosas son diferentes desde el primer dia. Sin importar que el programa infantil se esté transmitiendo en la televisión privada (el sistema de cable, como lo conocemos regularmente), meten comerciales cada 10 minutos. Y si es en época navideña, como la que ya se avecina, es tantito peor, los chicos son bombardeados literalmente con anuncios comerciales de ropa, películas en DVD, muñecos, juguetes, comida, y hasta artículos como celulares, ipods, computadoras, etc. Y el autor tiene razón cuando dice que en el supermercado es cuando nos damos cuenta qué tanto influye un comercial en nuestros hijos. Mi hija mayor me repetía de corrido y sin interrupciones un comercial sobre algún producto alimenticio que ahora no recuerdo, pero lo nos dejaba admirados de ver de qué manera se lo había aprendido y te lo decía como si la hubieran contratado para publicitarlo.
LO QUE HAY QUE APUNTAR
-          No es para menores de 4 años.
-          Limite el tiempo que miran televisión.
-          Que no miren lo que usted no quisiera que recuerden.
-          Mire con su hijo y explique lo que sea necesario.
-          No acepte el argumento de “Los demás niños lo miran”.
-          Provea actividades para reemplazar la televisión.
-          Tenga cuidado con lo que usted mismo mira en televisión.

viernes, 3 de diciembre de 2010

EN EL AUTOBUS 01

Escena 1. Se sube al autobús una chica de unos 20 a 23 años, con una minifalda que terminaba a la misma altura que su ropa interior y un escote en la blusa que dejaba muy poco a la imaginación.
Escena 2. Pocas cuadras después, se sube un hombre de unos 30 y tantos años y se sienta junto a la joven.
Escena 3. Durante muchos minutos que duró la travesía, el hombre no le quita la vista de encima a la chica y a su pronunciado escote. Prácticamente se la come con los ojos.
Escena 4. La chica, visiblemente molesta e incómoda, se levanta y se cambia de asiento mientras se jala para abajo la minifalda dejando al descubierto su cadera, y se jala para arriba el escote, dejando al descubierto su ombligo. Todo esto con el beneplácito agradecido del hombre junto a ella, el chofer y otros dos que iban sentados juntos en el asiento de atrás.
Escena 5. No sé cuantos minutos ocupé pensando: ¿por qué se molestó la chica? ¿Qué es lo que espera ella de las personas que la vean? ¿Pensará que todos con los que se crucen en su camino quedaremos admirándola como se admira a la Gioconda?
No soy de aquellos que justifican un abuso sólo porque las chicas se visten provocadoramente, pero hay que estar consientes que uno mismo puede provocar con nuestra actitud y, en este caso, nuestra vestimenta. ¿Acaso las chicas no saben que en la calle hay gente decente y respetuosa, pero también los hay groseros, descarados, intrépidos, criminales, abusadores? La chica se viste provocadoramente. Para provocar ¿a quién? ¿A su novio? Pues que lo haga cuando esté con él. ¿A su esposo? Pues que lo haga en la intimidad de su habitación o en su hogar. Pero en la calle, sería estúpido pensar que no va a provocar a nadie ni a despertar la lujuria de los hombres que se crucen en su camino.
Insisto, nunca justificaré un abuso, acoso o violación con nada, pero la situación actual en nuestro país debe hacernos entender que hay cosas que se deben limitar para no arriesgarnos a ser víctimas de algún crimen.